Libertad, igualdad, fraternidad…

Martes, 13 de enero de 2015 por M.Angel

 

LIBERTAD IGUALDAD FRATERNIDAD 2

Escrito por

Miguel Ángel Padilla

Los últimos atentados perpetrados por el terrorismo islamista en Francia han puesto en pie a medio mundo para reivindicar y fortalecer la conciencia en torno a los pilares que dieron nacimiento a la moderna Europa y a los valores democráticos occidentales. Unos pilares que no son económicos, religiosos ni políticos sino éticos, de altos Valores Humanos.

Los ideales de la Revolución francesa, LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD, hacen referencia a la dignidad del individuo, al valor del ser humano en sí mismo, a su derecho al desarrollo, a la realización como persona y a la concordia necesaria para hacer posible la convivencia. Se trata del ser humano como fin, y no como instrumento económico, religioso o ideológico.

El logro de esta concepción de la vida es fruto de un esfuerzo de maduración, educación y compromiso social (aunque no cabe duda de que todavía queda mucho recorrido por realizar).

Una vez más se pone de manifiesto que son las ideas las que sostienen la prosperidad, la estabilidad y el desarrollo íntegro de las sociedades, afirmadas en la conciencia, las leyes y el ejemplo individual y colectivo.

Pero son también ideas, ideas de fanatismo nacidas de la ignorancia, el odio y el miedo, las que mueven a la barbarie del terrorismo.

¿Cuáles son las IDEAS que pueden contrarrestar a los totalitarismos y extremismos, ya sean religiosos o ideológicos?

La consigna de Libertad, igualdad, fraternidad supone una meta, un horizonte que alcanzar. Los derechos humanos no basta con proclamarlos, hay que crear caminos que nos conduzcan a su conquista.

A los valores colectivos, a la justicia social, solo se puede llegar a través de una ética personal, de los valores de los individuos que configuran una sociedad, de una amplia cultura personal que nos aleje de los fanatismos, a través de una firme responsabilidad que nos ratifique en nuestra libertad, y a través de un profundo sentido de unidad con la vida y los demás seres humanos.

Voluntad, Amor e Inteligencia es, desde la filosofía que propone Nueva Acrópolis, la fórmula de regeneración y fortalecimiento de lo mejor de nuestra condición humana, y de los más altos ideales que la humanidad ha concebido, además de ser los pilares en la lucha a largo plazo contra el fanatismo y la corrupción en todos sus aspectos.

Queremos, desde la Organización Internacional Nueva Acrópolis, manifestar nuestra más absoluta repulsa por los atentados cometidos en París y por la ola de fanatismo, oscurantismo y terror en que nos estamos viendo inmersos en los inicios de este siglo XXI.

P. D. Voltaire, Tratado sobre la tolerancia, capítulo XXIII:

Ya no es, por lo tanto, a los hombres a los que me dirijo; es a Ti, Dios de todos los seres, de todos los mundos y de todos los tiempos: si está permitido a unas débiles criaturas perdidas en la inmensidad, e imperceptibles al resto del universo, osar pedirte algo a Ti, que lo has dado todo, a Ti, cuyos decretos son tan inmutables como eternos, dígnate mirar con piedad los errores inherentes a nuestra naturaleza; que esos errores no sean causantes de nuestras calamidades.

Tú no nos has dado un corazón para que nos odiemos, y manos para que nos degollemos.

Haz que nos ayudemos mutuamente a soportar el fardo de una vida penosa y pasajera;

que las pequeñas diferencias entre los vestidos que cubren nuestros débiles cuerpos, entre todos nuestros idiomas insuficientes, entre todas nuestras costumbres ridículas, entre todas nuestras leyes imperfectas, entre todas nuestras opiniones insensatas, entre todas nuestras condiciones tan desproporcionadas a nuestros ojos y tan semejantes ante Ti; que todos esos pequeños matices que distinguen a los átomos llamados seres humanos no sean señales de odio y persecución;

que los que encienden cirios en pleno día para celebrarte soporten a los que se contentan con la luz de tu sol;

que aquellos que cubren su traje con una tela blanca para decir que hay que amarte no detesten a los que dicen la misma cosa bajo una capa de lana negra;

que dé lo mismo adorarte en una jerga formada de una antigua lengua o en una jerga más moderna;

que aquellos cuyas vestiduras están teñidas de rojo o violeta, que mandan en una pequeña parcela de un pequeño montón de barro de este mundo y que poseen algunos fragmentos redondeados de cierto metal, gocen sin orgullo de lo que llaman grandeza y riqueza, y que los demás los miren sin envidia: porque Tú sabes que no hay en estas vanidades ni nada que envidiar ni nada de que enorgullecerse.

¡Ojalá todos los hombres se acuerden de que son hermanos!

¡Que odien la tiranía ejercida sobre sus almas como odian el latrocinio que arrebata a la fuerza el fruto del trabajo y de la industria pacífica!

Si los azotes de la guerra son inevitables, no nos odiemos, no nos destrocemos unos a otros en el seno de la paz, y empleemos el instante de nuestra existencia en bendecir por igual, en mil lenguas diversas, desde Siam a California, Tu bondad, que nos ha concedido ese instante.

Detalles

Martes, 6 de enero de 2015 por M.Angel

detalles

Capitalism is fun?

Martes, 30 de diciembre de 2014 por Otros

Capitalism is fun?

¿El capitalismo es divertido?

Publicado el 28 de diciembre de 2014  en http://www.photos-art.org/capitalism-is-fun/

Pierre Poulain

¿El capitalismo es divertido? ¿De verdad? Puedo pensar en un montón de maneras de definir el capitalismo, y tengo que confesar que “diversión” no está en mi lista. Pero a lo mejor soy yo. Entiendo “diversión” como disfrute, placer, ocio…, y me parece que si algunas personas disfrutan del capitalismo, deben de ser tan pocas en número que me hace difícil calificar este sistema político como divertido. Preferiría calificarlo como materialista, que propicia el consumismo, superficial, egoísta…, pero tal vez estoy equivocado. Quizás no entienda bien el idioma inglés, y debería saber que “diversión” está relacionada con broma, chiste, o incluso con truco. En ese caso , estoy de acuerdo, el capitalismo es una broma. El capitalismo es divertido.

Diagnóstico: cáncer

Lunes, 22 de diciembre de 2014 por Otros

DIAGNOSTICO CANCER

Escrito por Elena Sabidó

Lo recuerdo como si fuese ayer: un día cualquiera que se convirtió en un día terrible. Una noticia inesperada y nada buena. ¿Cómo puede ser? ¿Cómo me puede pasar a mí? ¿Qué he hecho para merecer esto? ¡Es injusto! ¡La vida es injusta! ¡No hay derecho!… Realmente, así se reciben las malas noticias, pero ¿es realmente así?

Cuando vas al médico por una molestia, lo último que esperas es que te digan la palabra maldita: cáncer. El mundo se para, el miedo se apodera de todo tu ser y no puedes contener las lágrimas. No lo crees, no puede ser, “a mí, no”.

Los primeros momentos, los primeros días no hay consuelo posible y no ves ninguna luz. Nada da consuelo, nada te tranquiliza, nadie comprende lo que estás pasando, ninguna persona puede entender o ponerse en tu lugar. Todos son afortunados menos yo.

Y tal vez eso es bueno al principio. Necesitas un tiempo de aceptación e incluso la autocompasión momentánea, por qué no. Pero no hay que dejar que estos sentimientos se apoderen de uno. Si paras unos instantes el carrusel de emociones, te das cuenta de que tal vez estás enfocando todo el tema de una manera errónea. Demasiado mirarse el ombligo. Sí, he dicho exactamente lo que quería decir: de manera errónea. Es verdad que lo que viene no es un camino fácil, y “quién sabe si saldré o no victoriosa”. Pero sea como fuere, hay que salir del agujero de dolor y autocompasión y seguir adelante, ponerse manos a la obra y luchar, luchar por uno mismo y por los demás. ¿O acaso los grandes héroes de antaño no luchaban con riesgo de perder su vida, una y otra vez? Y aun así nada les detenía. Caían una y mil veces y se levantaban. Llegaban al pozo más oscuro y profundo y nada les impedía volver a la superficie.

Pues del mismo modo hay que actuar cuando la vida nos pone ante una situación de tal magnitud.

Evidentemente, los médicos usarán todas sus herramientas para curar nuestro cuerpo, que en el caso de estas dolencias a menudo son casi peores sus efectos secundarios que la propia enfermedad. Pero hay algo muy claro: si no nos enfrentamos a ello con una sonrisa, con una buena actitud y con la idea de ganar por encima de cualquier otra, será mucho más difícil o imposible salir vencedor. La medicina se da cuenta hoy en día de la necesidad de estos factores y su utilidad en la curación de nuestras enfermedades, y no son pocos los médicos que cada vez valoran más y animan a que los pacientes mantengan en la medida de lo posible el mejor de los ánimos (¡aunque cueste!).

Durante algo más de un año mi vida ha estado en peligro, mi cuerpo llevaba una bomba de relojería dispuesta a explotar en cualquier momento. Pero el temor inicial y la incertidumbre normal en estas circunstancias también han dejado paso a cierta reflexión, cierta aceptación de la situación, necesaria para ponerme en marcha para enfrentar la batalla y finalmente llegar a una victoria más que deseada.

Pero cuidado. No me entendáis mal: no quiero dar la impresión de tener la receta mágica para vencer al cáncer, ni de saber más que los médicos o menospreciar a los que como yo han padecido esta enfermedad luchando hasta el final y tal vez no pudieron curarse. Lo que me gustaría transmitir con mi testimonio es que, a pesar de haber estado en peligro mi vida, a pesar de sufrir una amenaza real en mi cuerpo, a pesar de todo ello y aunque el pronóstico hubiese sido fatal, nunca debemos dejar de luchar con una sonrisa ante la vida. Y si el miedo a la Parca nos paraliza, solo entonces hay que pensar como decía Epicuro: “La muerte es una quimera, porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo”. No hay que rendirse ni tener miedo, pues aunque no recordemos qué hay antes o después de la vida, ello no significa que sea malo.

La muerte es algo por lo que todos nosotros pasaremos. Nos guste o no. Unos antes y otros después. Unos, tras una vida larga, y otros, tras una enfermedad. No es fácil enfrentarse a esta idea, es cierto. Mucho menos cuando esta muerte puede acontecer antes de lo que querríamos para nosotros o para nuestros seres queridos. Pero que no sea un cáncer y sus posibles consecuencias un motivo para dejar de luchar, dejar de vivir o dejar de disfrutar de las maravillas del mundo.

Quién sabe el motivo por el que un día mi cuerpo empezó a producir de manera descontrolada unas células que me enfermaron. Tal vez, como decían los antiguos sabios, no había suficiente armonía en mí, o tal vez la vida ha querido darme un “toque” de advertencia por algo que no estoy haciendo como debería. Sea como fuese, ahora tengo una nueva oportunidad de ordenar mi mente y mi cuerpo, y de aprovechar todo lo que la vida me ofrece.

Algunos me preguntan: “¿No tienes miedo de que vuelva la enfermedad?”. Pues claro que hay cierto temor, sería absurdo negarlo. Pero ¿de qué me sirve “pre-ocuparme” ahora por ello?

Ahora es tiempo de reflexionar, de vivir de manera más sana, de amar más, de dar importancia a las cosas que realmente la tienen y no dejar que las cosas absurdas me ocupen ni un solo minuto de mi vida.

Tecnología: ¿a favor o en contra?

Martes, 16 de diciembre de 2014 por Fátima

TECNOLOGIAEsta es la pregunta que mucha gente se hace. ¿Hay que estar a favor o en contra de la tecnología? Parece que necesariamente la respuesta tuviera que ser “sí” o “no”. Pero no es así. La respuesta es “depende”.

Una de las principales razones a favor del uso de la tecnología es el ahorro de trabajo, tiempo y dinero. La tecnología permite que realicemos mucho más rápido y mejor muchas tareas hasta ahora tediosas. Algunas directamente las realizan las máquinas. El ser humano solo interviene en el proceso de analizar los datos procesados por los ordenadores, y pronto eso tampoco será necesario.

En los últimos años, los avances tecnológicos han permitido desarrollar nuevas técnicas de diagnóstico; asistencia robótica para operaciones delicadas; conversaciones en tiempo real desde puntos remotos del planeta; la puesta en común, gracias a la digitalización y la creación de repositorios, de bibliotecas completas, estudios académicos, investigaciones, tesis… Podemos mirar al espacio desde un ordenador en nuestras casas, y aunque eso no suple la íntima comunión de elevar los ojos al cielo y mirar las estrellas (siempre que estés muy lejos de la ciudad), sí que ayuda a muchos aficionados pedir tiempo de los telescopios profesionales para ver allá donde los ojos no alcanzan.

La tecnología ayuda a que millones de personas en todo el mundo puedan acceder a todo tipo de documentos y archivos, en lo que se ha dado en llamar la “democratización” del conocimiento. Algo que tendría que ayudar a diluir las cada vez más marcadas líneas que separan a los ricos de los pobres, siempre que los pobres también puedan acceder a Internet.

Igual que hablamos de las ventajas del mundo tecnológico podríamos listar los problemas que genera… pero entonces nos tendríamos que dar cuenta de algo. Los beneficios de la tecnología corresponden al abanico amplio de sus posibilidades. Sus perjuicios provienen del mal uso o mal entendimiento que se hace de ella.

Un ejemplo. Un beneficio que permite la tecnología es poder guardar infinidad de contactos en la memoria del teléfono para acceder a ellos fácilmente. El perjuicio es que la tendencia humana a aplicar la ley del mínimo esfuerzo ha ocasionado una “desmemorización” de la sociedad. Efectivamente, no es que los móviles nos hagan más olvidadizos, es que al hacerlo el teléfono por nosotros, hemos pensado: “¡qué bien, un esfuerzo menos!”, y hemos abandonado el ejercicio de nuestra memoria, perdiendo parte de nuestras capacidades.

Con la escritura pasa otro tanto de lo mismo. Estudios recientes demuestran que la escritura manual ayuda a fijar en la memoria los conceptos escritos mejor que la escritura con teclado. ¿Quiere eso decir que debemos abandonar las ventajas del ordenador? No. Pero sí que debemos hacer el pequeño esfuerzo de no sustituir totalmente el boli por las teclas, y reservar una parte de nuestra escritura solo al ejercicio de la mano.

El hombre también está enseñando a las máquinas a tomar decisiones. Uno de los mayores miedos del ser humano es el de cometer errores. El factor humano como principal origen de los fallos en los protocolos de seguridad ha llevado a muchas empresas y Gobiernos a abandonar en manos de las máquinas la total gestión de los procesos. Algo que denota la incapacidad para entender el sentido real del trabajo y las acciones que realizamos. Otorgar a las máquinas el don de decidir puede que evite los errores humanos, pero también evitará que se desarrolle algo mucho más valioso, aquello que ha hecho posible que las máquinas, y tantas otras cosas, existan hoy: la experiencia.

El amor

Martes, 9 de diciembre de 2014 por Melinda

EL AMOR

Johann Pachelbel: Canon en re mayor

Sábado, 22 de noviembre de 2014 por Otros

PACHELBEL

 

Publicado el 8 de diciembre de 2011  en

http://www.filosofiaparalavida.org/2011_12_johann-pachelbel-canon-en-re-mayor.html

Ariel Flores

El Canon en re mayor, de Johann Pachelbel, es sin lugar a dudas una de las piezas más conocidas del periodo barroco. Pachelbel fue alemán, nacido en 1653, compositor de música de cámara, con varias sonatas y fugas, muchas de las cuales se extraviaron.

En realidad, no existe recuento histórico fiable sobre exactamente cuándo y por qué fue compuesta esta pieza, pero la versión más popular es que fue compuesta por Pachelbel para la boda de Johann Chiristoph Bach, quien era el hermano mayor de Johann Sebastian Bach.

Los cánones eran muy populares en las reuniones sociales del siglo XV, y quizá también por eso hoy día son tan populares en las ceremonias de boda.

Un canon es una pieza musical que utiliza la técnica de contrapunto imitativo, así como la fuga, donde se utiliza el contrapunto. Los estilos contrapunto son aquellos en donde dos o más líneas se entremezclan en una misma pieza. La diferencia entre una fuga y un canon reside en que, en la fuga, una línea musical es completamente explayada (o casi explayada) antes que inicie la próxima línea. En el canon, por el contrario, la dinámina del contrapunto imitativo se utiliza cuando ambas líneas emplean el mismo tono, tiempo y ritmo; así, usualmente, una línea inicia; luego, la segunda se une al mismo ritmo y tono, formando una especie de ronda sin fin. Estos tipos de cánones en ronda son normalmente llamados cánones perpetuos.

El Canon en re mayor de Pachelbel es música de cámara para tres violines, cello, mandora y clavicordio, y con esta simple alineación instrumental, Pachelbel logró una melodía tan sutil y simple que, paradójicamente, ha logrado perdurar por más de trescientos años.

Enseñar con el ejemplo

Domingo, 9 de noviembre de 2014 por Melinda

ENSEÑAR CON EL EJEMPLO

Cuando la villanía se convierte en costumbre

Jueves, 30 de octubre de 2014 por Melinda

CUANDO LA VILLANIA

 

Vivimos en una época en la que muchas situaciones parecen empujarnos al desánimo y al hartazgo; el paro nos toca de cerca (si no es a mí, es a mi primo, a mi vecino o a mi amigo); la corrupción es el pan de cada día (el empresario de esta compañía o el político de aquel color); las desigualdades son cada vez más evidentes (a unos los persiguen porque tienen que trepar a una valla si quieren huir de la miseria y recuperar un poco de dignidad; a otros los persiguen porque trepan sobre quien haga falta para salvar los millones que han robado disfrazándose de personas dignas).

Las muchas palabras vacías y biensonantes que hemos escuchado durante tanto tiempo han conseguido que nos planteemos a veces si, de verdad, esto tiene remedio.

Por un lado, los gobernantes aseguran que pondrán “todos los medios” para corregir los desmanes  de aquellos que solo se preocuparon de su propio beneficio. Por otro lado, los que arriesgan su vida y abandonan la comodidad que les tocó en suerte por ayudar desinteresadamente a los que nacieron en lugares apestados de la Tierra, son mirados con recelo a su regreso, porque parece que solo se contagia el ébola y no tanto el valor y la generosidad de la que son admirable ejemplo.

Si uno se deja llevar por lo que ve y oye, la verdad es que es difícil no abandonarse al desaliento, al “vaya un asco”.

Llegados aquí, lo fácil es generalizar: “todos los banqueros son malos”, “todos los políticos son unos mangantes”, “todos los ciudadanos de a pie son unas pobres víctimas”…

Pero si hemos de ser fieles al sentido común, sabemos que “no todos los rubios son inteligentes”, “no todos los asiáticos son economistas” y “no todos los andaluces quieren viajar”. O sea, no hay ninguna generalización verdadera al cien por cien.

Un poco de filosofía nos puede ayudar a separar la paja del grano. Confucio ya nos dijo que el bien ha de pagarse con el bien, y el mal debe ser respondido con la justicia; Ptahotep recomendaba a los funcionarios del antiguo Egipto “que su espíritu esté de acuerdo con su lengua y que sus labios sean justos”; Buda enseñaba en la India que una mano sin heridas puede tocar veneno y, por tanto, no existe el mal para aquellos que no cometen malas acciones; y el romano Epicteto (del que me declaro fan incondicional) ya apuntaló la fortaleza humana con consejos de hondo calado moral a pesar de haber vivido esclavo.

Cuando las nubes de tormenta descargan en la oscuridad de la noche, aprendamos de los que supieron capear muchos temporales. Oigamos los consejos de aquellos que encontraron la receta para vivir como seres con dignidad, válidos hoy como ayer.

No todo está perdido. Podemos conseguir un mundo mejor.

Porque, en realidad, esto no se trata de economía, salud o bienestar. Se trata de aprender a vivir.

¿Que decimos que la filosofía vale para todo?

Pues sí, es que la filosofía vale para todo.

 

Las palabras adecuadas

Martes, 14 de octubre de 2014 por Fátima

LAS PALABRAS ADECUADAS

En cierta ocasión un discípulo preguntó a Confucio qué sería lo primero que haría en el caso de que un rey le confiase el gobierno de un territorio, a lo que Confucio, sin dudarlo, respondió: “Mi primera tarea sería, sin duda, rectificar los nombres”. El discípulo, confundido, le preguntó a su maestro si estaba de broma. Confucio aclaró: “Si los nombres no son correctos, si no están a la altura de las realidades, el lenguaje no tiene objeto. Si el lenguaje no tiene objeto, la acción se vuelve imposible y, por ello, todos los asuntos humanos se desintegran y su gobierno se vuelve sin sentido e imposible. De aquí que la primera tarea de un verdadero estadista sea rectificar los nombres”.

Reconozco que esta anécdota de Confucio ha hecho que me pregunte, por mucho tiempo, lo mismo que su discípulo: ¿estaría de broma?, ¿realmente eso serviría para algo? No hace mucho me di cuenta de por qué decía eso y hasta qué punto era importante.

Hay una empresa estadounidense (no será la única seguramente) que vende sus productos bajo el eslogan “¿Cuánto sabes de ti mismo?”. Pero no vendía nada relacionado con la filosofía o la psicología, sino genotipos. Por 99 dólares y una muestra de sangre te entregaban un sobre con toda la información que eran capaces de extraer, mediante su sofisticada tecnología, de tus genes.

En la televisión, una mujer guapa y delgada demuestra que un laxante te puede hacer sentir mejor, más activa, más vital y hasta más feliz. También hay galletas, compresas, cremas faciales y mahonesas con las mismas propiedades. La vida, la alegría, la solidaridad, el entusiasmo, la superación, el valor y la identidad se venden en latas de Coca-Cola.

El sistema educativo se ampara en los libros de texto, el judicial en las leyes y las políticas de igualdad en la discriminación positiva. Sin embargo, la educación nunca se podrá enseñar con un libro de texto, sino con el ejemplo personal. Y tener más leyes no supone mayor justicia. Curiosamente el mismo Confucio desconfiaba de las leyes, porque pensaba que las leyes alejaban al hombre de la Justicia y le acercaban más a la búsqueda de la trampa. La sola idea de la discriminación habla de un valor negativo. Por mucho que se le ponga detrás la palabra “positiva”, ¿cómo va a ser posible construir la igualdad discriminando?

Realmente los nombres son importantes. Un nombre representa una idea. La idea que se identifica con ese nombre. Cuando se llama algo por el nombre que le corresponde se evoca la idea que encarna. Cuando se llama a algo por un nombre que no le corresponde, las identidades se confunden, y vamos en pos de una cosa, pero nos encontramos con otra. Frustración, desencanto, tristeza… ¿qué otra cosa se puede encontrar cuando se asocia la felicidad con una bebida, una marca de ropa o un centro comercial?

La vitalidad se asocia a unas galletas, la tranquilidad a una compañía de seguros, los bancos tratan de asociarse a valores como la confianza o la veracidad, y si pensamos en felicidad, nos vendrá a la mente que es posible destaparla en una botella de refresco de cola. Una vida de éxito es ir a la Universidad, conseguir un buen trabajo, ganar mucho dinero, casarse, tener hijos, ascender profesionalmente, comprarse un piso en la ciudad, veranear en la playa, esquiar en la sierra, tener al menos dos coches y tener asistenta en casa.

Pero eso no es así, de hecho sabemos que no es así, sabemos que la felicidad, el éxito, la tranquilidad o la justicia no son eso, pero al no corresponder la palabra con la idea, estamos un poco perdidos. Es como si vas al bote de la sal, donde pone sal, pero lo que encuentras es cacao. Y vas al bote donde pone azúcar y hay harina. Si eso no se corrige, si no se mete dentro de cada bote lo que realmente debe haber, acabaremos acostumbrándonos a encontrar harina en el bote del azúcar y cacao en el de la sal, y cuando nos pidan sal daremos cacao y harina cuando nos pidan azúcar.

De ahí la importancia de los nombres adecuados. No podemos llamar educación a la enseñanza intelectual. La enseñanza intelectual es enseñanza intelectual, no educación. Ni podemos llamar justicia a los legalismos, o amistad a los “Me gusta” de Facebook. Si empezamos a llamar a las cosas por su nombre, por su verdadero nombre, estaremos haciendo algo fundamental: ver las cosas como realmente son. Cuando vemos las cosas como son en verdad y no como nos dicen que son, entonces, y solo entonces, podemos llegar a ese punto del que hablaba Confucio: lograr la acción que nos permite hacer un mundo mejor, identificar cuáles son los asuntos humanos, los que de verdad importan al ser humano, y caminar hacia ellos. No están fuera, no se venden en el supermercado, no los regala un banco con la apertura de una nueva cuenta… Están, como siempre, dentro de nosotros mismos. Solo hay que saber llegar hasta ellos.

« Anteriores