Siempre hay luz

Viernes, 27 de enero de 2012 por M.Angel

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El otro día, en el parque…

Miércoles, 18 de enero de 2012 por Melinda

 

¡Ah! ¡Qué gusto ver jugar a los revoltosos pequeñuelos en los parques infantiles! Tan alegres, tan confiados, tan espontáneos, tan ricos ellos, tan… “angelitos”.

¿Espontáneos? Claro, es la ferocidad de la tierna infancia, la aventura imaginaria que prima sobre la cruda realidad mía de que me estoy mojando los pies porque llueve.

Cerca de mí, combaten los piratas del Caribe.

No me preocupa el enano, que no tendrá más de seis años. Es un niño normal, como todos, sin conciencia del peligro o de su fuerza, como corresponde a su edad. Y completamente inocente.

Me preocupa el padre. Hasta qué punto se nos ralentizan las neuronas. Y lo que me preocupa también es que es un padre normal. O eso parece.

El niño es el capitán del buque pirata. Y como buen pirata que lucha por sus dominios, arremete contra sus enemigos con un terrible y peligroso cuchillo.

El cuchillo del pequeño capitán es un grueso palo de madera, lo justo para que lo pueda abarcar con su mano diminuta. El padre, aburrido de tanta algarabía, se ha entretenido durante un buen rato afilándolo como si fuera un lapicero gigante y se lo acaba de entregar. El resultado: una obra de arte; ya quisiera yo que algunos cuchillos de mi cocina fueran tan eficaces como ese palo.

Después de una pequeña persecución, se abalanza sobre un niño más pequeño, y levanta enérgico su puñal blandiéndolo como lo ha visto hacer en las pantallas: con el gesto de rabia del malo de la película y al grito de “te mataré”. Me interpongo entre el niño pequeño y el brazo ejecutor y recomiendo a la víctima que se aleje de “ese” niño, consciente de que el padre está observando la escena sin mover un dedo.

En ese momento, el padre reacciona ante el vacío que se ha creado alrededor de su pequeño pirata y, con el gesto del que se acaba de despertar de la siesta, intenta con buenas palabras recuperar de su hijo el peligroso regalo. No le resulta fácil. Pero ahora hay una amenaza menos en el parque y los adultos que vigilan se relajan nuevamente.

Reflexiono sobre lo ocurrido, y pienso que la vida es como mi parque, lleno de momentos decisivos y de momentos intrascendentes, y todos duran lo mismo: un suspiro. En un suspiro puedes tomar una buena o una mala decisión. O puedes no tomarla, lo que igualmente traerá sus consecuencias. Y pienso en lo importante que es no dormirse, aunque solo sea un momento… En la vida, quiero decir…

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Mucho por desarrollar

Lunes, 9 de enero de 2012 por M.Dolores

A pesar de que tendemos a creer que apenas si quedan enigmas por descifrar en el ámbito del conocimiento científico, cada día aparecen noticias que nos informan sobre lo contrario, es decir, que vivimos rodeados de desconocimiento, por no decir de misterios aún pendientes de resolución y esclarecimiento.

Es inmenso el trabajo realizado por las ciencias de todos los campos en los últimos siglos y sus aplicaciones prácticas en las más variadas técnicas todavía nos asombran por su alcance, es justo que lo reconozcamos, aquí y ahora, cuando nos estamos beneficiando tan claramente de las tecnologías de la comunicación, gracias a las cuales podemos difundir nuestras ideas y opiniones con una repercusión casi universal.

Entre los asuntos que todavía ofrecen no pocas interrogantes sin respuestas se encuentra precisamente la mente humana, los procesos por medio de los cuales nuestros pensamientos pueden llegar a gobernar nuestras vidas y modificar incluso nuestras sensaciones más pegadas a la materia física. De las investigaciones avanzadas que se están desarrollando sobre el funcionamiento del cerebro, por poner un ejemplo, parece confirmarse que efectivamente aún existen en nosotros cualidades latentes, capacidades no actualizadas que con un adecuado entrenamiento podremos despertar: zonas apenas utilizadas de un órgano destinado a servir de enlace con el cuerpo, como un sofisticado instrumento a la espera de que un experto conocedor de sus potencialidades las ponga en acción.

La filosofía viene en nuestra ayuda, a la hora de emprender la tarea de aprovechar todos esos recursos que la naturaleza ha puesto a nuestra disposición. Es la disciplina que nos proporciona los métodos, la que nos enseña a pensar y a despertar nuestras cualidades latentes. Es el mejor camino para no perderse por los laberintos inexplorados de nuestro cerebro, siguiendo el ejemplo y las huellas de los maestros que lo recorrieron y encontraron el sentido de la vida, que es en realidad lo que buscamos.

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Feliz año 2012 y suerte con su ADN

Sábado, 31 de diciembre de 2011 por Rafa

 

Como cada año, deseo a todos un ¡FELIZ AÑO 2012!, aunque, según un artículo publicado en la revista “The economist”, titulado “Happiness is in your DNA”, la felicidad está en el ADN. Y, por lo tanto, es el ADN el que conforma nuestro grado de felicidad de la misma forma que conforma el color del pelo, la forma de las manos, el hígado o el número de zapato que calzas.

Y, lo siento mucho, pero tampoco puedo desearos ¡UN PRÓSPERO AÑO NUEVO! Porque en dicho artículo podemos leer: “Que la personalidad y la inteligencia se heredan es un hecho cada vez más claro y obvio, de modo que, presumiblemente, la tendencia a ser feliz o infeliz es, en cierta medida, producto del ADN”. O sea, que la inteligencia, necesaria para tener un poco de prosperidad, también es producto del ADN. El gen de la inteligencia se descubrió hace algunos años y se llama dysbindin-1 (DTNBP1). Y si no tenemos en nuestro cuerpo un poco de dysbindin-1 (DTNBP1) o en el de algún familiar cercano que además tenga el gen de la generosidad, olvídese del pavo en salsa, del turrón y de los roscos de Reyes.

Y si es usted uno de los afortunados que tienen un poco de inteligencia y un poco de felicidad, ni se le ocurra dar gracias a Dios. Porque según el genetista Dean Hamer, la espiritualidad y la fe son también producto del ADN. El gen se llama VMAT2, pero se ha popularizado como el “Gen de Dios”. A este paso, y con los adelantos que hay, cualquier día encontrarán el gen de la Capilla Sixtina, la Novena de Beethoven, el sabor de la paella y el rock & roll.

Todos estos descubrimientos están basados en la “teoría” de que la conducta es el resultado de la biología: son los genes y no los individuos los que evolucionan. Y evolucionan según la teoría de Darwin: tiempo y aleatoriedad. Así que bienvenido al mayor casino del mundo: el Casino de la Genética, donde las fichas ganadoras no son euros ni oro, sino genes felices e inteligentes.

¿Que a usted todo esto le parece una estupidez?  No se preocupe y, sobre todo, no se sienta culpable: no es culpa suya. Porque la estupidez también está en el ADN. Se descubrió en 2010 en la Emory University School of Medicine y se bautizó con el nombre de “RGS14”. Pero se popularizó con el nombre de “Gen Homer Simpson”. Así que, lo dicho: un abrazo a todos y mucha suerte con el ADN.

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Una mota de polvo

Lunes, 19 de diciembre de 2011 por Altea

Llevo días pensando sobre qué escribir. Unos me salieron temas de victorias y otros de derrotas, unos de sueños y otros de cuentos, unos de realidades y otros de verdades. La cosa es que todo lo que hacemos es un tema sobre el que pararse a pensar, incluso el mero hecho de parar es un tema sobre el que pensar.

En realidad, a veces tengo la sensación de que da un poco igual lo que haga, de que soy una mera mota de polvo vagando por la infinita inmensidad y densidad de la atmósfera y que puedo quedarme quieta, que el mundo seguirá existiendo igualmente, aunque en ocasiones me empeñe en vivirlo como si todo ocurriera desde mí.

Todo seguirá y eso me incluirá a mí lo quiera o no. Es decir, que me seguirán ocurriendo cosas buenas y malas, apreciables y aparentemente inapreciables, me mueva o no me mueva. Esa mota de polvo es parte de un todo y luego de otros muchos, y está pegada o al lado de muchas otras motas, también parte o afectadas por otros todos. Y, al final, todas se mueven unas afectadas por otras y aún más por corrientes de aire que las mueven a todas a la vez, creyéndose todas ellas dueñas absolutas de su vida.

¿De qué son dueñas cada una de esas motas? ¿De algo acaso? Sí, de algo. De la capacidad de saber lo que son, de la capacidad de saber que son.

Hay quien a esta forma de ser no le llama ser, pero se es, se es aun siendo una pequeña parte incapaz de controlarlo todo, de un todo.

Se es sintiendo ese viento que va y viene y notando cómo es capaz de llevarte si te apetece dejarte o no te apetece resistirte. Se es si decides oponer cierta resistencia o no dejarte afectar en la llevada de corriente, sintiéndote tan íntegra mota de polvo como antes de que lo bueno o lo malo viniera. Se es siendo por dentro, dando igual lo que ocurra por fuera, y se es aún más mostrando por fuera todo eso que sabemos por dentro, siendo íntegros y honrados con lo que sabemos, poco perezosos y valientes y andando cada paso, cada respuesta, cada gesto, desde donde somos, desde quien somos.

Así que sí da un poco igual; si el aire viene del Atlántico o del Mediterráneo, y se te echa encima, lo quieras o no, te moverá igual y en eso, en eso hago bien en tener la sensación de que soy una hermosa mota de polvo. Aunque lo importante, en realidad, es saberlo, esa es la sabiduría de la vida desde la que uno se libera de esa pequeñez y decide adónde va desde ese momento, aun cuando le esté llevando el aire.

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La consciencia

Viernes, 9 de diciembre de 2011 por M.Angel

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Lo que somos y lo que parecemos

Miércoles, 30 de noviembre de 2011 por Melinda

Ayer pensé que la civilización está cayendo. ¿Cómo llegué a conclusión tan sesuda? Viendo la tele.

Andaba yo haciendo zapping para encontrar algo tragable, y no encontraba nada que mereciera el rato que me estaba pasando allí. En el recorrido por las ondas, tuve una revelación.

Fue mientras escuchaba a una niña aconsejar a su madre la chocolatina que debía comer (la que debía comer la madre). Era un anuncio de estos que si tienes costumbre de sentarte un rato ante la tele todos los días, acabas viéndolo cuatrocientas veces. Lo mejor del caso es que termina por parecerte lo más normal del mundo.

Presté más atención y elegí pasar el rato viendo anuncios. Qué buena idea. Chulísimos. Como me siento a ver la tele de ciento en viento, fue como si viera una película de estreno.

Y de esta guisa, vi niños que les decían a sus padres qué coches tenían que comprar, madres que sonreían felices porque habían descubierto que la demostración más rotunda de que quieres a tu hijo es que le des una determinada marca de cereales para desayunar, hombres que aceptaban con una sonrisa el supremo consejo de que fregar con un lavavajillas concreto es lo que te permite llevarte al huerto a tu chica, y maridos que rechazaban un antigripal para tener la disculpa de no visitar a los suegros.

Así que viendo esto y otras cosas que ya he olvidado, llegué a una iluminación: aprovisionémonos bien en el mercado de todos esos productos y el mundo sonreirá jubilosamente en un despliegue de coches, pompas de fregasuelos y medicamentos. ¿Qué conclusiones sobre nuestro comportamiento sacaría un extraterrestre si nos tuviera que estudiar a los humanos por las cosas que hacemos en los anuncios?

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Vigencia de la filosofía

Sábado, 19 de noviembre de 2011 por M.Dolores

 

La filosofía, entendida como una toma de postura, una forma de vida, más que como una mera actividad intelectual especulativa, nos proporciona sobre todo herramientas para pensar, es decir, para asomarnos al mundo y a las cosas, para encontrarnos con los otros, con la capacidad para llegar más allá de las apariencias y descubrir el sentido que sostiene la vida.

Es realmente sorprendente que tengamos tan a mano esa posibilidad y no la aprovechemos, porque se ha descalificado de entrada a la filosofía como algo que interesa solo a una minoría que utiliza términos apenas inteligibles, reservados para unos pocos sabios. Hay excepciones, afortunadamente, aunque escasas, de filósofos que hacen el esfuerzo de hacerse entender mediante un lenguaje sencillo y humano y gracias a esa labor, los buscadores, los que creemos que la filosofía puede servirnos de hilo de Ariadna para movernos por el laberinto del mundo, estamos un poco menos solos.

Gracias a la generosa mediación de quienes creen que la filosofía es demasiado necesaria como para dejarla reducida y encerrada en los ámbitos académicos, hemos ido comprobando que no ha sido en vano y nos hemos dejado ganar por sus efectos benéficos. En efecto, el ejercicio de la filosofía, de la búsqueda de la sabiduría y el conocimiento confiere sentido a nuestros pasos, ensancha nuestros horizontes vitales y nos ayuda tomar conciencia de nuestra realidad, tal como nos han advertido tantos maestros en el arte del pensamiento. La novedad es que afirmamos que todos podemos ser filósofos, con tan solo reconocernos como tales, y que nuestra sociedad sería más justa, en la medida en que fueran muchos los que lo hicieran. Lo decía hace poco Emilio Lledó, uno de nuestros grandes pensadores, con las obras de Platón en la mano, y nos ofrecía el ejemplo de que la filosofía ayuda a lograr la felicidad.

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Cuidado: ¡llegan las elecciones!

Viernes, 11 de noviembre de 2011 por Rafa

Otra vez he vuelto a caer; estaba escribiendo algo sobre ciencia en un post titulado “El encantamiento jónico” y… aquí estoy hablando de elecciones. Y, desde luego, de la misma forma que no tengo intenciones de recomendarle a usted qué debe cenar, qué color de camisa usar, qué chaqueta va bien con su peinado o qué tipo de colonia es mejor para la fiesta de mañana, tampoco voy a decirle a quién debe votar. Pero sí que me gustaría contar una historia. Es una historia de aventura, de orgullo, vanidad, engaños, traiciones, elecciones y, cómo no, decepciones.

La noche del lunes, 26 de septiembre de 1960, había 60 millones de personas viendo la televisión, y no era para ver un partido de fútbol, ni de baloncesto, ni una carrera de coches. Se trataba del debate televisado entre Richard Nixon y John F. Kennedy. Nixon tenía todas las de ganar, se sentía confiado, las cosas iban muy bien.

–Tú tranquilo, que la Casa Blanca es tuya –le aseguraban sus asesores.

Nixon sonreía a todos; el sillón del poder, la gloria y la vanidad estaba a su alcance.

El debate contra Kennedy transcurría con normalidad y las cosas parecían ir bien para Nixon. Hasta que, en medio del debate, Nixon se sacó un pañuelo blanco del bolsillo y se secó el sudor de la frente: un gesto inocente y sin importancia. Pero los votantes no lo vieron así: para ellos, ese pañuelo fue el símbolo de la rendición, la derrota y la inseguridad. La consecuencia es que eligieron a Kennedy. Los expertos aseguraron que ese gesto le costó la presidencia, y con ese gesto, también, quedó oficialmente inaugurado el marketing político. Cuentan que, desde entonces, una buena corbata vale más que una buena idea; un buen peinado acompañado de una buena sonrisa es mejor que el sentido común; un traje elegante, más que la honradez. Como consecuencia de eso, los despachos, pasillos y cafeterías de los centros de poder se llenaron de prét-à-porter. Y las consecuencias son, bueno, son las que estamos viendo. Pero ¿por qué?, ¿cómo ha ocurrido esto?

La respuesta es que los políticos utilizan el marketing, y el marketing es una estrategia encaminada a influir sobre el comportamiento de los consumidores o, en este caso, de los votantes. Según Gerald Zaltman, catedrático de Marketing en la Harvard Business School, “los humanos pensamos en imágenes, no en palabras”. En su libro “Cómo piensan los consumidores”, sostiene que el 95% de los pensamientos, incluidas las decisiones de compra (o de cualquier elección) tienen lugar en el inconsciente; no son decisiones racionales. En definitiva, según Zaltman: el consumidor-votante es un ser con una memoria frágil y más emocional que racional.

Puede ser que Gerald Zaltman, como muchos otros expertos en este campo, con estos descubrimientos se sientan en la vanguardia de la psicología moderna, escriban más libros, den más conferencias y reciban premios y más premios. Pero eso es porque no han leído a Homero. Allí, en La Odisea, un texto del siglo VIII a.C., hay un pequeño capítulo titulado “El canto de las sirenas”, en el que Ulises es advertido de los peligros de que sean las emociones las que tomen el mando en vez de la razón. Dice así:

Las sirenas tienen cuerpo de pájaro y cabeza de mujer. Viven en una isla rodeada de cadáveres y esqueletos de barcos. ¿Por qué? Fácil, su canto es tan extraordinario que el que lo escucha sólo desea alcanzarlas y, claro, se estrella con barco y todo contra las rocas de la isla. Y si alguno sobrevive, ya se encargan ellas de matarlo.

Ulises ya está prevenido. Hace que sus compañeros se tapen los oídos con cera. Él les pide que le aten al palo mayor y que no le suelten por más que suplique.

Ulises es demasiado curioso. Necesita saberlo todo, conocerlo todo y no le importa poner en peligro su vida.

Ulises escucha el canto de las sirenas. Le hablan de sus alabanzas, de sus aventuras, y él hubiese querido arrojarse al mar para llegar hasta ellas.

Ulises sabe que el canto de las sirenas representa el poder de las emociones sobre la razón. Y del peligro, para todo aquel que caiga bajo el hechizo de las sirenas, de las emociones, de estrellar el navío contra los arrecifes, de hundirlo y de naufragar. Bueno, un barco, un pequeño negocio, un gran banco, una familia, un ayuntamiento o un país entero. Así que, queridos lectores, si quieren llegar a Ítaca, o sea, si quieren elegir bien, sea lo que sea, tápense los oídos con cera y átense con firmes al mástil de la razón.

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Cambiando la hora… para cambiar el mundo

Viernes, 4 de noviembre de 2011 por Tachen


Hace pocos días en algunas zonas de la Tierra hemos cambiado la hora, con el objeto de conseguir un ahorro energético. Bueno, en realidad ahora, en el hemisferio Norte, en el que nos acercamos al Invierno, lo que hemos hecho ha sido ajustarnos un poco más a la hora solar, pues en Primavera habíamos creado un desajuste de una hora.

Como un síntoma de estos tiempos, en Internet sólo encontraremos críticas al cambio de hora. También en las conversaciones con familia, amigos o compañeros de trabajo todo el mundo critica este cambio pues “ahora anochece mucho antes”. No se dan cuenta de que en realidad era antes cuando estábamos desajustados. Es más, en el caso de España el desajuste es mayor, pues siempre tenemos una hora menos de lo que nos correspondería por el meridiano en el que estamos.

Es curiosa la diferente actitud de la gente ante el tiempo. En mi caso, el cambio de hora me llena de alegría en Primavera, porque empezamos a disfrutar de unas tardes más largas y de mayor duración de los días (por la aproximación del solsticio). Pero también me gusta el cambio de hora que hemos tenido el fin de semana pasado. El día anterior, dándome cuenta de que el día duraría una hora más, me preguntaba la de cosas que podría hacer en esa hora. Ya sé que la mayoría de la gente suele decir “¡voy a dormir una hora más! Pero también podemos pensar la de cosas que se podrían hacer en esa hora por el bien de la Humanidad.

Recordaba la anécdota que leí del recientemente desaparecido Steve Jobs, cuando estaba con otro ingeniero creando el ordenador Macintosh. Jobs se quejó de que el sistema operativo tardaba en arrancar. Los cálculos que leí no me parecieron realistas y a mi entender contenían varios errores, pero voy a rehacer ese cálculo con datos actuales. Si cada día encienden un ordenador mil millones de personas y éste tarda 1 segundo de más en arrancar, al cabo del año, el total asciende a una pérdida de algo más de 100 millones de horas. Si una persona alcanza por término medio 70 años de vida, o 600 mil horas, el ahorro de un segundo equivale a la vida de 165 personas. La queja de Jobs al programador fue “si con ello pudieras salvar la vida de al menos una persona, ¿no encontrarías la forma de acortar el arranque unos segundos?”.

Efectivamente, si cada uno de nosotros aprovecháramos para hacer el bien un segundo más al día, una hora más al año o toda una vida nuestro mundo sería mucho mejor. Y si además ahorramos energía, disfrutamos de más luz o de una hora más de la noche, además de más buenos, seríamos más felices.

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