
Recientemente oí a unos amigos cantando esta vieja canción, que me recordaba aquellos momentos entre el fin del franquismo y el comienzo de la transición. Me trajo muy buenos recuerdos en los que tanta gente joven recuperaba una esperanza por hacer nuevas cosas, por emplear una libertad que nunca habíamos disfrutado. Y por ese motivo quería traerla a esta sección.
Esta es una canción de esperanza, pero también de lucha, de voluntad férrea por conseguir aquello que se quiere con todas nuestras fuerzas.
Me llamaron la atención unas declaraciones de su autor, Lluis Llach, en las que decía que esta canción le había creado un pequeño trauma, hasta el punto de que había acabado cogiéndole manía. El motivo es que, mientras otras canciones suyas eran cantadas por su sentido reivindicativo en fábricas o manifestaciones, esta la había escuchado cantar en las iglesias, y escuchar esta canción interpretada por coros de monjas le producía «psicosis»…
Pienso que este hecho no debe ser interpretado como algo negativo, sino que demuestra la universalidad y trascendencia de su mensaje. Mensaje, que en palabras de L. Llach es «que la ilusión no se apague y que nos mantengamos siempre atentos a la belleza».