Rock and philo

Viernes, 18 de julio de 2014 por Otros

ROCK AND PHILO

 

Publicado el 22 de octubre de 2013 en
http://acropolis.org.sv/Blogger/?p=61#comment-2

La música rock goza hoy de un éxito indiscutible entre todas las generaciones, desde su aparición en los años 50 del siglo XX como género propio, a partir de las influencias de estilos como el blues, rhythm and blues, country, gospel, jazz y folk, que florecieron en las ciudades industriales americanas, como un nuevo lenguaje o una nueva forma cultural, propia de la sociedad de la posguerra. A partir de su primera manifestación bailable, el rock and roll ha ido desarrollando subgéneros particulares, con una gran variedad de ritmos e intérpretes que han desbordado todas las fronteras, hasta convertirse en un fenómeno global, con una extraordinaria capacidad para renovarse en sus manifestaciones y actualizaciones. Hoy día, los adolescentes de 14 años “descubren” y escuchan a los Beatles, los Rolling Stones, los Who…, que sus abuelos también escucharon hace 45 años, y comprueban la validez de sus mensajes en el momento presente.

Cabe hacerse la pregunta: ¿por qué la música rock no ha pasado de moda y logra reunir a generaciones?

Es verdad que nos divierte socialmente, que puede transportar nuestro espíritu y darnos algunos escalofríos. Pero el rock es también, probablemente y sobre todo, un portador de sentido: trata en general de las grandes cuestiones que interesan y preocupan a los seres humanos, como ha hecho la filosofía desde siempre.

La primera meditación de Descartes y “Where is my mind” (Dónde está mi mente, de los Pixis) tratan de la misma problemática: ¿lo real es aquello que yo veo?, ¿(es que) realmente yo soy porque pienso?

El mensaje de los pensamientos de Pascal y “Smells like teen spirit” de Nirvana (huele a joven espíritu) son también idénticos: el “ego” es odioso. El “Come toghether” de los Beatles (andemos juntos) no deja de recordarnos la idea de agruparse como primicia del contrato social de Rousseau.

Stairway to heaven” (la escalera que lleva al cielo) de los Zeppelin, está llena de escepticismo y le hace un eco al antiguo Pirrón.

Nico teen love”, de BB Brunes, evoca las adicciones al cigarrillo y al amor carnal e ilustra la idea que Tomás de Aquino hace de este desliz.

Como la filosofía, el rock nos ayuda a comprender el mundo y a vivir mejor.

¿Cuál es entonces este sonido tan filosófico del rock? Nietzsche preconizaba un pensamiento acústico: una reflexión crítica empleando el martillo. Pero podemos preferir el “mediator” filosófico para tocar las cuerdas espirituales del rock.

Cabe interrogarse en qué el rock nos ayuda a comprender mejor a la sociedad y a la naturaleza, en qué puede ayudarnos a actuar, y sobre todo, cómo su composición y sus arreglos musicales refuerzan la expresión del mensaje. Lo interesante es que no se puede catalogar el rock en una categoría cerrada, no posee límites definidos. Y sus derivados son muchos: pop, funk, punk, reggae, folk

Como la filosofía, el rock se desarrolla de forma ambivalente: individualista y transcultural, agente crítico y fuerza de proposición, soñador e iniciador de acciones, instrumento de subversión y de cohesión a la vez.

Preguntas para vivir

Jueves, 10 de julio de 2014 por Otros

PREGUNTAS PARA VIVIR

 

Publicado el 12 de junio de 2013 en
http://lapoleaurbana.blogspot.com.es/2013/06/preguntas-para-vivir.html
Javier Hernández

Desde muy pequeños hemos tenido distintas maneras de indagar sobre lo que nos rodea: el tacto, el gusto y el resto de los sentidos han sido los primeros mensajeros de nuestro entorno. Luego descubrimos la forma –humana por excelencia– de descubrir el mundo y a nosotros mismos: las preguntas. Estas nos han acompañado e impulsado a descubrir la vida. ¿Quién no se ha preguntado, alguna vez, quién hizo este mundo y para qué, si existe un destino, cuál es nuestra vocación, qué es el amor, que es la muerte?

Esta necesidad fundamental de preguntar y buscar respuestas es algo que caracteriza al ser humano desde que apareció en la faz de la Tierra. De no haber tenido esa predisposición desde la edad de las cavernas, el hombre no se hubiera atrevido a salir de su oscuro refugio preguntándose: ¿qué hay más allá? Jamás se habría arriesgado a investigar cuáles son los límites de la Tierra. Y es que cuando uno se pregunta, recién inicia la maravillosa aventura de descubrir, cambiar y avanzar.

El acto de preguntar nos saca de la inercia, del automatismo diario, nos permite escapar de la mediocridad para buscar el conocimiento que nos hace falta. Las preguntas son la expresión de esa necesidad de retos que impulsan al ser humano hacia la acción; las preguntas nos abren puertas interiores y exteriores para renovarnos y crecer permanentemente.

Seguramente hemos notado que, de entre las muchas preguntas que nos hacemos diariamente, hay unas que nos asaltan cada cierto tiempo, preguntas como: ¿Quién soy realmente? ¿Existe el destino o todo es casual? ¿En qué consiste la felicidad? ¿Cuál es el sentido de mi vida?… Todos tenemos ese tipo de preguntas porque todos somos, en alguna medida, filósofos.

Y si alguna vez tú, que lees este artículo, pensaste que este tipo de preguntas no tienen respuesta, o que atenderlas es “perder el tiempo”, detente un minuto. ¿Acaso no es útil conocer cuál es la verdadera felicidad, para no confundirla? ¿Será útil conocer qué sentido tiene la vida o es mejor vivir a ciegas, sin saber de dónde venimos, ni a dónde vamos y finalmente, morir sin saber para qué existimos? Esas, tal vez, deberían ser las preguntas más importantes de nuestra vida.

Aquellas preguntas fundamentales no son otra cosa que la natural expresión de nuestro ser interior en busca de una vida auténtica y plena.

¿Qué buscamos al dialogar? ¿Qué buscamos al leer? Acaso no buscamos un “algo”, y aquello que vamos encontrando acaso no serán hitos de un caminar y no verdades incólumes que aletargan nuestro fundamento de humanidad? Si tú también te haces estas preguntas, te invito a descubrir las respuestas que encontraron los hombres sabios y filósofos de diversas culturas y civilizaciones, pero ante todo a ejercitar lo filosófico, a hacer filosofía –no a estudiarla–, pues la filosofía, fundamentalmente, se la entiende como una vía para acercarse a los misterios de la vida, el hombre y el universo. Sirve, entonces, para conocerse mejor, entender por qué suceden las cosas, descubrir el sentido de la existencia, reflexionar antes de tomar decisiones, comprender mejor a los demás y, en suma, para potenciar en nosotros aquellos valores interiores que nos permitirán atravesar con éxito las pruebas de la vida.

Rectitud en el camino

Miércoles, 18 de junio de 2014 por Otros

 

 

Publicado en

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Verano solidario

Miércoles, 4 de junio de 2014 por M.Dolores

VERANO SOLIDARIO

 

El verano y las vacaciones están llenos de propuestas para llenar el tiempo libre que recorren una gama de posibilidades, desde el vacío no hacer nada hasta el fructífero encuentro consigo mismo y con los demás. A pesar de lo que nos dictan los estereotipos que nos ofrecen la publicidad y los medios de comunicación, con su interpretación reduccionista y burguesa, entendemos que los modelos que rigen las vacaciones son muy variados y por supuesto mucho más ricos en matices.

Afortunadamente, la red de redes nos ofrece abundantes posibilidades de comprobarlo, pues en ella encontramos historias que de otra manera no hubiéramos podido conocer.

De todas ellas, merece la pena que nos fijemos en quienes dedican su tiempo de descanso a las causas generosas y solidarias, de servicio a la comunidad. Son los que acuden a lugares apartados para reforzar la labor de las organizaciones de asistencia social o sanitaria, los que participan en campos de recuperación de piezas valiosas del patrimonio histórico artístico, los que se ofrecen voluntarios a vigilar espacios naturales y evitar que perezcan por el fuego… Sería interminable la lista de causas solidarias que en estos momentos están movilizando a miles de jóvenes en todo el mundo.

Esa fuerza de trabajo generosa y vital, en muchos casos desconocida para la mayoría, está haciendo que nuestro mundo sea un poco más habitable y humano. Saber que existe, participar en ella, cada cual en su propia medida nos devuelve la esperanza, tras el desaliento que produce la barbarie y el fanatismo.

Ahora más que nunca hacen falta idealistas dispuestos a la acción, que comprendan aquella vieja máxima filosófica: “Mejor es vivir por la Humanidad que morir por ella”.

¿Pueden las ciudades inteligentes mejorar el mundo?

Miércoles, 28 de mayo de 2014 por Fátima

CIUDADES INTELIGENTES

 

Mucho se oye hablar ahora de las “smart cities”. En buena medida porque los objetivos 2020 de la Comisión Europea se dirigen a lograr una mayor sostenibilidad en los lugares donde más recursos energéticos se consumen: las urbes. La previsión mundial es que se conviertan en los focos centrales de concentración de la población mundial, a costa del despoblamiento del resto de territorios. En esas ciudades inteligentes, la tecnología se convierte en un actor fundamental. En sus manos se pone la regulación del tráfico, la eficiencia del consumo energético, la gestión de los datos masivos o big data y la mejora en las relaciones de la Administración pública con los ciudadanos.

No hace mucho escuchaba a un grupo de expertos hablar de las smart cities. Uno de ellos sentenció que la conversión de las urbes en ciudades inteligentes es lo que lograría cambiar el mundo y convertirlo en un lugar mejor, crear una sociedad mejor y ciudadanos comprometidos con la gestión de su ciudad. Las ciudades más tecnológicas serían las más ricas. Y las que fuesen capaces de crear esa tecnología, más ricas y prósperas aún.

En esos momentos me pregunté por el sentido de ese cambio al que se referían. ¿Cómo imaginaban ese mundo mejor que nos traería la tecnología? ¿Esa prosperidad? No soy una defensora a ultranza de lo tecnológico, pero tampoco detractora. La tecnología tiene su utilidad. Es capaz de aliviar cargas de trabajo, de acelerar procesos, de intervenir en la curación de las personas enfermas, de ayudar a las que tienen algún tipo de minusvalía. También es capaz de realizar eficaces asesinatos selectivos y de destruir poblaciones enteras con ciega precisión. Por eso, no creo que sea la tecnología la que vaya a lograr un mundo mejor. La tecnología está en manos de personas. Desde su ideación hasta su plasmación final y, cómo no, su aplicación. No es la pistola la que mata, sino la persona que aprieta el gatillo.

Volviendo a las smart cities, creo que la tecnología puede ayudar a gestionar mucho mejor nuestros recursos y a darnos cuenta, por el análisis de los big data, de los puntos débiles de la sociedad. Pero si las personas que deben hacerlo no usan esos datos para tomar las decisiones acertadas, las que miren el bien de la mayoría, no habrá inteligencia en esas ciudades. Si detrás de cada nueva aplicación o sistema de análisis no hay gente que piense en el conjunto, en proteger a los más desfavorecidos y en ayudar a la ciudadanía a tomar conciencia de su papel dentro de la ciudad, si los rectores no son un ejemplo, no creo que ninguna ciudad logre cambiar el mundo, y mucho menos mejorarlo.

Como siempre, son las personas las que hacen las cosas. Son las personas las que toman las decisiones, y delegar las decisiones vitales para la sociedad en los programas informáticos es una irresponsabilidad. Tampoco creo que el cambio del mundo venga de ser capaz de generar más riqueza, sino de usar mejor la que ya tenemos. Igual que en una balanza, cuando en un plato hay mucho peso es porque en el otro hay menos. Cuando hay una gran riqueza en un lugar es a costa de que haya una gran pobreza en otro. ¿Debería ser ese el objetivo de una ciudad inteligente? Personalmente preferiría una ciudad donde se pusiera todo el empeño posible en educar a sus ciudadanos para no formar parte de aquellos que desequilibran las balanzas, de los que dañan a otros, a veces a propósito a veces inconscientemente, o de los que perjudican el medio en el que todos vivimos. Con gente así cualquier ciudad, por pequeña y poco tecnológica que fuera, sería inteligente.

El idealismo del Quijote

Martes, 20 de mayo de 2014 por Otros

EL IDEALISMO DEL QUIJOTE
Publicado el 8 de abril de 2012 en

http://www.filosofiaparalavida.org/2012_04_el-idealismo-del-quijote.html

Iván Eskildsen

Noble peregrino de los peregrinos,
que santificaste todos los caminos,
con el paso augusto de tu heroicidad,
contra las certezas, contra las conciencias
y contra las leyes y contra las ciencias,
contra la mentira, contra la verdad…
¡Ora por nosotros, señor de los tristes
que de fuerza alientas y de ensueños vistes,
coronado de áureo yelmo de ilusión!
¡que nadie ha podido vencer todavía,
por la adarga al brazo, toda fantasía,
y la lanza en ristre, toda corazón!
Rubén Darío

Este 23 de abril, día en que falleció Miguel de Cervantes, se celebra el Día Mundial del Libro. Por ello hemos decidido rendirle un homenaje a Don Quijote de La Mancha, ese gran personaje que más de 400 años después de que Cervantes lo sacara a la luz, continúa inspirando a generaciones y generaciones de jóvenes y adultos.
Pero no es a cualquier característica que rendimos homenaje, sino a una muy especial: el idealismo del Quijote. Aquel rasgo que le llevó a luchar por todo lo justo y bueno en el mundo, a pesar de que dudaran de él las personas a su alrededor.
En psicología se conoce que el ser humano posee un subconsciente en el cual duerme un potencial; se explica que dicho potencial se expresa a través de arquetipos o valores que se pueden despertar en la medida que cada uno los descubra y los desarrolle.
Así, consideramos que el sentido profundo con que Cervantes representó al Quijote fue para despertar una de esas fuerzas dormidas en todos nosotros.
Si eres de aquellas personas que rechazan la ausencia de valores de nuestro mundo; si eres de los que sienten el dolor de los demás como propio y, cuando has tratado de hacer algo por otros, alguien cerca de ti te ha tratado de disuadir diciendo: “debes preocuparte de cosas más importantes”, “te vas a morir de hambre si solo piensas en eso”… entonces El Quijote está dirigido a ti.
Cervantes quiso enseñarnos que el mundo necesita idealistas que logren persistir en sus convicciones. Aunque estemos en una Edad de Hierro, como decía el Quijote, solo se podrá mejorar el mundo mediante la entrega de los idealistas que creen en que se puede volver a reconstruir una Edad de Oro, si así se determinan a trabajar por ello.
El Quijote nos enseña a mantener una fe inquebrantable en nuestros ideales. En nosotros está el valor para superar el escepticismo de los tibios que nos rodean. Los “cuerdos” que acarician la apacible comodidad de una vida “normal”, sin mayores riesgos ni peligros, siempre tratarán de persuadirte… pero si despiertas al Quijote que hay en ti, dedicarás tu vida a cultivar todo lo noble y justo y quizá así alcanzar una verdadera felicidad, una paz interior.

¿Para qué sirve conocerse?

Martes, 13 de mayo de 2014 por Melinda

CONOCIMIENTO

El arte de dialogar

Martes, 6 de mayo de 2014 por M.Dolores

EL ARTE DE DIALOGAR

 

A pesar de que disponemos de los más sofisticados instrumentos para la comunicación, seguimos comprobando que el aislamiento y la soledad se manifiestan en nuestra sociedad de manera constante, con sus desgarradores efectos de sufrimiento y dolor.

Para muchos seres humanos resulta difícil y complicado relacionarse con los demás, de tal manera que resulta más fácil soportar situaciones extremas que las tensiones que produce la convivencia con los otros, tal como se encargan de hacernos creer no pocos programas de televisión.

Sin embargo, las relaciones humanas se encuentran en la base de nuestra realidad de manera fundamental. Por algo Platón, que era un gran sabio, dio a sus obras filosóficas la forma de diálogos, para mostrarnos cuál es la vía esencial para acceder al conocimiento. Llegar a ser filósofo, que es una aspiración que nosotros proponemos, requiere el ejercicio del arte del diálogo, como medio principal que nos permita acercarnos al viejo ideal de fraternidad universal que unifique a la humanidad más allá de las diferencias de matices y haga realidad el sueño de la paz. De alguna manera, ser filósofo significa aprender a dialogar, partiendo del conocimiento de uno mismo y abriéndose humilde y generosamente a los otros.

El arte del diálogo requiere de nosotros no solo que tengamos algo que decir y lo hagamos con claridad, sino también que sepamos guardar silencio y escuchar, que son las dos condiciones aparentemente opuestas que se armonizan en la civilizada transmisión de pensamientos y emociones, que es la base de la comunicación humana.

Como en tantos otros aspectos, reconozcamos las facilidades que nos ofrece Internet para practicar este arte y hagamos de nuestro diálogo un camino para el conocimiento y la paz.

¿Dónde está la bondad?

Sábado, 26 de abril de 2014 por Melinda

LA BONDAD

 

El gran dibujante Quino nos ha regalado durante muchos años brillantes perlas de sabiduría a través de la voz de Mafalda, una niña filósofa que nos ha repetido con certera ingenuidad lo que los adultos vemos pero que a veces parece que no queremos ver.

Los grandes problemas humanos se resumen en sencillas preguntas. Las respuestas tal vez no sean tan simples, pero en cualquier caso las necesitamos para sostenernos en medio de un mundo alborotado que nos hace bambolear como cuando el viento obliga a entrechocar a las barcazas amarradas en el puerto.

¿Dónde está la bondad en este mundo que nos ha tocado vivir?

Al ver los telediarios, no parece que sea una planta muy frecuente, y, sin embargo, todos tenemos la íntima convicción de que podemos ser buenos, de que lo mejor de nosotros mismos está todavía por exteriorizarse.

No basta con que protestemos diciendo que es la sociedad injusta la que nos convierte en malos, o los sinsabores de la vida los que nos obligan a afilar nuestras peores armas. En el fondo de nosotros siempre nos soñamos con una versión mejor para nuestra puesta en escena en el escenario de la vida.

El estoico Epicteto se planteaba: ¿es infeliz el caballo por no poder cantar? En modo alguno. Lo sería, en todo caso, por no poder correr libremente. ¿Será desgraciado el hombre por no poder despedazar leones? De ninguna manera; en cambio, sí lo será si pierde la bondad y cuantas excelencias imprimieron en su alma los dioses.

No debía de andar muy descaminado en su apreciación, viendo los efectos de la desorientación moral que a veces invade nuestras sociedades, pues todos aspiramos a esa tranquilidad interior que solo aparece cuando actuamos correctamente, aunque a veces lo que falla es tener claro qué es lo correcto.

Y lo correcto es lo que nunca pasa de moda, lo eterno, lo válido siempre a través de los tiempos, lo humano, lo que nos dignifica a nosotros como personas y a los demás como acompañantes en nuestro viaje por la vida. Antiguamente se hablaba de virtudes, hoy hablamos de valores. Pero es lo mismo: se trata de extraer de nosotros la parte mejor y que sea ella la que nos guíe en la vida.

Otro filósofo más cercano en el tiempo, Jorge Á. Livraga, decía que pretender construir una pared de dura piedra apilando ladrillos de barro es una magia irrealizable. Así que no solamente deberíamos mejorarnos a nosotros, sino apoyar a los seres humanos buenos (que los hay) para que encabecen las propuestas que necesita la sociedad para ser mejor en conjunto.

¿Quieres embellecer tu ciudad natal con una dádiva rara y verdaderamente estimable? Date a ella tú mismo después de haberte convertido en un modelo perfecto de bondad, de generosidad y de justicia (Epicteto).

El hombre de las compresas

Domingo, 20 de abril de 2014 por Fátima

EL HOMBRE DE

 

En medio de tanta mala noticia, de vez en cuando los medios nos regalan historias llenas de generosidad y voluntad. Una de ellas es el caso de Arunachalam Murugananthan, un hombre indio que comenzó por amor una curiosa aventura en 1998.

En aquel año acababa de casarse, pero no sabía mucho de las intimidades de las mujeres. Los tabúes acerca de la menstruación hacían que se considerase algo vergonzoso, y no se hablase mucho de ello. Mucho menos con un hombre. Murugananthan descubrió un día a su esposa escondiendo unos “trapos asquerosos”que usaba durante su periodo, al igual que otros millones de mujeres en la India, que no solo empleaban trapos, sino también arena, aserrín, hojas y ceniza. Lo “vergonzoso” del periodo hacía también que no secasen los trapos al sol cuando los lavaban, por lo que la falta de higiene menstrual en la India es la causante del 70% de las enfermedades reproductivas.

Murugananthan quiso comprarle toallas sanitarias a su esposa, pero se encontró con que eran excesivamente caras. Los apenas 10 gramos de algodón que costarían 0,001 euros costaban 0,51, una diferencia abismal de precio que hacía que solo el 12% de las mujeres indias usase toallas sanitarias. Ahí comenzó todo. Se dijo a sí mismo que él era capaz de fabricar toallas sanitarias más baratas. Pero aquel camino le llevaría por caminos insospechados.

Fabricó una primera toalla de algodón y le pidió a su mujer que la probase, pero como ya no estaba con el periodo le dijo que tendría que esperar un mes. Pero estaba impaciente por saber si funcionaban, así que lo intentó con sus hermanas y con unas 20 estudiantes de la escuela de medicina local, pero no consiguió lo que buscaba. Sin pensárselo dos veces decidió que lo mejor era que las probase él mismo pero, por cuestiones biológicas aquello no era tan sencillo, pero eso no le hizo desistir.

Con la vejiga de una pelota de fútbol se fabricó un útero artificial y lo llenó de sangre con la ayuda de un amigo carnicero y de otro que trabajaba en un banco de sangre. Del primero conseguía  sangre de cabra y, del segundo, anticoagulantes para que se mantuviese fluida más tiempo. Por más que probaba, el olor a sangre persistía. Debajo de su ropa, mientras corría, jugaba fútbol o montaba en bici, llevaba su útero probando la eficacia de su invento.

En el pueblo empezaron a verle como a un loco, un endemoniado o peor, un pervertido. Con menos pudor que las mujeres, lavaba la ropa manchada de sangre en público y eso hizo que, 18 meses después, por los rumores y las habladurías le abandonase su mujer y, poco después, también su madre. Después tuvo que marcharse del pueblo. Pero eso tampoco hizo que se rindiera.

Empezó a investigar por qué las toallas sanitarias que se vendían habitualmente podían hacer lo que no lograban las suyas, así que tras muchas vicisitudes logró que los fabricantes le mandaran una muestra del material que empleaban. Para su sorpresa, eran bloques duros de celulosa extraída de la corteza de los árboles. Había tardado dos años y tres meses en averiguar eso, y ahora tenía delante otro problema: la máquina que podía moler aquello para fabricar las toallas sanitarias costaba varios miles de dólares. En su determinación, decidió que él fabricaría una mucho más barata. Algo más de dos años después lo consiguió.

Con una máquina parecida a los trituradores de cocina convertía la dura celulosa en algo más esponjoso. Luego, otra máquina la moldeaba en forma de rectángulo que se envolvía en una tela no tejida y se desinfectaba con luz ultravioleta. Todo el proceso se aprendía en menos de una hora. Murugananthan pensó que aquello podía ser bueno para muchas mujeres. No solo porque podrían usar toallas sanitarias baratas, sino porque ellas mismas podrían fabricarlas y venderlas, ayudando así a la economía local.

En 18 meses más fabricó 250 máquinas y las llevó a los lugares más pobres de su país, los Bimaru o “estados enfermos”, donde las mujeres no pueden entrar en los templos, cocinar o tocar el suministro de agua. Durante el tiempo que dura la menstruación no pueden ir a recoger agua, por lo que las familias que dependen de ellas también sufren por ello. Además, existe la creencia en algunos lugares de que el uso de las toallas higiénicas produce ceguera en las mujeres y que no se casen nunca.

Murugananthan llegó a las zonas rurales y, subsanando la dificultad de no poder hablar directamente con las mujeres, sino después de haber pedido permiso al padre o al marido, y siempre en circunstancias poco amigables, logró convencer a muchas de ellas de usar las toallas higiénicas, y a otras tantas de que empezaran a fabricarlas ellas mismas.

La ventaja de esto último, aparte de los beneficios económicos para esas familias, era que muchas de ellas superaron los tabúes acerca de la menstruación y tuvieron más formación sobre la higiene más adecuada en esos momentos del mes. Las mujeres vendían las toallas a otras mujeres, directamente, sin la intimidación de tener que pedírselas a un hombre, habitualmente los dueños de las tiendas. Incluso en el caso de que las familias no tengan dinero, las toallas sanitarias se intercambian por productos de consumo.

Cuando la sociedad dejó de ver a Murugananthan como un loco estrafalario y los rumores dieron paso a la fama, este volvió a recuperar a su familia, y con ella, a sus mejores aliados en la aventura de distribuir sus máquinas por las zonas más desfavorecidas de la India. Así han logrado llevarlas a 1.300 aldeas de 23 Estados distintos. Cada máquina cuesta 1.200 dólares, beneficia como usuarias a 3.000 mujeres y da empleo a 10 de ellas, que pueden fabricar hasta 250 toallas diariamente al precio de 4 centavos de dólar.

Sin embargo, su mayor logro no fue el de su tenacidad a la hora de conseguir toallas sanitarias baratas para las mujeres, ni la repercusión económica. El mayor mérito de este hombre es que, pudiendo haberlo hecho, decidió no aprovecharse de ello. En declaraciones a la BBC dijo: “Imagínese, tengo la patente de la única máquina del mundo capaz de hacer toallas sanitarias baratas. Cualquier persona con un máster inmediatamente acumularía el máximo de ganancias. Pero yo no quiero. ¿Por qué? Porque desde niño aprendí que ningún ser humano se muere de pobreza, todo pasa por ignorancia”.

Ahora que ha recuperado a su familia, obtenido el reconocimiento de su pueblo y del Gobierno, y ganado premios a la innovación, el pensamiento de Murugananthan está en llegar a más y más aldeas, en educar a las niñas antes de que comiencen con su periodo menstrual y en lograr millones de trabajos para las mujeres pobres de todo el mundo. Para él, el mejor momento de su vida no fue recibir un premio de manos del presidente de India, sino la máquina que instaló en una remota aldea en el Himalaya, donde la pobreza extrema hace que nunca hayan podido mandar a sus hijos a la escuela.

Fuente: www.bbc.co.uk

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