Una pregunta que ciencia y filosofía se han hecho alguna vez es la de por qué el ser humano piensa en la inmortalidad. Desde un punto de vista absolutamente darwinista, habría que preguntarse por el sentido evolutivo de creer en la vida después de la muerte. Algunos investigadores sostienen que las creencias en el más allá o en la reencarnación obedecen, bien a un proceso de asimilación cultural, bien a una reflexión posterior influida por diversas circunstancias personales.
La cuestión es lo suficientemente interesante como para que un grupo de psicólogos de la Universidad de Boston hayan llevado a cabo un experimento con la intención de descubrir en qué momento aparece la idea de inmortalidad en el hombre.
El estudio, que lleva por nombre “The Development of Children’s Prelife Reasoning: Evidence From Two Cultures”, asegura que la percepción de la inmortalidad en el ser humano responde a patrones universales. Esos patrones universales son prácticamente idénticos en las edades más tempranas de la vida; sin embargo, conforme el niño crece y se sumerge en la cultura de su entrono, esa percepción cambia. Básicamente, da igual las creencias religiosas o circunstancias sociales y culturales de la persona, porque el ser humano nace en todas partes con las mismas ideas acerca de lo que pasa antes de nacer. Es después cuando esas ideas van modificándose.


















