Antídoto contra el fanatismo

Martes, 7 de mayo de 2013 por M.Dolores

ANTIDOTO FANATISMO

A lo largo de la historia, los grandes enemigos de la Humanidad parecen reencarnarse en cada época, vestidos con distintos ropajes, hablando diferentes lenguas, pero siempre semejantes en sus devastadoras acciones.

Uno de ellos es el fanatismo, especie de enfermedad mental colectiva, que arrastra en torbellinos fatales a grupos humanos y les conduce a las más vergonzosas y criminales acciones. Las páginas más tristes de la Historia son las que recogen los hechos marcados por los fanatismos, en todos los tiempos, en todos los pueblos, pues ninguno se libra de haber padecido esta desgracia en algún momento, como si fuera una nube cargada de negros presagios que va recorriendo los lugares y los tiempos, descargando aquí y allá su tormenta envenenada.

Las obras de los fanáticos son siempre destructoras, apenas si proporcionan felicidad o serenidad, sino todo lo contrario, lo suyo es la coacción, la fuerza, la amenaza, el miedo, la vejación, la muerte.

Los seguidores de esa corriente nefasta pueden reclutarse en ámbitos también variables: pueden encontrarse en grupos políticos, religiosos, pero también aparecen en otros ámbitos, como los profesionales o los académicos. No toleran a nadie que se atreva a pensar de manera diferente, o que tenga otra visión del mundo, otras creencias, otra manera de ver la vida, pues se creen en posesión de la verdad más absoluta y los demás son unos equivocados que no merecen más que la destrucción y el aniquilamiento.

Si miramos, en cambio, a los que han profesado la filosofía a lo largo de la historia, no encontraremos fanáticos entre sus filas, más que en la biografía de alguna excepción que confirma la regla. Por el contrario, las más bellas palabras que engrandecen a la naturaleza humana han sido las que encontraron los filósofos de todos los tiempos, de todas las tendencias. Recordemos el Discurso sobre la dignidad del hombre, de Pico de la Mirándola, o la oración de Voltaire en su Tratado sobre la tolerancia, o las preciosas palabras de Ibn Al Arabi sobre la religión del amor.

Este es un argumento más a favor de la conveniencia de promover la filosofía, verdadero crisol de la libertad de pensamiento y la reflexión.

Transmitir el conocimiento

Domingo, 17 de marzo de 2013 por M.Dolores

TRANSMISION DEL CONOCIMIENTO

Se suele recurrir a la imagen de la Sociedad del Conocimiento para definir la tendencia de los países desarrollados. Más allá de las escenas que nos ofrecen diariamente los medios de comunicación y de la posible distorsión de la realidad que puedan proporcionarnos, es cierto que la sofisticada especialización que han alcanzado las diferentes ramas del saber produce una ingente cantidad de hallazgos.

Hallazgos que, si fuesen convenientemente divulgados, mejorarían sin duda las condiciones de vida de millones de personas y en algunos casos ayudarían a explicar fenómenos que parecerían sujetos al ámbito de lo enigmático. Sin embargo, tales resultados apenas si rebasan los límites de las publicaciones especializadas y solo alcanzan a las comunidades de intereses de los científicos y en el mejor de los casos, de quienes financian las investigaciones. Y frente a ese aislamiento, aumentan cada vez más las supersticiones y prosperan adivinos, echadores de cartas y mancias de pacotilla, que tanto desprestigian la búsqueda del conocimiento tras las apariencias y las preguntas audaces.

Se hace necesario cubrir ese abismo que parece infranqueable entre el saber y sus destinatarios, que son los seres humanos, mediante una labor paciente y meticulosa de divulgación y de transmisión. Es indispensable ese esfuerzo, si no queremos que la ignorancia acabe por embrutecernos, si queremos que la edad media que tanto se detecta en síntomas sociales, no vuelva a sumirnos en la oscuridad de los miedos y el analfabetismo.

No cabe duda de que Internet está cumpliendo ese deber divulgador, dando facilidades a los investigadores y nuestro boletín pretende aportar su granito de arena difundiendo las noticias que nos resultan interesantes para mejor interpretar el mundo y la vida. Nuestra asociación viene trabajando en ese sentido en todo el mundo desde hace casi medio siglo: que la filosofía como amor al conocimiento llegue a todos, que todos podamos llegar a ser filósofos.

Pasado y presente

Viernes, 1 de febrero de 2013 por M.Dolores

PASADO Y PRESENTE

Ahora que comienza el año, volvemos a recordar al Jano, el antiguo dios romano, que preside el inicio de un nuevo ciclo. Se le representaba con dos rostros: uno miraba hacia atrás, el pasado, y el otro hacia delante, al futuro. Era el dios de las puertas, pues cuidaba el tránsito a través de los umbrales, lo cual nos recuerda esa puerta del nuevo tiempo que se abre ante nosotros

En este gozne, es de rigor hacer balance de las experiencias que hemos dejado atrás en el año que acaba de terminar, valorar nuestro aprendizaje, lo que nos hizo sufrir, lo que motivó nuestros mayores esfuerzos, las pequeñas victorias logradas sobre nosotros mismos, los proyectos que se culminaron, los que quedaron por hacer, sin olvidar los fracasos que en tantas ocasiones nos abatieron. Y a la vez, es el momento de mirar hacia el futuro que se abre ante nosotros, con todas sus páginas en blanco, esperando nuestras acciones, de hacer acopio de energías renovadas para plasmar los sueños que tantas veces dejamos volar en el territorio de la fantasía sin dirección.

Jano expresa esa dualidad que vive en nosotros, que no siempre enfocamos con la suficiente dosis de armonía, pues a menudo nos vemos ante nuevas etapas de nuestra vida con la melancolía que nos produce tener que dejar atrás lo vivido y el temor de tener que enfrentarnos a lo desconocido y temido a la vez.

Como intuyendo esa dualidad, los medios de comunicación nos ofrecen resúmenes anuales, que activan la memoria colectiva, tan atrapada en el presente y también los deseos y los proyectos que esperan a que la voluntad se exprese y deje sus huellas.

Hay mucho trabajo por hacer, es una de las conclusiones que se desprenden de estas reflexiones, inspiradas por Jano. No hay tiempo que perder, si es que queremos cerrar el año que ahora se inicia con la tranquilizadora sensación de haber cumplido con el deber, que es una de las más gratificantes y recomendables que un filósofo puede experimentar.

Lo que aporta la filosofía

Miércoles, 12 de diciembre de 2012 por M.Dolores

LO QUE APORTA LA FILOSOFIA

Se está celebrando en todas las sedes de la Asociación Nueva Acrópolis un ciclo de actividades en torno a las aportaciones de la filosofía, con la clara intención de hacernos reflexionar sobre las posibilidades de aplicación práctica que tiene una disciplina a la que hemos cargado de un significado teorético, alejado de la realidad y de los problemas que debemos resolver, empujados por la necesidad.

Lo curioso es que, apenas nos introducimos en el amplio territorio de la tarea filosófica, comprobamos que en realidad prácticamente todos los que cultivaron el arte de pensar lo hicieron impulsados por un serio compromiso de mejorar el mundo y aportar nuevas visiones y perspectivas para su tiempo. También es cierto que la mayoría tuvieron que pagar un alto precio por ello, lo cual hace más grande y admirable su ejemplo y nos invita a la valentía de remontar la corriente que nos arrastra hacia la masificación y la abulia. Amar la sabiduría es una tarea peligrosa, pero bella noble, y nos lleva a la libertad y a la plenitud.

Parece como si un oscuro velo de inutilidad hubiese ido cubriendo la imagen de la filosofía, quizá para hacerla menos atractiva, impidiendo así que los buscadores se hiciesen preguntas inquietantes y descubriesen las manipulaciones y los engaños de quienes se benefician con la ignorancia.

Sí, son muy variadas y ricas las aportaciones que hace la filosofía a la vida de los seres humanos: la hace más completa y más digna, ensancha el horizonte, permite imaginar nuevas salidas para las encrucijadas, nos eleva por encima de la estrechez de los egoísmos y las mezquindades. El mundo sería mucho mejor si fuesen más numerosos los cultivadores de ese arte de pensar que nos lleva al arte de vivir y marca con su sello a quienes llamamos sabios. Lo sugirió Platón en su día: la justicia reinaría en la ciudad si los filósofos gobernasen o si los gobernantes se entregasen a la filosofía.

Invitación a la filosofía

Martes, 30 de octubre de 2012 por M.Dolores

INVITACION A LA FILOSOFIA

 

Una buena parte de la actividad de nuestra Asociación se dedica a cumplir la indicación socrática de que hay que animar al ejercicio de la filosofía, recomendando en todo momento su práctica. Tal indicación fue seguida con diligencia a lo largo de los siglos, como bien nos enseña Pierre Hadot en su muy recomendable obra titulada “Ejercicios espirituales y filosofía antigua”, que ha editado recientemente en España Siruela.

Lejos del quehacer teorético y abstracto que solemos asignarle, los “inventores” de la filosofía nos legaron una disciplina con notables efectos positivos, a la hora de encarar los desafíos que nos plantea la vida cotidiana. De ahí su esfuerzo en transmitir los conceptos esenciales para dar sentido a nuestra existencia y la invitación constante hacia su práctica.

A pesar de la pérdida de tantos textos clásicos, podemos leer muy bellas exhortaciones o alabanzas de la filosofía, que ponen de manifiesto la conveniencia de su ejercicio. Muchas fueron recogidas con devoción por los neoplatónicos del Renacimiento. Como estas palabras que debemos a Marsilio Ficino: “Sobre todas las cosas, la filosofía arranca de la miseria a los mortales, y les concede felicidad”.

Pues ella discrimina lo bueno de lo malo y nos muestra cómo evitar el mal para que no nos hiera, o cómo sobrellevarlo con fortaleza de modo que nos hiera menos. Además nos enseña cómo hallar más fácilmente la bondad, y cómo usar rectamente los dones que nos ha concedido la naturaleza o la fortuna o que hemos adquirido por medio del trabajo, para que puedan ser beneficiosos”.

Busquemos por nosotros mismos tales beneficios en la filosofía, que siempre están orientados a dotarnos de mayor libertad interior y mayor lucidez para encarar los desafíos de la existencia.

El arte de morir

Martes, 2 de octubre de 2012 por M.Dolores

EL ARTE DE MORIR

En nuestra lucha por reducir las realidades inciertas que acompañan nuestra vida, con frecuencia olvidamos las certezas incuestionables y hacemos como si nuestras más profundas evidencias fueran tan relativas como esas otras contingencias que enfrentamos a diario. Quizá la certeza total, la más imponente y ante la cual no caben escapatorias es que vamos a morir, de tal manera que, una vez llegados a este mundo, la única seguridad que podemos tener es esa cita inexorable con la muerte.

Resulta asombrosa por otra parte nuestra capacidad de olvido y de dar la espalda a algo tan nuestro, tan propio de nuestra condición humana, pues, a pesar de todo, nos coge siempre desprevenidos, como un enemigo que nos estuviera acechando para caer sobre nosotros en el momento más inconveniente y no queremos aceptar de ninguna manera lo inevitable de su intervención. Hay como una contradicción dolorosa en nosotros entre un intenso deseo de perdurar, de mantenernos en la corriente de la vida, y la evidencia de que a la vez ninguno lo vamos a lograr, a no ser en la memoria, que se expresa de tantas maneras, sea en la propia, sea en la de los que en algún momento nos encontraron.

Muerte y vida son como las dos caras de una misma moneda, han dicho los filósofos y los hombres santos de todos los tiempos, y nos han proporcionado ciertamente un buen legado de reflexiones y doctrinas acerca de la manera de soportar el peso de una contradicción tan desgarradora. Han tratado de enseñarnos cómo vivir plenamente, cómo alcanzar felicidad sin que la permanente compañía de la muerte nos angustie ni nos paralice, pues es difícil aceptar que sea la muerte la continua vencedora en una lucha tan desigual como la que se libra en lo más íntimo de nosotros mismos. Sin embargo, con bastante frecuencia optamos por dar de lado ese extraño enigma y hacemos como si no fuese a resolverse de manera tan lacerante, como si no nos fuésemos a separar nunca de quienes amamos, como si la intensidad con que vivimos no se fuese a agotar.

De repente, el encuentro con la muerte de otros, o con la posibilidad de la nuestra nos hace preguntarnos si no habrá también alguna manera de aprender el arte de morir, cuando al parecer hemos sido tan hábiles en elaborar un sofisticado arte de vivir. Quisiéramos encontrarle un sentido a lo que no tiene sentido, al menos aparentemente, nos afanamos en solventar la doble certeza que nos hace sentir que de alguna manera quien se ha marchado de nuestro lado, siempre antes de lo que hubiésemos previsto, sigue ahí, en otra dimensión quizá y al mismo tiempo su evidente ausencia, la negación casi total de su compañía.

Alimentamos la esperanza de que en alguna esquina de la vida se nos presentará la oportunidad de reunirnos con esa extraña comunidad de los que viven en ese misterioso reino de las sombras, con el íntimo deseo de hacerlo al menos con la misma elegancia, con la misma gallardía con que algunos vivieron ese trance supremo, dándonos el ejemplo de lo que podría llamarse el arte de morir.

Filosofía para el diálogo

Jueves, 23 de agosto de 2012 por M.Dolores

FILOSOFIA PARA EL DIALOGO

 

Desde sus inicios, la actividad del filósofo se ha venido relacionando muy directamente con el diálogo, esa forma elaborada de la conversación, que conduce al descubrimiento de alguna verdad importante para la vida. Así nos lo enseñó Platón, transmitiéndonos con extraordinaria eficacia la experiencia de los diálogos que presidía y conducía Sócrates.

Muchos hemos descubierto por primera vez la filosofía tratando de seguir las hábiles discusiones socráticas, como un ejercicio para nuestra mente y con la imaginación nos hemos sentido testigos de aquellas reuniones en las que se trataban los asuntos que hacen que el sentido de la vida se nos vaya manifestando.

Los interlocutores con sus intervenciones iban preparando el terreno para que la sabiduría se presentase de alguna manera, a veces en las palabras de una sacerdotisa, como Diótima de Mantinea en El banquete, o en un relato de un guerrero, como Er en la República.

Cuando hemos escenificado en las sedes de Nueva Acrópolis algunos de los diálogos platónicos, hemos podido comprobar la eficacia del sistema socrático que nos ha llevado a memorables veladas , en las que el tiempo parece detenerse y un sentimiento de confortadora amistad nos envuelve.

La filosofía, que es el quehacer de los buscadores de la sabiduría, nos exige que nos ejercitemos en el arte de dialogar, con el ánimo de compartir nuestros afanes y las ideas que van iluminando nuestro esfuerzo.

El diálogo requiere no solo saber lo que se quiere decir, sino sobre todo tener en cuenta al otro, saber escucharlo y comprenderlo, no sentirse en posesión de ninguna verdad absoluta, estar dispuesto a compartir los hallazgos o las convicciones y la siempre valiosa experiencia. Y una vez más, el divino Platón es el mejor guía que podemos encontrar.

Conocer a los filósofos

Domingo, 8 de julio de 2012 por M.Dolores

CONOCER A LOS FILOSOFOS

Como nuestros amigos internautas saben, desde nuestras páginas promovemos la difusión del conocimiento de quienes dejaron una huella en la historia por su intensa búsqueda de la verdad y abrieron nuevos caminos para los que, como ellos, sintieron la llamada de la filosofía.

Si resulta interesante reseñar esas obras tantas veces comentadas y analizadas, el pensamiento de esas grandes almas, tratando de clarificar el sentido de las cosas, no menos iluminador resulta conocer sus peripecias vitales, pues en las biografías suelen gestarse los orígenes de las preguntas que dieron luego cauce a las respuestas que cada pensador ofrece para los caminantes que le sigan.

Descubrimos, de manera concreta y palpitante, hasta qué punto la filosofía es inseparable de la vida, a la que viene a dar sentido y orientación, lo cual nos ayuda a sentirnos cercanos y establecer con algunos de estos filósofos un lazo casi íntimo de admiración y respeto. Los vemos comprometerse con su tiempo y las inquietudes y preocupaciones de sus contemporáneos, luchar por defender la libertad de pensamiento tantas veces conculcada, sufrir las represalias con que el poder trata de silenciar a los que se atreven a pensar por sí mismos.

Nada más ajeno a la realidad de las vidas de los filósofos que admiramos que esa imagen desarraigada de intelectual teorético y aislado en su torre de cristal, elucubrando a espaldas de sus conciudadanos. Se esforzaron por mejorar el mundo en que vivieron, no tuvieron miedo a equivocarse, ni que los demás interpretaran mal sus palabras. Y nos dejaron un ejemplo vigoroso, respaldando sus obras. Todos aportaron algo útil para la historia del pensamiento, todos nos enseñaron algo. A nosotros nos toca reconocer en ellos a quienes se encuentran más cerca de nuestras intuiciones, y sentir que quizá pertenezcamos a una misma familia espiritual.

Conviene recordarlo: tras las luminosas reflexiones y las definiciones acertadas que ordenan y clarifican nuestra visión del mundo, se encuentra siempre el ser humano que supo trascender sus deseos y miserias personales y arraigar en sus experiencias una obra filosófica, para que la Humanidad siga confiando en sus posibilidades de dejar atrás la ignorancia y la barbarie.

Pensar el futuro

Domingo, 13 de mayo de 2012 por M.Dolores

PENSAR EL FUTURO

 

Vivimos tan sometidos por las urgencias que nos impone el presente que apenas si nos queda tiempo para sobrevolar por encima de las circunstancias y mirar más allá, tratando de avistar qué nos depara el tiempo que aún no ha transcurrido. Con una especie de infantil insensatez, preferimos ignorar que inexorablemente se van a ir produciendo cambios y que el espejismo de nuestra seguridad transitoria podría desvanecerse.

Si hacemos caso a los avances que nos proporcionan quienes se dedican a otear el horizonte, buscando las señales de advertencia que emite el futuro, mucho más cercano de lo que podamos suponer, tenemos que deducir que haríamos bien en prepararnos un poco, pues las perspectivas no parecen halagüeñas en ningún sentido. Una simple mirada a las noticias que nos depara la actualidad nos permite advertir la dirección que van tomando los acontecimientos y reconocer que, como ya se venía anunciando desde hace decenios, cada vez con más claridad se detectan los signos de medievalización de nuestras sociedades, por calificar de alguna manera los cambios que se están produciendo cada vez con mayor rapidez, con mayor claridad.

La filosofía viene en nuestra ayuda, a la hora de enfocar de manera equilibrada nuestra postura ante ese futuro que se nos presenta incierto e inestable, pues, a través de la Historia, se han experimentado fórmulas eficaces para atravesar con éxito los tiempos turbulentos y nos ofrece los medios para adoptar esas actitudes que nos van a permitir salir adelante, sabiendo encontrar las causas de los fenómenos que se producen a nuestro alrededor. Estamos hablando de una filosofía para la vida, no un ejercicio intelectual teorético, con el que tan a menudo se confunde al eterno amor a la sabiduría que encierra su significado.

En nuestros cursos y actividades, nosotros invitamos a todos los que se hacen preguntas a que indaguen por sí mismos las respuestas que ofrece la filosofía atemporal, para comprender el futuro que nos depara el tiempo y actuar en consecuencia, para mantener siempre la iniciativa y no vernos arrastrados por los acontecimientos como les suele ocurrir a los que se olvidan de pensar.

Mucho por desarrollar

Lunes, 9 de enero de 2012 por M.Dolores

A pesar de que tendemos a creer que apenas si quedan enigmas por descifrar en el ámbito del conocimiento científico, cada día aparecen noticias que nos informan sobre lo contrario, es decir, que vivimos rodeados de desconocimiento, por no decir de misterios aún pendientes de resolución y esclarecimiento.

Es inmenso el trabajo realizado por las ciencias de todos los campos en los últimos siglos y sus aplicaciones prácticas en las más variadas técnicas todavía nos asombran por su alcance, es justo que lo reconozcamos, aquí y ahora, cuando nos estamos beneficiando tan claramente de las tecnologías de la comunicación, gracias a las cuales podemos difundir nuestras ideas y opiniones con una repercusión casi universal.

Entre los asuntos que todavía ofrecen no pocas interrogantes sin respuestas se encuentra precisamente la mente humana, los procesos por medio de los cuales nuestros pensamientos pueden llegar a gobernar nuestras vidas y modificar incluso nuestras sensaciones más pegadas a la materia física. De las investigaciones avanzadas que se están desarrollando sobre el funcionamiento del cerebro, por poner un ejemplo, parece confirmarse que efectivamente aún existen en nosotros cualidades latentes, capacidades no actualizadas que con un adecuado entrenamiento podremos despertar: zonas apenas utilizadas de un órgano destinado a servir de enlace con el cuerpo, como un sofisticado instrumento a la espera de que un experto conocedor de sus potencialidades las ponga en acción.

La filosofía viene en nuestra ayuda, a la hora de emprender la tarea de aprovechar todos esos recursos que la naturaleza ha puesto a nuestra disposición. Es la disciplina que nos proporciona los métodos, la que nos enseña a pensar y a despertar nuestras cualidades latentes. Es el mejor camino para no perderse por los laberintos inexplorados de nuestro cerebro, siguiendo el ejemplo y las huellas de los maestros que lo recorrieron y encontraron el sentido de la vida, que es en realidad lo que buscamos.

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