«Lo que diferencia un tronco flotante de una barca hecha con la misma madera es que esta última tiene remos y puede bogar contra corriente» (Sri Ram).
Podemos elegir: contentarnos con excusarnos ante cualquier esfuerzo diciendo «yo soy así», o decidir sacar provecho de la vida caminando hacia nuestros ideales de ser mejores y de mejorar un poco el mundo. O por lo menos de no contribuir a que siga igual.
La evolución es un camino que va siempre hacia arriba y hacia adelante. Cada uno puede dar un pequeño paso en esa dirección. Siendo troncos flotantes, las corrientes de la vida nos zarandean y nos golpean, y ante las circunstancias adversas y los dolores que nos sorprenden, nos preguntamos: ¿por qué ahora?, ¿por qué a mí?
Es el momento de empezar a saber un poco más, de nosotros mismos, del mundo, de las leyes de la naturaleza que se cumplen inexorables aunque no las entendamos. Ahí aparece la inquietud filosófica.
Cada pequeña respuesta nos llevará a la siguiente pregunta. En la buena dirección. Hemos empezado a pulir y dar forma al tronco. Queremos ser barcas con remos que nos permitan decidir la dirección de nuestro viaje. El viaje de la vida. Y más allá.

