Entomología

Viernes, 29 de agosto de 2014 por Tachen

el-coleccionistaPese a la omnipresencia de las telecomunicaciones y de los dispositivos para ponernos en contacto con los demás, ha aumentado el aislamiento, la soledad y la falta de comunicación entre nosotros. Existen numerosos seres solitarios incapaces de comunicarse con otras personas, y que se refugian en su propio mundo idealizado y alejado de la realidad. No es un fenómeno nuevo porque siempre ha habido quienes han construido su propia caverna de Platón: incapaces de vivir la realidad, asustados y carentes del dominio de su destino, construyen su propio mundo de fantasía, en el que aspiran a tener todo bajo control.

La tecnología actual facilita la creación de estos mundos paralelos e irreales que ahora llamamos virtuales. No me refiero a los videojuegos, o a la gente que está “enganchada” al uso de las nuevas tecnologías, o a los mundos virtuales del tipo SecondLife, o a aquellos que prefieren comunicarse o “chatear” con sus amigos por medio del móvil en lugar de hablar directamente, o aquellos que solo conocen las ciudades, los monumentos o los museos a través de las fotos que encuentran en Internet, en lugar de verlos directamente.

En esta ocasión hablaré de un tipo de personajes que llamo “coleccionistas” y que disfrutan reuniendo todo tipo de objetos sin otra finalidad más que la de poseerlos, quizás contemplarlos, quizás clasificarlos, pero seguro que ni siquiera comprenderlos. Son entomólogos, o coleccionistas de mariposas, con el único propósito de conseguir nuevos ejemplares para poner en una vitrina de cristal clavados con agujas para preservar su belleza que contemplan extasiados. Suelen ser personas inteligentes, quizás maniáticas y detallistas, que buscan la perfección absoluta, que no es otra que la que vive en su mente. No les interesa interactuar con el mundo, sino tan solo contemplarlo. Me recuerdan al hombre de negocios de “El Principito”, gente muy “ocupada” en contar lo que “poseen” y “guardar bajo llave en un cajón un papel” con el número de ejemplares de su colección.

Podríamos decir que es una especie de enciclopedismo y remontarnos así a la Historia Natural de Plinio o a los estudios de Aristóteles. O a la Enciclopedia de Diderot y D’Alembert. Pero el propósito de estos autores era ilustrar a las generaciones futuras, haciéndolas más dichosas recopilando los datos obtenidos mediante la investigación científica, y el coleccionismo al que me refiero tiene algo de insano y artificial.

Hay una memorable película de William Wyler, “El coleccionista”, del año 1965, que ilustra este tipo de personajes. Muestra la contraposición entre ese coleccionista de mariposas, encerrado en sí mismo, atormentado, triste y muerto por dentro, alejado del mundo, sin ninguna necesidad de contacto con los demás y que muestra indicios de psicopatía, frente a una hermosa estudiante de bellas artes, una mujer culta, inteligente y llena de vida que le recrimina por la cantidad de mariposas a las que ha privado de vida y libertad para reunir su colección, de la que ella es la última adquisición. No voy a desvelar más detalles porque recomiendo volver a verla.

En la actualidad hay gran variedad de coleccionismos, aunque algunos coleccionistas se autoengañen pensando que su afición es también una forma de inversión económica. Tuve un amigo, Antonio, en los primeros tiempos de la informática, aficionado a guardar todo tipo de vídeos, ya fueran documentales o películas, en cintas de VHS, de las que guardaba miles que no le cabían en su casa. Después se aficionó a coleccionar programas informáticos de todo tipo. Los guardaba en diskettes de 3.5” y tenía cajas y cajas llenas de esos programas que raramente utilizaba, que desconocía su funcionamiento o cómo estaban hechos.

En la primera época de Internet hubo quien se dedicó a coleccionar direcciones de sitios web interesantes. Recuerdo que se publicaban libros enormes, como guías telefónicas con enlaces de todo tipo de temas y asuntos. Todavía se puede comprar la última edición de 1998, el año en que nació Google ;-). Tengo otro amigo, Pepe, que sin realmente entender el funcionamiento de Internet, ni dedicarse a crear sitios web, le gusta tener todos estos recursos archivados. Los que aprendemos cientos de cosas en Internet, los que escribimos en la web, los que creamos sitios web con los escritos de otros, lo hacemos para que los demás lo lean, para que les resulte gratificante, también para entablar una comunicación, un diálogo. Pero estos “coleccionistas” son incapaces de hacer nada interesante con los objetos de su colección y se conforman con saber que “todo está contabilizado”.

¿Y tú, lector?, ¿guardarás esta página entre tus enlaces, la compartirás con otros o aportarás algún comentario en la parte de debajo de la misma?

 

Rock and philo

Viernes, 18 de julio de 2014 por Otros

ROCK AND PHILO

 

Publicado el 22 de octubre de 2013 en
http://acropolis.org.sv/Blogger/?p=61

La música rock goza hoy de un éxito indiscutible entre todas las generaciones, desde su aparición en los años 50 del siglo XX como género propio, a partir de las influencias de estilos como el blues, rhythm and blues, country, gospel, jazz y folk, que florecieron en las ciudades industriales americanas, como un nuevo lenguaje o una nueva forma cultural, propia de la sociedad de la posguerra. A partir de su primera manifestación bailable, el rock and roll ha ido desarrollando subgéneros particulares, con una gran variedad de ritmos e intérpretes que han desbordado todas las fronteras, hasta convertirse en un fenómeno global, con una extraordinaria capacidad para renovarse en sus manifestaciones y actualizaciones. Hoy día, los adolescentes de 14 años “descubren” y escuchan a los Beatles, los Rolling Stones, los Who…, que sus abuelos también escucharon hace 45 años, y comprueban la validez de sus mensajes en el momento presente.

Cabe hacerse la pregunta: ¿por qué la música rock no ha pasado de moda y logra reunir a generaciones?

Es verdad que nos divierte socialmente, que puede transportar nuestro espíritu y darnos algunos escalofríos. Pero el rock es también, probablemente y sobre todo, un portador de sentido: trata en general de las grandes cuestiones que interesan y preocupan a los seres humanos, como ha hecho la filosofía desde siempre.

La primera meditación de Descartes y “Where is my mind” (Dónde está mi mente, de los Pixies) tratan de la misma problemática: ¿lo real es aquello que yo veo?, ¿(es que) realmente yo soy porque pienso?

El mensaje de los pensamientos de Pascal y “Smells like teen spirit” de Nirvana (huele a joven espíritu) son también idénticos: el “ego” es odioso. El “Come toghether” de los Beatles (andemos juntos) no deja de recordarnos la idea de agruparse como primicia del contrato social de Rousseau.

Stairway to heaven” (la escalera que lleva al cielo) de los Zeppelin, está llena de escepticismo y le hace un eco al antiguo Pirrón.

Nico teen love”, de BB Brunes, evoca las adicciones al cigarrillo y al amor carnal e ilustra la idea que Tomás de Aquino hace de este desliz.

Como la filosofía, el rock nos ayuda a comprender el mundo y a vivir mejor.

¿Cuál es entonces este sonido tan filosófico del rock? Nietzsche preconizaba un pensamiento acústico: una reflexión crítica empleando el martillo. Pero podemos preferir el “mediator” filosófico para tocar las cuerdas espirituales del rock.

Cabe interrogarse en qué el rock nos ayuda a comprender mejor a la sociedad y a la naturaleza, en qué puede ayudarnos a actuar, y sobre todo, cómo su composición y sus arreglos musicales refuerzan la expresión del mensaje. Lo interesante es que no se puede catalogar el rock en una categoría cerrada, no posee límites definidos. Y sus derivados son muchos: pop, funk, punk, reggae, folk

Como la filosofía, el rock se desarrolla de forma ambivalente: individualista y transcultural, agente crítico y fuerza de proposición, soñador e iniciador de acciones, instrumento de subversión y de cohesión a la vez.

Preguntas para vivir

Jueves, 10 de julio de 2014 por Otros

PREGUNTAS PARA VIVIR

 

Publicado el 12 de junio de 2013 en
http://lapoleaurbana.blogspot.com.es/2013/06/preguntas-para-vivir.html
Javier Hernández

Desde muy pequeños hemos tenido distintas maneras de indagar sobre lo que nos rodea: el tacto, el gusto y el resto de los sentidos han sido los primeros mensajeros de nuestro entorno. Luego descubrimos la forma –humana por excelencia– de descubrir el mundo y a nosotros mismos: las preguntas. Estas nos han acompañado e impulsado a descubrir la vida. ¿Quién no se ha preguntado, alguna vez, quién hizo este mundo y para qué, si existe un destino, cuál es nuestra vocación, qué es el amor, que es la muerte?

Esta necesidad fundamental de preguntar y buscar respuestas es algo que caracteriza al ser humano desde que apareció en la faz de la Tierra. De no haber tenido esa predisposición desde la edad de las cavernas, el hombre no se hubiera atrevido a salir de su oscuro refugio preguntándose: ¿qué hay más allá? Jamás se habría arriesgado a investigar cuáles son los límites de la Tierra. Y es que cuando uno se pregunta, recién inicia la maravillosa aventura de descubrir, cambiar y avanzar.

El acto de preguntar nos saca de la inercia, del automatismo diario, nos permite escapar de la mediocridad para buscar el conocimiento que nos hace falta. Las preguntas son la expresión de esa necesidad de retos que impulsan al ser humano hacia la acción; las preguntas nos abren puertas interiores y exteriores para renovarnos y crecer permanentemente.

Seguramente hemos notado que, de entre las muchas preguntas que nos hacemos diariamente, hay unas que nos asaltan cada cierto tiempo, preguntas como: ¿Quién soy realmente? ¿Existe el destino o todo es casual? ¿En qué consiste la felicidad? ¿Cuál es el sentido de mi vida?… Todos tenemos ese tipo de preguntas porque todos somos, en alguna medida, filósofos.

Y si alguna vez tú, que lees este artículo, pensaste que este tipo de preguntas no tienen respuesta, o que atenderlas es “perder el tiempo”, detente un minuto. ¿Acaso no es útil conocer cuál es la verdadera felicidad, para no confundirla? ¿Será útil conocer qué sentido tiene la vida o es mejor vivir a ciegas, sin saber de dónde venimos, ni a dónde vamos y finalmente, morir sin saber para qué existimos? Esas, tal vez, deberían ser las preguntas más importantes de nuestra vida.

Aquellas preguntas fundamentales no son otra cosa que la natural expresión de nuestro ser interior en busca de una vida auténtica y plena.

¿Qué buscamos al dialogar? ¿Qué buscamos al leer? Acaso no buscamos un “algo”, y aquello que vamos encontrando acaso no serán hitos de un caminar y no verdades incólumes que aletargan nuestro fundamento de humanidad? Si tú también te haces estas preguntas, te invito a descubrir las respuestas que encontraron los hombres sabios y filósofos de diversas culturas y civilizaciones, pero ante todo a ejercitar lo filosófico, a hacer filosofía –no a estudiarla–, pues la filosofía, fundamentalmente, se la entiende como una vía para acercarse a los misterios de la vida, el hombre y el universo. Sirve, entonces, para conocerse mejor, entender por qué suceden las cosas, descubrir el sentido de la existencia, reflexionar antes de tomar decisiones, comprender mejor a los demás y, en suma, para potenciar en nosotros aquellos valores interiores que nos permitirán atravesar con éxito las pruebas de la vida.

Rectitud en el camino

Miércoles, 18 de junio de 2014 por Otros

 

 

Publicado en

https://www.facebook.com/photo.php?fbid=668482383224371&set=a.149356571803624.37863.149356045137010&type=1&permPage=1

 

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Verano solidario

Miércoles, 4 de junio de 2014 por M.Dolores

VERANO SOLIDARIO

 

El verano y las vacaciones están llenos de propuestas para llenar el tiempo libre que recorren una gama de posibilidades, desde el vacío no hacer nada hasta el fructífero encuentro consigo mismo y con los demás. A pesar de lo que nos dictan los estereotipos que nos ofrecen la publicidad y los medios de comunicación, con su interpretación reduccionista y burguesa, entendemos que los modelos que rigen las vacaciones son muy variados y por supuesto mucho más ricos en matices.

Afortunadamente, la red de redes nos ofrece abundantes posibilidades de comprobarlo, pues en ella encontramos historias que de otra manera no hubiéramos podido conocer.

De todas ellas, merece la pena que nos fijemos en quienes dedican su tiempo de descanso a las causas generosas y solidarias, de servicio a la comunidad. Son los que acuden a lugares apartados para reforzar la labor de las organizaciones de asistencia social o sanitaria, los que participan en campos de recuperación de piezas valiosas del patrimonio histórico artístico, los que se ofrecen voluntarios a vigilar espacios naturales y evitar que perezcan por el fuego… Sería interminable la lista de causas solidarias que en estos momentos están movilizando a miles de jóvenes en todo el mundo.

Esa fuerza de trabajo generosa y vital, en muchos casos desconocida para la mayoría, está haciendo que nuestro mundo sea un poco más habitable y humano. Saber que existe, participar en ella, cada cual en su propia medida nos devuelve la esperanza, tras el desaliento que produce la barbarie y el fanatismo.

Ahora más que nunca hacen falta idealistas dispuestos a la acción, que comprendan aquella vieja máxima filosófica: “Mejor es vivir por la Humanidad que morir por ella”.

¿Pueden las ciudades inteligentes mejorar el mundo?

Miércoles, 28 de mayo de 2014 por Fátima

CIUDADES INTELIGENTES

 

Mucho se oye hablar ahora de las “smart cities”. En buena medida porque los objetivos 2020 de la Comisión Europea se dirigen a lograr una mayor sostenibilidad en los lugares donde más recursos energéticos se consumen: las urbes. La previsión mundial es que se conviertan en los focos centrales de concentración de la población mundial, a costa del despoblamiento del resto de territorios. En esas ciudades inteligentes, la tecnología se convierte en un actor fundamental. En sus manos se pone la regulación del tráfico, la eficiencia del consumo energético, la gestión de los datos masivos o big data y la mejora en las relaciones de la Administración pública con los ciudadanos.

No hace mucho escuchaba a un grupo de expertos hablar de las smart cities. Uno de ellos sentenció que la conversión de las urbes en ciudades inteligentes es lo que lograría cambiar el mundo y convertirlo en un lugar mejor, crear una sociedad mejor y ciudadanos comprometidos con la gestión de su ciudad. Las ciudades más tecnológicas serían las más ricas. Y las que fuesen capaces de crear esa tecnología, más ricas y prósperas aún.

En esos momentos me pregunté por el sentido de ese cambio al que se referían. ¿Cómo imaginaban ese mundo mejor que nos traería la tecnología? ¿Esa prosperidad? No soy una defensora a ultranza de lo tecnológico, pero tampoco detractora. La tecnología tiene su utilidad. Es capaz de aliviar cargas de trabajo, de acelerar procesos, de intervenir en la curación de las personas enfermas, de ayudar a las que tienen algún tipo de minusvalía. También es capaz de realizar eficaces asesinatos selectivos y de destruir poblaciones enteras con ciega precisión. Por eso, no creo que sea la tecnología la que vaya a lograr un mundo mejor. La tecnología está en manos de personas. Desde su ideación hasta su plasmación final y, cómo no, su aplicación. No es la pistola la que mata, sino la persona que aprieta el gatillo.

Volviendo a las smart cities, creo que la tecnología puede ayudar a gestionar mucho mejor nuestros recursos y a darnos cuenta, por el análisis de los big data, de los puntos débiles de la sociedad. Pero si las personas que deben hacerlo no usan esos datos para tomar las decisiones acertadas, las que miren el bien de la mayoría, no habrá inteligencia en esas ciudades. Si detrás de cada nueva aplicación o sistema de análisis no hay gente que piense en el conjunto, en proteger a los más desfavorecidos y en ayudar a la ciudadanía a tomar conciencia de su papel dentro de la ciudad, si los rectores no son un ejemplo, no creo que ninguna ciudad logre cambiar el mundo, y mucho menos mejorarlo.

Como siempre, son las personas las que hacen las cosas. Son las personas las que toman las decisiones, y delegar las decisiones vitales para la sociedad en los programas informáticos es una irresponsabilidad. Tampoco creo que el cambio del mundo venga de ser capaz de generar más riqueza, sino de usar mejor la que ya tenemos. Igual que en una balanza, cuando en un plato hay mucho peso es porque en el otro hay menos. Cuando hay una gran riqueza en un lugar es a costa de que haya una gran pobreza en otro. ¿Debería ser ese el objetivo de una ciudad inteligente? Personalmente preferiría una ciudad donde se pusiera todo el empeño posible en educar a sus ciudadanos para no formar parte de aquellos que desequilibran las balanzas, de los que dañan a otros, a veces a propósito a veces inconscientemente, o de los que perjudican el medio en el que todos vivimos. Con gente así cualquier ciudad, por pequeña y poco tecnológica que fuera, sería inteligente.

El idealismo del Quijote

Martes, 20 de mayo de 2014 por Otros

EL IDEALISMO DEL QUIJOTE
Publicado el 8 de abril de 2012 en

http://www.filosofiaparalavida.org/2012_04_el-idealismo-del-quijote.html

Iván Eskildsen

Noble peregrino de los peregrinos,
que santificaste todos los caminos,
con el paso augusto de tu heroicidad,
contra las certezas, contra las conciencias
y contra las leyes y contra las ciencias,
contra la mentira, contra la verdad…
¡Ora por nosotros, señor de los tristes
que de fuerza alientas y de ensueños vistes,
coronado de áureo yelmo de ilusión!
¡que nadie ha podido vencer todavía,
por la adarga al brazo, toda fantasía,
y la lanza en ristre, toda corazón!
Rubén Darío

Este 23 de abril, día en que falleció Miguel de Cervantes, se celebra el Día Mundial del Libro. Por ello hemos decidido rendirle un homenaje a Don Quijote de La Mancha, ese gran personaje que más de 400 años después de que Cervantes lo sacara a la luz, continúa inspirando a generaciones y generaciones de jóvenes y adultos.
Pero no es a cualquier característica que rendimos homenaje, sino a una muy especial: el idealismo del Quijote. Aquel rasgo que le llevó a luchar por todo lo justo y bueno en el mundo, a pesar de que dudaran de él las personas a su alrededor.
En psicología se conoce que el ser humano posee un subconsciente en el cual duerme un potencial; se explica que dicho potencial se expresa a través de arquetipos o valores que se pueden despertar en la medida que cada uno los descubra y los desarrolle.
Así, consideramos que el sentido profundo con que Cervantes representó al Quijote fue para despertar una de esas fuerzas dormidas en todos nosotros.
Si eres de aquellas personas que rechazan la ausencia de valores de nuestro mundo; si eres de los que sienten el dolor de los demás como propio y, cuando has tratado de hacer algo por otros, alguien cerca de ti te ha tratado de disuadir diciendo: “debes preocuparte de cosas más importantes”, “te vas a morir de hambre si solo piensas en eso”… entonces El Quijote está dirigido a ti.
Cervantes quiso enseñarnos que el mundo necesita idealistas que logren persistir en sus convicciones. Aunque estemos en una Edad de Hierro, como decía el Quijote, solo se podrá mejorar el mundo mediante la entrega de los idealistas que creen en que se puede volver a reconstruir una Edad de Oro, si así se determinan a trabajar por ello.
El Quijote nos enseña a mantener una fe inquebrantable en nuestros ideales. En nosotros está el valor para superar el escepticismo de los tibios que nos rodean. Los “cuerdos” que acarician la apacible comodidad de una vida “normal”, sin mayores riesgos ni peligros, siempre tratarán de persuadirte… pero si despiertas al Quijote que hay en ti, dedicarás tu vida a cultivar todo lo noble y justo y quizá así alcanzar una verdadera felicidad, una paz interior.

¿Para qué sirve conocerse?

Martes, 13 de mayo de 2014 por Melinda

CONOCIMIENTO

El arte de dialogar

Martes, 6 de mayo de 2014 por M.Dolores

EL ARTE DE DIALOGAR

 

A pesar de que disponemos de los más sofisticados instrumentos para la comunicación, seguimos comprobando que el aislamiento y la soledad se manifiestan en nuestra sociedad de manera constante, con sus desgarradores efectos de sufrimiento y dolor.

Para muchos seres humanos resulta difícil y complicado relacionarse con los demás, de tal manera que resulta más fácil soportar situaciones extremas que las tensiones que produce la convivencia con los otros, tal como se encargan de hacernos creer no pocos programas de televisión.

Sin embargo, las relaciones humanas se encuentran en la base de nuestra realidad de manera fundamental. Por algo Platón, que era un gran sabio, dio a sus obras filosóficas la forma de diálogos, para mostrarnos cuál es la vía esencial para acceder al conocimiento. Llegar a ser filósofo, que es una aspiración que nosotros proponemos, requiere el ejercicio del arte del diálogo, como medio principal que nos permita acercarnos al viejo ideal de fraternidad universal que unifique a la humanidad más allá de las diferencias de matices y haga realidad el sueño de la paz. De alguna manera, ser filósofo significa aprender a dialogar, partiendo del conocimiento de uno mismo y abriéndose humilde y generosamente a los otros.

El arte del diálogo requiere de nosotros no solo que tengamos algo que decir y lo hagamos con claridad, sino también que sepamos guardar silencio y escuchar, que son las dos condiciones aparentemente opuestas que se armonizan en la civilizada transmisión de pensamientos y emociones, que es la base de la comunicación humana.

Como en tantos otros aspectos, reconozcamos las facilidades que nos ofrece Internet para practicar este arte y hagamos de nuestro diálogo un camino para el conocimiento y la paz.

¿Dónde está la bondad?

Sábado, 26 de abril de 2014 por Melinda

LA BONDAD

 

El gran dibujante Quino nos ha regalado durante muchos años brillantes perlas de sabiduría a través de la voz de Mafalda, una niña filósofa que nos ha repetido con certera ingenuidad lo que los adultos vemos pero que a veces parece que no queremos ver.

Los grandes problemas humanos se resumen en sencillas preguntas. Las respuestas tal vez no sean tan simples, pero en cualquier caso las necesitamos para sostenernos en medio de un mundo alborotado que nos hace bambolear como cuando el viento obliga a entrechocar a las barcazas amarradas en el puerto.

¿Dónde está la bondad en este mundo que nos ha tocado vivir?

Al ver los telediarios, no parece que sea una planta muy frecuente, y, sin embargo, todos tenemos la íntima convicción de que podemos ser buenos, de que lo mejor de nosotros mismos está todavía por exteriorizarse.

No basta con que protestemos diciendo que es la sociedad injusta la que nos convierte en malos, o los sinsabores de la vida los que nos obligan a afilar nuestras peores armas. En el fondo de nosotros siempre nos soñamos con una versión mejor para nuestra puesta en escena en el escenario de la vida.

El estoico Epicteto se planteaba: ¿es infeliz el caballo por no poder cantar? En modo alguno. Lo sería, en todo caso, por no poder correr libremente. ¿Será desgraciado el hombre por no poder despedazar leones? De ninguna manera; en cambio, sí lo será si pierde la bondad y cuantas excelencias imprimieron en su alma los dioses.

No debía de andar muy descaminado en su apreciación, viendo los efectos de la desorientación moral que a veces invade nuestras sociedades, pues todos aspiramos a esa tranquilidad interior que solo aparece cuando actuamos correctamente, aunque a veces lo que falla es tener claro qué es lo correcto.

Y lo correcto es lo que nunca pasa de moda, lo eterno, lo válido siempre a través de los tiempos, lo humano, lo que nos dignifica a nosotros como personas y a los demás como acompañantes en nuestro viaje por la vida. Antiguamente se hablaba de virtudes, hoy hablamos de valores. Pero es lo mismo: se trata de extraer de nosotros la parte mejor y que sea ella la que nos guíe en la vida.

Otro filósofo más cercano en el tiempo, Jorge Á. Livraga, decía que pretender construir una pared de dura piedra apilando ladrillos de barro es una magia irrealizable. Así que no solamente deberíamos mejorarnos a nosotros, sino apoyar a los seres humanos buenos (que los hay) para que encabecen las propuestas que necesita la sociedad para ser mejor en conjunto.

¿Quieres embellecer tu ciudad natal con una dádiva rara y verdaderamente estimable? Date a ella tú mismo después de haberte convertido en un modelo perfecto de bondad, de generosidad y de justicia (Epicteto).

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