Soles y planetas

Lunes, 26 de julio de 2010 por Abraxas

Un breve reality show en los espacios siderales:

–Mira, Luna, tienes que darte cuenta de que, aun siendo muy influyente, tu luz no es tuya, sino que solo reflejas la que el Sol te da. No debes andar tan vanidosa ni tan presumida. Ya lo sabemos, los hombres te adoran, y las mujeres enloquecen por ti, pero, piénsalo, no serías nada sin el Sol y, además, solo se te ve desde la Tierra, desde otros lugares eres una insignificante mota de polvo.

–Ya lo sé, lo que ocurre es que me tienes es envidia cochina, solo eso. Soy mucho más guapa que tú, doy mi ayuda y mi sostén a los enamorados y mis reglas son obedecidas por muchos seres. Ya ves, las mareas, las emociones, los ciclos femeninos, incluso gobierno los deseos de unión sexual de plantas, animales y hombres… ¿Qué te habrás creído, que yo era una tonta o una cualquiera? Pues no, a pesar de lo que digas…

–Bien, bien… ¡Marte, a ti te hablo! ¿quieres dejar de tratar de gobernar a todo el sistema? La guerra no es para eso, sólo tienes una misión encomendada, y es muy concreta, ya sabes, el valor, la abnegación, la fuerza celeste, la vigilancia… ¿o es que crees que te has vuelto el regidor de los astros? Ve y ocupa humildemente tu lugar, y no te salgas de la órbita que tienes asignada, pues no conseguirás nada con eso, sino solo salirte de tus casillas y desordenar todo el equilibrio, ¿no lo comprendes? Tu sitio no es el de Mercurio, no puedes estar tan cerca del Sol, te abrasarías. Mercurio es pequeño, pero tiene su importante misión. Sin él nadie sabría qué ocurre cerca del Sol, porque, aunque aparentemente insignificante, sabe casi todo de él. ¿Cómo podríamos, si no, hacer cada quien lo que nos es debido?

–¡Calla! ¡Calla!, o soy capaz de enredarte entre mis lanzas y mis flechas. De seguro serías incapaz de librarte de ellas, de seguro que terminarías postrándote ante mi poder… ¿no has oído hablar de mi pupila roja? ¿Cómo te atreves a llamarme la atención? Déjame, déjame, que yo sé lo que tengo que hacer…

–¡Uranos!, ¿no sabes que es el cielo superior es el que te encomendamos? ¿Te parece poco eso? Entonces… ¿por qué te empeñas en ocupar la órbita de Júpiter? ¿Tienes idea de su tamaño, de su poder, de su energía? ¿No sabes que fue un sol una vez? Ve a tu sitio y encárgate de tu cielo, eso es lo que necesitamos de ti. Júpiter es Júpiter, así que ¿de dónde te ha surgido esa loca idea de suplantarle intentando echarle de su órbita? ¿Es que te has vuelto loco?

–¿Júpiter un sol? Pues se ve que ha caído muy bajo… A ese me lo cargo yo en un plis plas… ¿Su poder? ¿Su energía? Pues no lo veo por ninguna parte… Estoy deseando que se vaya fuera del sistema, y si quiere, y ya que tiene tanta experiencia, que forme su sistema solar, si es que es capaz de hacerlo…

–Venus, estás cada día más arrugada y menos encantadora… ¿Qué te pasa? ¿Dónde ha quedado tu seducción, tu eterna belleza, tu frescura, tu tersa piel primaveral? Te veo ajada y añosa… ¿no estás ya a gusto en tu órbita?

–¿Belleza? ¿Frescura primaveral? ¿Me tomas por un suavizante para la ropa? A mí lo que me fascina es el negro, las correas de pinchos y los piercings en los pezones… ¡para que te enteres de una vez, carcamal!

Bien. Ya veo que existe mucho desorden en este lugar. Hablaré con el Sol, y puesto que soy Sirio, espero que se atenga a mis razones, que no son mías, sino que son las eternas razones y leyes que desde siempre y hasta siempre gobiernan y gobernarán los cielos…

Trabajos y trabajadores

Martes, 29 de junio de 2010 por Abraxas

Cierta vez, preguntaron a unos hombres que estaban picando piedras con destino a una catedral gótica: ¿qué hace usted aquí? Las respuestas fueron diferentes según lo que respondió cada uno de ellos.

–Me gano la vida, necesito dinero –dijo uno.

–Trabajo por el pan de mis hijos –dijo otro.

–Construyo una catedral –dijo el tercero.

Si hiciéramos la misma encuesta hoy día, ¿alguien respondería como el último? ¿Alguien diría: “trabajo por el bien de los demás hombres”? No sé por qué me parece que no… Creo, más bien, que la relación trabajo-bienestar del conciudadano es hoy rara…

Decía Platón que, en su ciudad ideal, todos deberían trabajar para procurar lo necesario para la vida de los demás. Y lo necesario no es lo que hoy día entendemos como lo necesario, era… mucho menos… era… lo auténticamente necesario: comida, ropa, calzado, techo y poco más. El resto del tiempo liberado por tan escasas necesidades debería ser utilizado en lo que dio en llamar “los divinos ocios”. Divinos ocios… ¡hoy tan escasos!, cuando son los más enriquecedores y los más necesarios para el ser humano, los que propiamente les hace ser humanos y no animales.

Me parece que hoy hemos sustituido estos ocios por otros menos “divinos” y más relacionados con la comodidad, el placer vulgar, el entretenimiento entendido como evasión e, incluso en algunos casos, hacer sudokus, crucigramas o solitarios para “matar el tiempo”. Por Dios, ¡matar el tiempo! Si supiéramos que lo único que tenemos es tiempo…

Si tuviéramos conciencia de esto no se nos ocurriría matarlo, sino crearlo… y usarlo en lo que de verdad nos interesa.

Solsticio

Jueves, 10 de junio de 2010 por Abraxas

Sol
Luz
Calor
Vida.
Padre
y Madre.

Nuestro Señor.
Hoy nos acompaña más que nunca.
Es con nosotros, en nosotros.

En el baile sonoro de golondrinas en mi ventana.
En mis ojos y en mi sangre.
En el aire que respiro y me atraviesa.
En la gloria de tu mirada,
en la paz de tus manos,
en la guerra de tu pulso.

Quijotes nuevos, lanzas y adargas.
Caballo blanco, blanco, veloz y osado.
No hay mar, sino veleros y vientos,
islas lejanas, hombres desnudos.
La piel en la luz, los pies en la arena,
la mirada en la línea lejana.

En mi casa querida,
en mi templo en silencio,
se abren cortinas.

Desnudo,
me ofrezco a la vida, a los aires…
y a los fuegos.

Bendito sembrador

Martes, 25 de mayo de 2010 por Abraxas

Sembraron en mí semillas
cuando yo ya creía
que mi tierra era estéril,
pedregosa y árida.

Invierno y otro invierno,
sin brotes en primavera,
sin esperanza casi,
casi sin fe.

Estiércol y estiércol,
araron y araron,
lluvia en otoño,
sol en primavera.

Pasaron los ciclos,
mi tierra yerta,
mis ojos ciegos,
mi palabra muerta.

Un día, una luz
alumbró mi frente,
y oí una voz.
¡Tú eres labrador!

Tomé mi azada,
amé mi tierra,
miré hasta el sol
y comprendí.

Nueva primavera
llegó y entendí.
Los brotes surgieron
y luego crecieron.

Bendije semillas,
labrador y azadón.
Bendije los brotes,
bendije al sembrador…

Economía

Domingo, 16 de mayo de 2010 por Abraxas

Yo tomo café en un bar cerca de casa, porque creo que es el mejor café que se puede tomar en Cádiz. Yo, de siempre, por mis genes, he sido asiduo al café, que me despierta, me anima, me alegra, y además me resulta un placer, porque su sabor, su aroma, su color y todo él me fascina.

Pues hace unos días, el camarero me anunció que había subido el precio del café. Como ya tenemos la suficiente confianza, después de años día a día viéndonos y charlando, le dije:

–¿Qué pasa, Antonio, que te quieres comprar un mercedes?

–Qué va, qué va… –me contestó–, lo que pasa es que cada vez me dejan más a deber. La cosa está fatal. Que si esto, que si lo otro… Por ponerte un ejemplo, las limpiadoras del colegio no me pagan el desayuno porque me cuentan que la empresa no les paga las nóminas. Y, según me dicen, la empresa alega que, como a ellos no les paga el ayuntamiento, ellos no tienen dinero para pagarles.

–Pues vaya… –le dije yo–. Así andamos…

Seguí tomando mi café mientras leía distraídamente el diario. Este momento es una especie de rito matutino que nunca omito, salvo fuerza muy mayor.

Pero luego, de vuelta a casa, me puse a pensar.

Las empleadas de limpieza no cobran porque la empresa no les puede pagar.

Y no les puede pagar porque a ellos no les paga el ayuntamiento.

Pero claro, el ayuntamiento dice que no les puede pagar por falta de presupuesto, ya que no recibe los fondos necesarios del Estado para atender a todos sus acreedores.

Bien, bien…

Y resulta que el Estado aclara que, como hay tanta gente en paro, no recauda los impuestos suficientes para atender las necesidades que tiene que atender, y además tiene que dedicar una barbaridad de dinero en pagar el desempleo, así que no puede dotar de medios financieros a casi nadie, entre otros  a los ayuntamientos.

Los desempleados, está claro, no pueden tributar a Hacienda porque no tienen trabajo, y como los empresarios no les contratan, pues siguen en paro.

Y los empresarios dicen que no pueden contratar a más trabajadores porque la gente no les compra suficiente cantidad de sus productos, ya que están sin trabajo, y que las materias primas suben de precio, así que bajan sus beneficios. Por esto, además, tienen que vender sus productos más caros.

Como es el caso del café, que, a consecuencia de la subida de la materia prima y de las deudas de los clientes, me han subido a mí.

¿Qué es lo que se puede hacer? Solo Dios lo sabe…

Es lo que más se me asemeja a una serpiente que se muerde la cola.

Y lo peor será no que se muerda su cola, sino que nos muerda a los pobres mortales sufridores de toda esta historia, que no entendemos que cada día se trabaje más, el sueldo llegue para menos y que, pese a todo, vivamos en una de las zonas más afortunadas del planeta.

¿Qué será entonces para los que viven en el llamado tercer mundo, a los que, hipócritamente, decimos que ya no podemos ayudarles ¡porque no tenemos dinero!?

En fin, esto de la economía, y de la macroeconomía, es un asunto verdaderamente complicado, enrevesado y… misterioso.

Yo más bien creo, personalmente, que más que misterioso es, a todas luces, absurdo.

¿Qué pensáis vosotros?

Manantiales

Domingo, 4 de abril de 2010 por Abraxas

–Pero, dime Teodoro,

¿no es cierto que el amor surge de la manera más inesperada?
¿No ocurre que sonrisas amables procuran, más pronto que tarde, risas compartidas?
Y dime: ¿no son las risas un alimento para el alma? ¿No son las muestras de la alegría?
¿Y, acaso, no queremos estar junto al que nos alegra el alma?
¿No sentimos su hueco cuando no está con nosotros?

–Sí, así es, sin duda. Pero no veo tan claro como tú lo ves de qué manera la alegría compartida puede llevar al amor.
¿Crees tú que ambos movimientos del alma son de la misma esencia?
¿Que no pueden existir el uno sin la otra?
¿O que quizá no pueda existir la otra sin el uno?

–Querido amigo, yo tan solo creo que el amor es como un manantial, y que brota de la piedra cuando el agua encerrada en ella pugna por ver la luz.

Solo quiero, con tu ayuda, y si lo tienes a bien, desvelar el gran misterio que hay en ello, de cómo la suave y delicada agua es capaz de romper la aparente dureza de la roca. ¿No ves una mano divina en ello? ¿No es una fuerza inmensa que aún nos es de naturaleza escondida a los hombres?
¿Querrías poner tu alma y tu entendimiento junto conmigo para tratar de desvelar este decisivo asunto?

–Cómo no, querido amigo; en verdad que tus palabras me muestran con claridad mi ignorancia sobre todo ello. Estoy dispuesto, porque también a mí me atañe, como creo que al resto de los mortales, y acaso también a los dioses. ¿O acaso los dioses no aman?

–Algo me dice que sí, porque ¿qué busca el hombre en el amor? ¿Acaso no busca su perfección y completura? ¿Y acaso no buscarían los dioses eso mismo en un dios superior a ellos?
Y ¿no es cierto que, como dijeron los sabios antiguos, el mismo Dios uno y sin segundo se mueve conforme a su propio amor por lo que emanó de él? ¿No será el amor la fuerza única y necesaria para el movimiento de todo lo existente bajo el cielo, y, más aún, sobre el cielo mismo también?

Me parece que cuando nace la alegría y se convierte en alegría compartida, algo mueve al alma a procurar el bien de la fuente de la que ha surgido. Y creo que ahí nacen los amantes.
¿No te parece que es así como sucede?

–Pues yo también creo que es así como sucede, es muy claro. He visto muchos arroyos que buscan otros arroyos, y ríos que buscan otros ríos, y grandes ríos que buscan a la mar. Solo allí descansan en su búsqueda. O, por lo menos, eso parece.

–Y ¿no crees que esa alegría de los amantes les lleva luego, más bien pronto que tarde, a querer fundir sus almas en una sola, como los arroyos y los ríos?

–Así parece mostrarlo la naturaleza, mi querido amigo.

–Y ¿no parece acorde con todo esto que esa unión de almas lleve a la ansiedad por hacer uno de sus dos cuerpos?

–Así parece ser como sucede.

–¿Y no es acorde a la esencia de la naturaleza que, de esta manera sublime, los amantes se igualen a los dioses creadores y, de la materia de sus vidas, el amor engendre nuevos seres amorosos?

–Me parece que es bueno que así sea.

–Y ¿no es bueno que la felicidad y el placer bendigan esta obra creadora?

–Otra cosa sería contraria a la lógica y no sería conforme a la naturaleza.

–Así pues, mi querido amigo, ¿no sería la alegría la verdadera autora de todo lo nacido?

–Querido amigo, la luz es clara y vivificadora, y las sombras ocultan lo que no queremos ver.
Me parece que nuestras palabras han desvelado de alguna manera el misterio de la vida.

Ofrenda (carta de una amiga)

Sábado, 6 de marzo de 2010 por Abraxas

¡OFRENDA!

Ese creo que es el mejor destino que puede tener una flor.
Cuida tu imponente árbol para que dé continuas flores.
Transmuta tu tierra en savia y de esta alimenta tus infinitas flores.

Cuando la Flor y Tú seáis Lo Mismo, comprenderás su destino.
De flor, regala belleza, perfume, amor, cariño, dulzura, salud…
Más tarde, de fruto, alimento para el que tiene hambre y semillas para las
venideras flores.
¡EL CICLO DE LA VIDA!

El Misterio es la Transformación para la Dación.
Y LA FLOR ES FELIZ CON ELLO.

“Acerca tu boca a mis cenizas
Sopla
De ti depende el renacer de las llamas”.

Querida Ana

Domingo, 14 de febrero de 2010 por Abraxas

Bueno, en mi opinión, lo que expones tiene sus verdades, sus medias verdades y sus mentiras.

Vamos a ver: en primer lugar, nuestro cerebro tiene millones y millones de neuronas, lo que pasa es que usamos tres o cuatro. Las conexiones entre neuronas, que son las que generan cosas nuevas, son siempre las habituales, y de esta manera siempre  solemos reaccionar de la misma manera a los estímulos. Esto es automatismo, principal  enemigo de la conciencia y de la libertad.

Si fuéramos poco a poco usándolas todas y encontrando nuevas conexiones entre ellas aparte de las habituales y conocidas,  nuestro cerebro aumentaría su rendimiento. Para decirlo de otra forma, el cerebro puede trabajar al 1% de su capacidad, y no nos pasaría nada anormal, ya que, de hecho, la gente vulgar es lo que usa normalmente. Pero, con el desarrollo de nuevos retos y nuevas experiencias, si el ser humano busca nuevas vías continuamente, aumenta su capacidad y su potencia, o más bien, no es que aumente, sino que lo usamos más. Es lo mismo que disponer de un fórmula uno e ir por la carretera a 50 km/ hora. Por supuesto, el motor del fórmula 1 puede ir a 300 km/ hora y va tan pancho, pero necesita un buen conductor para ello, un conductor que se atreva a darle potencia, y que necesite dársela o quiera dársela, y además, que sepa controlar esa potencia.

De hecho, me parece que la enfermedad del alzheimer, de la que, lógicamente, no se conocen las causas, y quizá nunca se conocerán, no es una enfermedad del cerebro, sino su atrofia por falta de uso. Si siempre llevas al fórmula uno en segunda, a 50 km/hora, al final te lo cargarás, porque no se construyó para eso. Prueba a no mover nunca el brazo derecho y verás como el día que quieras moverlo no te obedecerá. Y si cuando lo usabas eras capaz de hacer bolillos, ya no podrás hacerlo por falta de habilidad.

Así como hay ignorantes o idiotas que nunca usan el cerebro, o que lo usan solo para una exclusiva función, en la que son “expertos”, y son inútiles para todo lo demás, hay también personas que tratan constantemente de encontrar mejores soluciones a los retos, con los que siempre están buscando vías nuevas ante situaciones conocidas. Estos nunca tendrán alzheimer. Ya sabes que Mozart estaba agonizando, pero hasta el último aliento dictaba su última obra, su misa de réquiem. Y Beethoven lo mismo. En la cama, postrado, inválido, agotado, enfermo, y con enormes dolores, estaba escribiendo uno de sus últimos geniales cuartetos.

Ghandi no paró de trabajar en su vida, y solo se detuvo con un disparo. Hace unos meses murió Vicente Ferrer, trabajador incansable por el bien de los demás. Seguro que se llevó al otro lado su mente lúcida y la inmensa dicha de haber hecho algo bueno con su vida. La madre Teresa de Calcuta nunca tuvo descanso, y se las tuvo que ingeniar para encontrar soluciones a casos que todo el mundo le decía que no tenían solución. En fin, para qué contar más ejemplos…

Lo que hoy en día se desconoce o no se tiene en cuenta es que el cerebro no funciona por sí mismo, no es un órgano “que piensa”. El cerebro es un órgano, una máquina perfecta, pero necesita su usuario. Yo podría tener el ordenador más potente del mundo, pero ¿para qué lo usaría? ¿Para hacer solitarios? Me imagino que Eistein lo usaría para muchas otras cosas…

El conductor del cerebro, el que lo maneja, es la mente, así que tener cerebro no es garantía de nada. El hombre más burro del mundo tiene también uno igual al tuyo o al mío. Pero no sabe o no quiere usarlo, o no le importa en absoluto.

La ecuación, entonces, ancianidad=sabiduría es totalmente falsa. Hay viejos estúpidos, como hay jóvenes geniales. Recuerda que Mozart murió con 33 años, y era un genio. Las experiencias de largos años no sirven de nada si la mente no saca conclusiones y, reflexionando imparcialmente, aprende y construye nuevas conexiones.

Parece ser cierto lo de las diferentes funciones de los hemisferios del cerebro; además eso ya lo dijo Platón, o sea que nadie ha inventado nada nuevo, pero, como nos conformamos con las explicaciones que nos dan otros, ¿para qué nos sirven? Para nada. El ser humano auténticamente libre debe sacar sus propias conclusiones y fabricar sus propias convicciones con las que vivir. Vivir con las de otros, adoptarlas sin más, no lleva a nada, porque no estás viviendo tu vida, sino la de otros, o, en el peor de los casos, la del rebaño.

En fin, que mejor nos olvidamos de la neuroplasticidad y cosas con nombres rebuscados y vivamos cada día de manera auténtica nuestra propia vida. Eso sí que desarrolla el cerebro… ¡el nuestro!

Igualdad

Sábado, 30 de enero de 2010 por Abraxas

Recuerdo a un compañero de trabajo que, a propósito de una conversación sobre música, en la que yo calificaba a Beethoven como un genio, me decía:

–Bueno, sí, es cierto, Beethoven sabía mucho de música, pero también es cierto que yo no sé nada de música, pero sí sé mucho de banca.

Recuerdo que no seguí la conversación. ¡Igualaba su genio al de Beethoven!

Yo creo, y la practico en mi vida diaria, a mi nivel, claro, en la igualdad. En la igualdad de posibilidades de las almas humanas. Y creo que no es menos un genio porque sea blanco ni negro ni amarillo, ni porque sea semita, gitano, europeo o americano, o australiano. Ni porque sea heterosexual u homosexual. Ni porque sea cristiano, musulmán, budista o animista. Ni porque sea monárquico, republicano, anarquista, ni lo que quiera ser. Ni porque sea guapo, feo, alto, bajo, hombre, mujer, joven, anciano, pobre, rico, noble o plebeyo.

Creo que existe una confusión sobre la igualdad. Y la confusión estriba en considerar que todos somos iguales, sin más adjetivos. Ni mi sentido común ni mi experiencia en la vida pueden admitirlo.

De ser así nadie buscaría con mucho cuidado quién va a ser el cirujano que le abra el pecho para operarle el corazón.

Ni nadie buscaría el mejor profesor de inglés si quiere aprender esa lengua.

Ni nadie pediría consejo sin buscar antes a la persona conocida a la que considere de mayor sabiduría de la vida.

Nadie iría a un restaurante sin antes informarse si el cocinero es buen cocinero, si los camareros atienden bien y si el local es limpio y acogedor.

No, no. No todo es igual. No todos somos iguales…

Creo en que un genio o un sabio no es igual a un mediocre o un ignorante. Y creo que todos lo sabemos. Y creo que igualar al uno con el otro es absurdo e injusto. Prefiero tener amigos geniales y sabios, y quizá yo lo sea para otros, y estos otros para otros más. Quizá la verdadera hermandad consista en ayudarnos los unos a los otros a crecer en sabiduría y bondad.

Y si queremos imponer por decreto o por imposición de ideas esta absurda igualdad, resultará que no sería posible la libertad de elección de nuestros amigos, de nuestros médicos, de nuestra señora, de nuestros músicos preferidos, etc. etc. Al fin y al cabo, todos son iguales… ¡qué más da!

El ignorante habría que igualarlo al sabio, el malo al bueno, el delincuente al honrado, el amable al antipático, y así, todos los ejemplos que imaginéis.

Un totum revolutum…

Como muchos otros de hoy en día, esto es un mito, en su sentido de falsa fantasía. Si así fuera en la Naturaleza, los ríos no correrían, ni las nubes viajarían, ni habría rayos, ni lluvia, ni tampoco ninguna semilla se molestaría en germinar.

Velas

Lunes, 4 de enero de 2010 por Abraxas

Conocía yo a una señora ya mayor, abuelita y muy devota, que, cuando había tormenta, lluvia, rayos y truenos, me decía:

–Mira, hijo, ve a mi mesa de noche y tráete una vela que tengo dentro y enciéndela pronto.

–¿Para qué, abuela?

–Es una vela para santa Bárbara y, encendiéndola y rezando, enseguida se acaba la tormenta.

Yo le decía que quizá la gente del campo había encendido la misma vela, pero mucho más grande que la de ella, porque no dejaba de llover. Llevaba lloviendo dos semanas, y no había manera de que cesara, ni con velas ni sin velas.

Me imaginaba yo a san Pedro, o a Zeus Tonante, dudando qué hacer, si dar cumplimiento a los rezos de los unos o de los otros.

–¿A ti qué te parece, Pedro? Preguntaba Zeus…

–¡Pues que estoy dudoso!… aún no he recontado las peticiones de cada grupo, y cada minuto llegan cientos nuevas. ¿Tú que crees?

–Pues mira, creo que lo mejor es hacer lo que nos parezca. Nosotros a lo nuestro y ellos… a lo suyo. Si unos brindan con champán por la lluvia y otros lloran porque no les gusta mojarse, pues… allá ellos. Después de todo, no podemos complacer a todos, así que… esto es lo que hay…

Leí que decía Gurdjieff a sus discípulos que la gran mayoría de las oraciones consistía en pedir que dos más dos no fueran cuatro. Y que, por lo tanto, había que comprender en qué consistía la oración. Parece una banalidad o una crueldad, pero creo que es cierto que no se puede pedir, ni a los santos, ni a los dioses, ni a Dios, que contradiga las leyes universales, porque, entre otras cosas, emanan de ellos mismos, y contradecirlas sería contradecirse a sí mismos.

Yo por mi parte me digo que sería mejor dar a Dios, en lugar de tanto pedirle tonterías, como hacen los niños pidiendo caprichos a sus padres.

Pero me pregunto, y os pregunto: ¿cómo es la oración auténtica?

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