Apreciar lo que tenemos

Jueves, 8 de marzo de 2012 por Melinda

APRECIAR

 

A veces, dedicamos tanto tiempo a echar la cuenta de lo que no tenemos y de lo mal que se nos ponen las cosas en el quehacer de todos los días (mi trabajo peligra, la crisis me amenaza, Pepito –o Pepita– no me quiere), que se nos olvida apreciar todo lo bueno que cae en nuestro camino, y la existencia se convierte en un campo de batalla donde a veces nos peleamos con el enemigo equivocado, mientras el tiempo avanza inexorablemente en el reloj de arena que la vida dejó en nuestra mesilla de noche cuando llegamos.

Como filósofos, sabemos que la vida está ofreciéndonos continuas lecciones, a veces con situaciones que juzgamos positivas, a veces con aparentes injusticias que el destino nos envía sin que en nuestra opinión nos hayamos merecido tal prueba.

Puede ser que solo sea cuestión de poner un poco de atención, porque parece que no es mal de nuestro tiempo, sino que acompaña a la naturaleza humana desde siempre. Ya Cervantes (que paseó por Castilla allá por el siglo XVI nada menos) lo caló en esta letrilla:

Busco en la muerte la vida,

salud en la enfermedad,

en la prisión libertad,

en lo cerrado salida

y en el traidor lealtad.

Pero mi suerte,

de quien jamás espero algún bien

con el cielo ha estatuido

que pues lo imposible pido

lo posible aún no me den.

Tal vez podríamos hacer algo distinto a lo que nos lleva el movimiento natural de nuestro mundo cotidiano: disfrutemos de las cosas buenas que nos pasan, apreciemos lo que sí tenemos y aprendamos de lo que consideramos reveses, y la vida, seguramente, adquirirá un nuevo color más luminoso. Puede, incluso, que encontremos sentido hasta a aquello que nos golpea, y que entendamos cuál era la lección que debíamos aprender. Vaya por Cervantes.

Estoy harta de la vida

Lunes, 12 de julio de 2010 por Altea

Estoy cansada y estoy agradecida.
Estoy harta de la vida,
de que me haga luchar tanto,
de ver más bello que toco,
de creer en mundos grandes.
Porque me choco contigo
y conmigo y con la vida,
y veo torpeza plena
a vuelta de cada esquina.

Estoy harta de la vida,
de la gente a media tinta,
del sí pero luego no,
del puede pero no debe,
yo pretendo almas valientes,
más que almas ya verdades,
miediocridades las justas,
más bien fustas, bien cogidas.

Estoy harta de la hartura,
de la altura mal medida,
de la mentira en la frente,
de la herida en la mentira.
Estoy harta de la vida,
de la poca valentía,
del podría ser… un día,
del nunca será, seguro,
porque mientras andes cuerdo,
no salimos del apuro.

Del apuro de lo pobre,
de la distancia entre rostros,
de la tristeza en el fondo,
de un Ser escondido a trozos,
entre basurilla oscura,
entre sueños ni soñados,
entre las manos bien limpias,
y la muerte en cada paso.

Así no se vive, hombre,
ni se sobrevive apenas,
así lamentas tu aliento,
alimentas a tus penas,
no llegarás nunca a viejo,
porque así viejo has nacido,
nadie seguirá tus pasos,
pues ni tú mismo te sigues.

Dónde están los corazones
generosos y cautivos,
de verdades que son propias,
que son de todos los vivos.
Dónde están los grandes hombres,
¿acaso aún no han nacido?
Dejemos paso al siguiente,
¿cómo voy a ser yo elegido?

Ser coherente conmigo,
tendría un precio excesivo,
habría de decir no,
a costa de perder trigo,
y habría de decir sí,
a costa de ganar frío,
mejor sigo en mi cautela,
aturdido pasajero,
de una vida sin sentido.

Estoy harta de la vida,
vivo y soy en lo más alto,
pero me cuesta vivir,
ando sola en mi camino,
uno que sería aún más bello,
si hubiese algunos dispuestos,
a sufrir en el intento
de mirar al horizonte,
respirando hasta su fondo:
soy un hombre que está vivo.

Solsticio

Jueves, 10 de junio de 2010 por Abraxas

Sol
Luz
Calor
Vida.
Padre
y Madre.

Nuestro Señor.
Hoy nos acompaña más que nunca.
Es con nosotros, en nosotros.

En el baile sonoro de golondrinas en mi ventana.
En mis ojos y en mi sangre.
En el aire que respiro y me atraviesa.
En la gloria de tu mirada,
en la paz de tus manos,
en la guerra de tu pulso.

Quijotes nuevos, lanzas y adargas.
Caballo blanco, blanco, veloz y osado.
No hay mar, sino veleros y vientos,
islas lejanas, hombres desnudos.
La piel en la luz, los pies en la arena,
la mirada en la línea lejana.

En mi casa querida,
en mi templo en silencio,
se abren cortinas.

Desnudo,
me ofrezco a la vida, a los aires…
y a los fuegos.

Bendito sembrador

Martes, 25 de mayo de 2010 por Abraxas

Sembraron en mí semillas
cuando yo ya creía
que mi tierra era estéril,
pedregosa y árida.

Invierno y otro invierno,
sin brotes en primavera,
sin esperanza casi,
casi sin fe.

Estiércol y estiércol,
araron y araron,
lluvia en otoño,
sol en primavera.

Pasaron los ciclos,
mi tierra yerta,
mis ojos ciegos,
mi palabra muerta.

Un día, una luz
alumbró mi frente,
y oí una voz.
¡Tú eres labrador!

Tomé mi azada,
amé mi tierra,
miré hasta el sol
y comprendí.

Nueva primavera
llegó y entendí.
Los brotes surgieron
y luego crecieron.

Bendije semillas,
labrador y azadón.
Bendije los brotes,
bendije al sembrador…

Ofrenda (carta de una amiga)

Sábado, 6 de marzo de 2010 por Abraxas

¡OFRENDA!

Ese creo que es el mejor destino que puede tener una flor.
Cuida tu imponente árbol para que dé continuas flores.
Transmuta tu tierra en savia y de esta alimenta tus infinitas flores.

Cuando la Flor y Tú seáis Lo Mismo, comprenderás su destino.
De flor, regala belleza, perfume, amor, cariño, dulzura, salud…
Más tarde, de fruto, alimento para el que tiene hambre y semillas para las
venideras flores.
¡EL CICLO DE LA VIDA!

El Misterio es la Transformación para la Dación.
Y LA FLOR ES FELIZ CON ELLO.

“Acerca tu boca a mis cenizas
Sopla
De ti depende el renacer de las llamas”.

No me digas palabras bonitas

Viernes, 12 de junio de 2009 por Abraxas

No me digas palabras bonitas,
bellos sonidos y tiernos olores,
no me digas palabras bonitas,
que eso ya lo hacen los grandes cantores.

Mi alma se duerme, marchitan mis flores,
en cuna se mece y morir parece
mi ser guerrero que guerras ansía
y en ellas ganar el fin que merece.

Dime mejor palabras de fuerza,
arengas tronantes de voz imperiosa
luz cegadora de fuerza divina
certezas directas con sangre de rosas.

No me digas palabras bonitas,
Dime mejor palabras de fuerza…

no me digas palabras bonitas…

Escalas

Miércoles, 16 de julio de 2008 por Abraxas

La razón transita por los senderos del llano.
La razón describe.
El corazón concibe.
La fuerza del río se forja en las alturas
y se desparrama en la llanura.
El fuego se inicia con la chispa
y se extiende a los leños.
La razón da forma a las ideas.
El corazón les da su fuerza.
La razón da forma a las alas.
El corazón le da fuerzas para volar.

La duda lleva a la certeza.
La certeza lleva a la convicción.
La convicción lleva al entusiasmo.
El entusiasmo lleva al corazón.
Y el corazón lleva a la sabiduría.
La sabiduría lleva a lo divino.
Lo divino nos lleva a nosotros.
Y nosotros llevamos al universo.

Solsticio

Martes, 24 de junio de 2008 por Abraxas

Sol que nació invicto
en lo profundo del invierno.
Que fecundó brotes y nidos,
amores y ternuras,
por la primavera blanca.

Sol que agostó flores,
en la vieja alquimia,
encerrando sus rayos
en la fruta jugosa
y en los tiernos corazones.

Sol niño, joven y viejo.
Sol nuevo y antiguo,
novio, amante y esposo,
en brotes, flores y frutas.

Naciente, y pleno, y poniente,
amarillo, blanco y rojo,
padre amante, hijo sonriente,
complaciente y amado abuelo.
Siempre tú, tú por siempre.

Viajamos contigo, sentados
en el hueco de tu mano triunfante,
sobre el arco noble de tu brazo,
en la cuna amorosa de tu centro,
en tu ser, que es el nuestro perdido.

Lleva mis pasos amantes
como débiles huevos primero,
orugas cansinas y crisálidas luego,
al reino de tu luz,
de mariposas aladas,
a unirnos con tu brillo,
a morir en tu fuego.

Bendita locura

Domingo, 1 de junio de 2008 por Altea

Nunca he tenido claro, nunca entiendo,
quién es realmente el loco, y quién el cuerdo.

Aquí bajo mi manta escribo versos,
me cobijo del sueño de los vivos,
uno que pide valor por los codos,
uno que pienso pero poco más.

Y es que en el fondo, aunque loca, soy cuerda,
y es que soy perezosa y embustera,
con mi corazón que habla bien clarito,
pero al que yo no escucho suficiente.

Nunca he tenido claro, nunca entiendo,
quién es realmente el loco, y quién el cuerdo.

Veo gente golpeada por airosa,
escucho historias ciertas aunque injustas,
abusones que abuchean al valiente,
al sabio, al creativo, al reluciente.

Hablo con amigos alma con alma,
gente a quien les llueve sobre mojado,
guerreros desterrados, olvidados,
ignorados por sentir lo suficiente.

Y me quiebro por dentro y me da rabia,
me quema ya la ofensa contenida,
soy loca pero veo lo que ocurre,
soy cuerda pero siento que ya toca.

Que me toca gritar, enfurecida,
que me retumba el alma disconforme,
que aunque soy brava y nunca suficiente,
no me gusta lo que hacen a la gente.

Sócrates rebatió a todo el Senado,
siendo a pesar de ello condenado.
Sin embargo, qué ejemplo tan preclaro,
qué muestra de no estar equivocado.

Por eso estoy aquí, hermano mío,
por defenderte ante cualquier tribuna.
Mas una vez pasado el trago amargo,
aprende esta lección para los restos.

Y si toca el exilio incomprensivo,
has de tomarlo, pues es tu camino.
Un camino repleto de adyacentes,
que es para bien si ese es tu destino.

Y es que el sufrir te da lo suficiente,
llega un momento en que por fin comprendes,
que un paso tras otro hacen el camino,
ni prendas, ni monedas, ni contratos.

Qué peso te quitas de las espaldas,
cuando te importa un bledo que te ignoren,
cuando tienes bien claro lo que vale,
quién eres, dónde vas y lo que sientes.

Segundo tras segundo vas de frente,
sabiendo que no hay más que ese momento,
completo desapego de tu piel,
pues era ella quien te daba el ego.

Dignidad, comprensión y gran templanza,
para vivir lo que quiera venir.
Sabiduría ganada en la batalla,
descanso porque este no es el fin.

Sigue adelante cuerdo, sigue siendo,
nadie puede evitar tu alma inmortal.
Tu espada es solo tuya, tenla firme,
que no te engañe más mirar atrás.

Aquí bajo mi manta escribo versos,
me cobijo del sueño de los vivos,
y aunque a veces parezca que dormite,
en realidad estoy; estoy contigo.

Mas sólo si la ocasión lo merece,
si el mundo pone al bueno por montera,
entonces salgo del sueño admitido,
y saco digna la locura entera.

Yo nunca tuve claro, nunca entiendo,
quién es realmente el loco, y quién el cuerdo.

El que llegó en verano

Domingo, 30 de diciembre de 2007 por Abraxas

Hoy os quiero ofrecer un homenaje a un perro, escrito por la pluma de un paisano. Y quiero dedicarlo a otro paisano, a Canelo, el perro que esperó, durante doce años, en la puerta del hospital de Cádiz, a que algún día saliera su dueño, al que acompañaba siempre a la diálisis. Un día, Canelo murió. Y seguramente se encontró con su dueño, entre las nubes blancas del cielo.

Está sobre las hojas del otoño.
En el viento nocturno que las barre.
En medio de la helada solitaria.
En el radiante polvo del rocío.
En el ligustro verde de la cerca.
En las fresas silvestres escondidas.
Bajo el escudo abierto de las dalias.
Sobre la estrella del jazmín caído.
En la sangre jovial de las anémonas.
En las ardientes rosas derramadas.
Al pie de las coronas del granado.
En los brazos azules de los cedros.
En el negro perfil de los cipreses.
En el tiemblo de plata de los álamos.
Bajo la pleamar de los aromos.
En el aliento de los azahares.
En el áureo pezón de los limones
fijo en la luna de la primavera.
Entre los duros cardos del verano.
Bajo las repentinas tormentas del verano.
En las quemadas noches del verano.
En la sed del verano.
Porque llegó en verano.

No conocía el bosque.
Tampoco el bosque a él lo conocía.
Si, te tenemos miedo.
Nos inspira temor tu súbita presencia.
¿De dónde vienes y por qué a esta casa?
Mirabas serio y nada respondías.
Se sentó en el portal como un mendigo.
Después de varias noches:
puedes pasar. Pareces,
a pesar de tu rostro severo,
un buen muchacho.
Aquí tienes tu hogar. Un plato lleno
habrá para ti siempre en esta mesa.
Pero tú sonreíste de pronto y te marchaste,
bajo las casuarinas, con los niños.
De tanto en tanto desaparecías,
y eran largas las noches esperándote.

¿En dónde estabas? Nunca lo dijiste,
ni contaste el porqué de tus heridas:
aquella oreja casi desgarrada
o el navajazo aquel entre las ingles.
Pero eras fuerte, duro y obstinado.
Era la juventud lo que en ti ardía.
Te daba igual dormir sobre una estera
que en el lívido barro del camino.
Meses enteros te quedabas solo.
La soledad, en vez de ensombrecerte,
te llenó de una alegre valentía.
Todo el bosque te quiso. Enamoradas,
no dormían sin ti por todo el bosque,
rubio y veloz galán siempre encendido.

Y así volvió el otoño. Y una noche
de despoblados árboles, de cielo
despoblado de estrellas y de luna,
cuando el amor rondabas en la niebla,
de súbito, una bala
dobló tu corazón sobre las hojas.
Sé que por vez primera
fue tu ladrido prolongado y triste.

¿En dónde estás, Alano, buen amigo?
Solo, ahora, en lo oscuro
–fijos en mí tus ojos vigilantes,
apretada tu boca de colmillos atentos–,
te pregunto y te llamo por tu nombre,
el mismo nombre de tu clara estirpe.
¿En dónde estás, Alano?
Estás bajo las hojas del otoño.
En todos los jardines que cuidabas.
En el llanto furioso de los niños.
En el corazón verde de los bosques,
porque tú eres ya el alma de los bosques,
y siempre
los bosques hablarán de ti mientras las brisas
agiten en sus ramas tu recuerdo.

Rafael Alberti.

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