Pensar el futuro

Domingo, 13 de mayo de 2012 por M.Dolores

 

Vivimos tan sometidos por las urgencias que nos impone el presente que apenas si nos queda tiempo para sobrevolar por encima de las circunstancias y mirar más allá, tratando de avistar qué nos depara el tiempo que aún no ha transcurrido. Con una especie de infantil insensatez, preferimos ignorar que inexorablemente se van a ir produciendo cambios y que el espejismo de nuestra seguridad transitoria podría desvanecerse.

Si hacemos caso a los avances que nos proporcionan quienes se dedican a otear el horizonte, buscando las señales de advertencia que emite el futuro, mucho más cercano de lo que podamos suponer, tenemos que deducir que haríamos bien en prepararnos un poco, pues las perspectivas no parecen halagüeñas en ningún sentido. Una simple mirada a las noticias que nos depara la actualidad nos permite advertir la dirección que van tomando los acontecimientos y reconocer que, como ya se venía anunciando desde hace decenios, cada vez con más claridad se detectan los signos de medievalización de nuestras sociedades, por calificar de alguna manera los cambios que se están produciendo cada vez con mayor rapidez, con mayor claridad.

La filosofía viene en nuestra ayuda, a la hora de enfocar de manera equilibrada nuestra postura ante ese futuro que se nos presenta incierto e inestable, pues, a través de la Historia, se han experimentado fórmulas eficaces para atravesar con éxito los tiempos turbulentos y nos ofrece los medios para adoptar esas actitudes que nos van a permitir salir adelante, sabiendo encontrar las causas de los fenómenos que se producen a nuestro alrededor. Estamos hablando de una filosofía para la vida, no un ejercicio intelectual teorético, con el que tan a menudo se confunde al eterno amor a la sabiduría que encierra su significado.

En nuestros cursos y actividades, nosotros invitamos a todos los que se hacen preguntas a que indaguen por sí mismos las respuestas que ofrece la filosofía atemporal, para comprender el futuro que nos depara el tiempo y actuar en consecuencia, para mantener siempre la iniciativa y no vernos arrastrados por los acontecimientos como les suele ocurrir a los que se olvidan de pensar.

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Las matemáticas y el mercado laboral español

Sábado, 28 de abril de 2012 por Rafa

Las matemáticas confirman el caos del mercado laboral español

Hiperión es un satélite con forma de patata que orbita alrededor de Saturno. Visto así, es posible que usted crea que su historia laboral no tiene nada en común con Hiperión. Pero se equivoca. Porque una de las características de este Hiperión es que la rotación sobre su propio eje es caótica. Y eso es lo que precisamente ha encontrado la profesora Elena Olmedo Fernández en el mercado laboral español: caos.

Este descubrimiento se ha publicado en la importante revista “Chaos, Solitons & Fractals”. El trabajo se pudo realizar gracias a los datos sobre el desempleo facilitados por el INEM a lo largo de 36 años, entre 1965 y 2001. Con esos datos se ha calculado el denominado “máximo exponente de Lyapunov”. Los exponentes de Liapunov, como ahora se les conoce, son un conjunto de números que se emplean para detectar la presencia del caos en los sistemas dinámicos. Y lo que han revelado es lo que cualquier parado sabe: que el mercado laboral español es caótico.

Un sistema dinámico es caótico cuando es muy difícil predecir su comportamiento, su evolución en el tiempo. En palabras de la propia Elena Olmedo, un sistema es caótico cuando su comportamiento es “altamente complejo e impredecible a largo plazo”. Esto no significa que sea imposible de predecir. “Porque –continúa la profesora Olmedo– a corto plazo, se puede predecir, aunque para ello hay que utilizar modelos no lineales que capten la complejidad del comportamiento observado”. Traducido: no cuente con que su empleo le dure tanto como su hipoteca.

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La virtud, semilla divina

Domingo, 15 de abril de 2012 por M.Angel

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Chismografía

Lunes, 2 de abril de 2012 por Melinda

¿Pensábamos que lo de chismorrear era una enfermedad propia de nuestro tiempo? ¿Que era un invento de las teles? (Bueno, hay que reconocer que fomentan mucho este asunto, para qué nos vamos a engañar). Pero ya Francisco Rodríguez Marín, a caballo entre el siglo XIX y el XX, escribió este soneto al que tituló

CHISMOGRAFÍA

Dícenme que decís, ex reina mía,

que os dicen que yo he dicho aquel secreto.

Y yo digo que os digo en un soneto

que es decir por decir tal tontería.

 

¡Que tal cosa digáis!… ¡Quién lo diría!

¡Digo! ¿Iba yo a decir?… Digo y prometo

que digan lo que digan, yo respeto

lo que decís que os dije el otro día.

 

No digo que no digan (y me aflige)

lo que decís que dicen, pues barrunto

que dicen que hay quien dice por capricho.

 

Mas decid vos que digo que no dije

lo que dicen que dije de este asunto:

ni dije, ni diré. ¡Lo dicho, dicho!

 

Más allá de la broma, como amantes de la filosofía, hemos de preferir la verdad a las medidas verdades, a las opiniones gratuitas, a creernos a pies juntillas lo que repite la mayoría sin contrastarlo con nuestro propio criterio.

Ya nos avisó Platón de que entre la verdad y la ignorancia hay un largo camino de opiniones. Pero sería bueno que, por lo menos como meta, aspiremos a no enredarnos en las opiniones vacías y pretendamos rescatar una gota de verdad antes que alimentar los dimes y diretes  de los demás y los que ponemos nosotros mismos en circulación.

Como dijo Marco Aurelio: “Si eso no es bueno, no lo hagas; si no es verdad, no lo digas; tú eres quien debes juzgarlo”.

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¿Somos capaces de reconocer lo bello?

Martes, 20 de marzo de 2012 por Rafa


¿Somos capaces de percibir lo bello? ¿Somos capaces de reconocer el talento? ¿Nos pararíamos a disfrutarlo? Estas son algunas de las preguntas recogidas en una especie de experimento acerca de percepciones y prioridades hecho por el periódico de Washington Post. El experimento no es reciente, data del año 2007, pero la cuestión es actual. A primera vista, las preguntas parecen inocentes, casi infantiles; al fin y al cabo, todos creemos que somos capaces de reconocer lo bello; pero ¿los somos?

Para contestar a estas preguntas, el Washington Post preparó un concierto de violín en la céntrica estación de L’Enfant Plaza, en la capital de Estado Unidos, Washington. Se trataba de averiguar cuántas personas perciben la música; cuántas reconocen esa música como bella; cuántas se pararán para escucharla y cuántas darán un donativo.

Sería interesante, antes de continuar leyendo, que cada lector se hiciera la pregunta: ¿qué ocurrirá? Veamos lo que el director de orquesta Leonard Slatkin contestó a esa misma pregunta: “Creo que quizás 35 ó 40 reconocerán la calidad. Unos 75 ó 100 se pararán para escuchar la música unos minutos. Y entre todos donarán unos 150 dólares”.

Veamos qué ocurrió. Estación de L’Enfant Plaza, 7:51 de la mañana de un frío 12 de enero de la ciudad de Washington. Un joven llamado Bell, vestido con pantalones vaqueros, una camiseta de manga larga y una gorra entra en la estación, desenfunda su violín y comienza a tocar.

Y esto fue lo que  ocurrió. Pasaron tres minutos y 63 personas hasta que alguien percibiera la música por primera vez. A los 43 minutos habían pasado ante él 1.070 personas. Solo 27 personas le dieron dinero, la mayoría sin pararse ni un segundo. En total, recogió de la funda del violín 32 dólares y 17 céntimos. Muy lejos de los 150 dólares previstos por Leonard Slatkin. Y mucho más lejos de los 100 dólares de media, y por asiento, que solo unos días antes habían pagado por escucharle tocar en el Boston Symphony Hall, que, ese día, registró un lleno completo.

Porque el joven Bell, que tocaba en la estación de metro con camiseta y gorra, no era otro que el virtuoso y famoso violinista Joshua Bell. El mismo que interpretó la parte solista de la maravillosa película “El violín rojo”. Película que recibió un Óscar a la mejor banda sonora. El mismo que, una fría mañana de enero, interpretó, en la estación de metro, una partitura de Johann Sebastian Bach, seguida del Ave María, de Schubert…Y los interpretó, nada más y nada menos, que con un Stradivarius de 1713 valorado en más de 8 millones de dólares. Y todo por 32 dólares y 17 céntimos.

http://www.youtube.com/watch?v=myq8upzJDJc

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Apreciar lo que tenemos

Jueves, 8 de marzo de 2012 por Melinda

 

A veces, dedicamos tanto tiempo a echar la cuenta de lo que no tenemos y de lo mal que se nos ponen las cosas en el quehacer de todos los días (mi trabajo peligra, la crisis me amenaza, Pepito –o Pepita– no me quiere), que se nos olvida apreciar todo lo bueno que cae en nuestro camino, y la existencia se convierte en un campo de batalla donde a veces nos peleamos con el enemigo equivocado, mientras el tiempo avanza inexorablemente en el reloj de arena que la vida dejó en nuestra mesilla de noche cuando llegamos.

Como filósofos, sabemos que la vida está ofreciéndonos continuas lecciones, a veces con situaciones que juzgamos positivas, a veces con aparentes injusticias que el destino nos envía sin que en nuestra opinión nos hayamos merecido tal prueba.

Puede ser que solo sea cuestión de poner un poco de atención, porque parece que no es mal de nuestro tiempo, sino que acompaña a la naturaleza humana desde siempre. Ya Cervantes (que paseó por Castilla allá por el siglo XVI nada menos) lo caló en esta letrilla:

Busco en la muerte la vida,

salud en la enfermedad,

en la prisión libertad,

en lo cerrado salida

y en el traidor lealtad.

Pero mi suerte,

de quien jamás espero algún bien

con el cielo ha estatuido

que pues lo imposible pido

lo posible aún no me den.

Tal vez podríamos hacer algo distinto a lo que nos lleva el movimiento natural de nuestro mundo cotidiano: disfrutemos de las cosas buenas que nos pasan, apreciemos lo que sí tenemos y aprendamos de lo que consideramos reveses, y la vida, seguramente, adquirirá un nuevo color más luminoso. Puede, incluso, que encontremos sentido hasta a aquello que nos golpea, y que entendamos cuál era la lección que debíamos aprender. Vaya por Cervantes.

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Conocerse a sí mismo

Lunes, 27 de febrero de 2012 por M.Angel

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¿Te gusta el carnaval?

Jueves, 16 de febrero de 2012 por Rafa

Febrero nos ha traído una ola de frío, y en algunas ciudades, también nos trae el carnaval. Y eso fue lo que me recordó Juan, un conocido mío, cuando hace unos días me preguntó:

–¿Qué, te gustan las chirigotas de este año?

–Pues, la verdad es que no escucho muchas chirigotas.

–Bueno –continuó animado–, ¿de qué te vas a disfrazar este año?

–De nada; más bien intentaré, como otros años, huir de la ciudad durante el carnaval.

–Entonces –insistió–, parece que no te gusta mucho el carnaval.

A esta última pregunta, mi respuesta fue un sonoro y corto ¡NO!

De vuelta a casa, que para mí es un paseo en bicicleta, reflexioné sobre la pregunta de Juan. Y me dije: “pero, chico, qué te pasa, ¿por qué no te gusta el carnaval? Los amigos se reúnen, comparten una copa o dos, cantan, se disfrazan, bailan y todo es alegría”. “Bueno –pensé–, esas cosas, de vez en cuando sí que me gustan. Entonces, ¿por qué contestaste con un no?”

Bueno, querido Juan, lo siento. Si me volvieras a preguntar otra vez, cosa que dudo, te contestaría que el carnaval sí me gusta. Que, en realidad, lo que no me gusta es la mentalidad carnavalesca. Ese tipo de mentalidad que se ha extendido por todos los rincones. Esa mentalidad cuya triste máscara es una falta de seriedad, interés y responsabilidad en todo lo que hacemos: se da entre banqueros, políticos, fontaneros, albañiles, jueces, peluqueros, entre pilotos y militares. Esa es la mentalidad que hace que muchas personas vivan en un permanente carnaval. Creo, estimado Juan, que hay un tiempo para cada cosa. Hay un tiempo para leer, para pasear, un tiempo para trabajar y ser ordenados y puntuales, un tiempo para reflexionar sobre las cosas importantes y un tiempo, cómo no, para divertirse, bailar y beber. Lo que no puede ser es que una cosa nos ocupe todo el tiempo.

Hasta pronto Juan, y que disfrutes del carnaval.

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Eres tú

Domingo, 5 de febrero de 2012 por Tachen

Creo que en otra ocasión he comentado que algunas canciones de amor podrían perfectamente entenderse dentro de un contexto más espiritual. No es de extrañar, pues dentro de la tradición platónica, se distingue entre el amor terrenal entre cuerpos (eros pandemos) y el amor celeste entre almas (eros pteros). De esta forma, habrá canciones que cantan a un tipo de amor o a otro.

La canción que traigo hoy tiene como autor de la letra y de la música a Juan Carlos Calderón, uno de los compositores más afamados de numerosos cantantes de música melódica y pop española y sudamericana.

Esta canción la compuso para el grupo Mocedades en su participación del festival de Eurovisión de 1973. La canción quedó en segundo lugar, pese a su extraordinaria interpretación, y de hecho llegó a las listas de éxitos internacionales y se han hecho más de 70 versiones; sin embargo, de la canción luxemburguesa ganadora nadie se acuerda.

Va primero la letra:

Como una promesa, eres tú, eres tú.
Como una mañana de verano.
Como una sonrisa, eres tú, eres tú.
Así, así, eres tú.

Toda mi esperanza, eres tú, eres tú.
Como lluvia fresca en mis manos
como fuerte brisa, eres tú, eres tú.
Así, así, eres tú.

Eres tú como el agua de mi fuente (algo así eres tú)
Eres tú el fuego de mi hogar
Eres tú como el fuego de mi hoguera
Eres tú el trigo de mi pan.

Como mi poema, eres tú, eres tú.
Como una guitarra en la noche,
todo mi horizonte eres tú, eres tú.
Así, así, eres tú.

Eres tú como el agua de mi fuente (algo así eres tú)
Eres tú el fuego de mi hogar
Eres tú como el fuego de mi hoguera
Eres tú el trigo de mi pan.

Para mí, todo el texto puede tener un contenido filosófico: ¿quién no diría que la filosofía es “el fuego de mi hoguera”? O que la filosofía es una promesa, una esperanza, mi horizonte…

La versión que traigo es la original en directo del Festival de 1973. Aunque los escenarios, los atuendos y los peinados de los intérpretes hayan pasado de moda, la letra es atemporal. Disfrutad de ella.

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Siempre hay luz

Viernes, 27 de enero de 2012 por M.Angel

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