Sentido humanista

Sentido humanista

Una ciencia, un arte, una filosofía que no tiene sentido humanista, que no tiene sentido histórico, que no se basa en el amor a la humanidad, que no se basa en la búsqueda profunda de los valores humanos, no es ciencia, no es filosofía, ni tampoco es arte.

(Jorge Ángel Livraga)

Una perla en el camino

UNA PERLA EN EL CAMINO

 

Al ver cotidianamente las noticias del mundo (que hay que hacer ganas…), en cada noticiario encuentro a personajes encargados de velar por los intereses de los ciudadanos que están acusados de corrupción y falta de honestidad. Esto, en muchos sitios, como España, se ha convertido en el pan de cada día.

Después vienen las historias de los muchos desamparados que tienen que preocuparse cada día de mantenerse vivos si es que les tocó nacer en un país que está en guerra, o sin recursos para subsistir, o fagocitado por otros; o de no deprimirse por el vacío de su existencia si les tocó nacer ricos pero sin un sentido para su vida.

Así que uno piensa que vaya un fiasco: los de a pie entendemos la diferencia entre ser honrado y no serlo, entre hacer una labor en favor de los demás o en beneficio propio, y por supuesto, hay de todo en la viña del Señor y ejemplos de las dos cosas. Pero uno parece esperar que los que están más arriba tengan un poco más de vergüenza, un poco más de solidaridad, un poco más de compromiso con las generaciones futuras… En fin: un poco más.

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El voluntariado: vía para ser mejores ciudadanos

EL VOLUNTARIADO

Según una investigación publicada por “The Guardian” en el Reino Unido, se ha comprobado que “el voluntariado aumenta la felicidad en las comunidades”.

Los investigadores entrevistaron a un grupo de 101 autoridades distritales escogidas aleatoriamente y encontraron que aquellas áreas con la mejor calidad de vida eran las que tenían mayores niveles de actividad de voluntariado informal. Gozaban de mejor estado de salud, de menor grado de criminalidad, alegaban estar “muy satisfechos” con sus vidas y sus estudiantes tenían mejor rendimiento en el sistema educativo.

Hasta ahora teníamos claro que el voluntariado beneficia a la comunidad que venimos a servir, pero el resultado de este estudio presenta un nuevo ángulo del asunto: si trabajamos en beneficio de los demás, no solo ayudamos a mejorar nuestra sociedad sino que también podemos ser más felices.

Esto nos recuerda la idea que promovía el gran filósofo Platón y sus seguidores sobre lo que significa ser un buen ciudadano. Mientras que hoy en día se considera un “ciudadano” a cualquiera que cumpla la mayoría de edad, para ellos un “ciudadano” es aquel que cuida de su ciudad y trabaja por ella. Existe una relación directa: cuanto más se desarrolla un individuo, más podrá contribuir a su ciudad.

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Elegir para iluminar

ELEGIR PARA ILUMINAREs curioso el fenómeno de la luz…

Hay un momento en La Ilíada de Homero en que a Aquiles se le plantea un dilema: tiene que elegir entre tener una vida corta y gloriosa o disfrutar de una vida larga y placentera sin grandes cosas que reseñar. La cuestión se la formula su madre, que era diosa y había oído algo de una profecía que le concernía (eso era una madre).

Esto me recordó las enseñanzas de un gran filósofo del siglo pasado (J. Á. Livraga) cuando explicaba cómo es inevitable que una vela se consuma para poder dar luz. En su sentido filosófico significa que en la medida en que se ilumina nuestro camino a través del esfuerzo individual por ser mejores y mejorar un poco el mundo, se ilumina también un poco el de aquellos que nos rodean.

Ahora es poco probable que nuestra madre nos presente una elección tan bestia como la de Aquiles, pero en cada recodo de la vida, una voz al oído, como si fuera un geniecillo al que le resulta difícil estar callado, nos sigue preguntando: ¿quieres ser luz que ilumina o vela de cera sin estrenar?  O, según el día que tenga el geniecillo: ¿qué prefieres? ¿Una vida dedicada a obtener el reconocimiento de los demás y el beneficio propio, o una vida ceñida a unos principios éticos aunque eso te cueste ser menos rico o incluso que te tachen de tonto o te ignoren?

Dado que vivimos tiempos más bien oscuros (y no lo digo precisamente por que hayan bajado la iluminación de algunas ciudades por la contaminación lumínica y por la crisis), no vendrían mal algunas velas más. Si habéis hecho la prueba en algún sitio poco transitado o en algún lugar del campo, habréis comprobado que la luz de una vela en la oscuridad absoluta se ve desde muy lejos. Y no solo ilumina al que la lleva en la mano, sino a cualquier otro que se arrime a su vera. Vamos, que podemos animarnos a encenderla por nosotros o por los demás, lo que más nos motive.

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Buen comienzo

BUEN COMIENZO

Hay momentos en el año especialmente dotados para hacernos sentir que comenzamos, que tras el desgaste de las rutinas y los cansancios podemos empezar una nueva página en blanco del libro de nuestra vida, y este, del año nuevo es uno de los más privilegiados. Por algo, en su propio nombre, enero, lleva el significado de una puerta que se abre, de un inicio, una expectativa hacia el futuro.

El tiempo circular, que rige de alguna manera nuestras experiencias, impone este régimen gobernado por la imaginación y los símbolos que nos permite instalarnos en una realidad psíquica, elevar nuestra conciencia y probar a volar con las alas del alma.

Imaginar que comenzamos un nuevo capítulo de nuestra historia nos libera del lastre de los fracasos y las decepciones, podemos volver a mirar a nuestras aspiraciones, a revisar los viejos proyectos.

No sería eficaz esa especie de renovación de intenciones sin un examen previo, sin un balance hecho aprovechando el final de un ciclo que se va con el año que termina. Antes de lanzarnos a emprender los desafíos y los retos haremos bien en revisar si hemos cumplido con las expectativas que nos habíamos hecho, si hemos cargado nuestros días de esfuerzos para alcanzar nuestras metas, o si, por el contrario, el tiempo nos pasó por encima y nos encontramos al acabar un ciclo, derrotados.

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Aprender y recordar

APRENDER Y RECORDAR

 

Decía Platón que en realidad, aprender, lo que se dice aprender, no podemos aprender gran cosa. Que lo que de verdad hacemos, es recordar. Es en el Fedón, mientras Sócrates explica a sus discípulos por qué no tiene el más mínimo temor a la muerte, instantes antes de cumplirse la sentencia de muerte a la que la ciudad de Atenas le ha condenado. Sócrates no teme. Sócrates cree que el alma es inmortal. Cree también que desde antes de nacer, el ser humano está en contacto con las esencias, ideas o arquetipos de todas las cosas: la idea de mesa, la idea de perro, la idea de rosa, la idea de casa, la idea de la generosidad, la idea del valor y, por supuesto, esa idea inmensa de lo bueno. Desde ese punto de vista, el ser humano, al nacer, antes de que su toma de contacto con el entorno cultural y de que este le introduzca los conceptos de lo que es correcto y lo que no es correcto, antes de eso, ya sabría qué está bien y qué no está bien. Y lo sabría porque antes de nacer su alma estuvo junto a la idea de lo bueno en ese mundo platónico de las ideas.

Platón lo explica mucho mejor, desde luego. Sin embargo, un reciente experimento realizado por investigadores de la Universidad de la Columbia Británica en Vancouver, dirigido por la profesora Kiley Hamlin, parece demostrar que los bebés ya tienen nociones acerca del bien y del mal, y son capaces de reconocerlos. El experimento, muy sencillo y, a la vez, extremadamente interesante, se realizó con bebés de entre seis y diez meses. Lo que hicieron fue ir mostrándoles unas secuencias animadas en las que unas figuras geométricas, con ojitos y bracitos para personalizarlas, realizaban unas acciones. En la primera, un círculo trata de subir una pendiente empinada pero no puede hacerlo solo. En la segunda, un cuadrado azul le ayuda a subir. En la tercera y última, un triángulo amarillo empuja al círculo, que se precipita hacia el fondo de la pendiente. Después de repetir varias veces las secuencias para asegurarse de que los bebés las habían entendido, pasaron a la segunda parte. Frente a los niños, ponen las dos figuras decisivas: el cuadrado azul y el triángulo amarillo. El 87% cogió el cuadrado y, lo más curioso, el 100% de los niños más pequeños, los de seis meses, ignoraron por completo el triángulo.

La conclusión de los científicos es que, de alguna manera, no solo los bebés de corta edad distinguen y reconocen los comportamientos correctos y los incorrectos, sino que, además, prefieren los correctos y comprenden el castigo de los que están mal. Los investigadores están investigando el mismo comportamiento en niños de hasta tres meses, y los resultados no son muy diferentes. Así que, a la luz de estas cosas, no vendría mal darle otra lectura al Fedón.

Más sobre las sectas

Nueva Acrópolis - sectas

Nueva Acrópolis - sectasReleyendo la brillante reflexión sobre las sectas escrita por la Directora Internacional de Nueva Acrópolis, he estado pensando en la facilidad con que las palabras cambian de significado, según el momento histórico o la ocasión. Aunque todas las religiones, partidos políticos e incluso escuelas de filosofía nacieron separándose de una entidad o un tradición existente, es decir siendo una secta o sección de la rama ortodoxa, hoy se utiliza la palabra secta para descalificar cualquier grupo que propone otra forma de afrontar la realidad. De hecho, las connotaciones sectarias son casi delictivas y así queda en el uso popular de esa palabra, que se emplea contra cualquier grupo al que se quiere condenar por su «peligrosidad». El término «sectarismo» está cargado de significados como odio o intolerancia y por supuesto la defensa del bien propio del grupo o de sus dirigentes contra el bien de la sociedad en general.

Otro de los posibles orígenes de la palabra «secta» hacen referencia al latín «sectator» o seguidor de una determinada doctrina. Tanto si una secta es un grupo «separado» o «seguidor» de una determinada doctrina, por influencia religiosa se relaciona con herejía (del griego «hairesis«, elección) que luego pasó a significar una desviación de la doctrina oficial.

En cualquier caso, actualmente es un término peyorativo que se utiliza como arma arrojadiza contra cualquier grupo humano cohesionado y que pretende cambiar los valores de la sociedad a la que critica. Nada nuevo en la historia de la Humanidad: lo que ayer nació como secta, hoy, en el poder, se convierte en el azote de otras «nuevas sectas». Y que conste que no estoy pensando sólo en religión, sino en política e incluso ciencia o arte.

¿Por qué me preocupa ahora el tema de las sectas? Hace algún tiempo escribí acerca de lo harto que estaba de las críticas sin fundamento a Nueva Acrópolis, llenas de prejuicios y faltas de un análisis serio y directo de lo que es Nueva Acrópolis. Una de las acusaciones más corrientes que se hacen contra Nueva Acrópolis es la de ser una secta. Sin embargo, como leemos en este blog de Nueva Acrópolis titulado La fuerza del ejemplo, «Nueva Acrópolis no es una secta, pues su planteamiento filosófico y humanista lo aleja completamente de posturas cerradas, fanáticas y excluyentes».

Para mí está claro que quien no quiere detenerse a pensar, acusa de secta o comportamiento sectario a los que no entiende. Pero también es posible que lo utilice quien quiera tener entretenida a la gente creando un enemigo al que atribuir todos los males. Piénsalo, ¿no querrán matenernos distraídos?

Aire fresco, aunque sea haciendo trampa

AIRE FRESCO

Vivo desde hace poco en un sitio donde los caracoles salen a pasear por las mañanas como si hubieran hecho una quedada por wasap y donde se puede escuchar el canto de los gallos tempraneros en el silencio de los domingos por la mañana (que yo pensé que solo se podía oír en los documentales). A diez minutos caminando se percibe ya el fragor creciente de la fábrica de forjas, y esporádicamente, el rugir de motores de los aviones que despegan del aeropuerto vecino, lo cual me recuerda que vivo en una ciudad siglo XXI.

Hasta ahora vivía en una céntrica plaza donde la rutina era despertar a las seis de la mañana con el arranque de los primeros autobuses, vivir entre los silbatos de los trenes de la Renfe, la megafonía de los de la Feve, la bocina del Ferry los jueves y los pitidos de los atascos; la máquina de limpiar las calles (muy potente ella) animaba el ambiente a las 4 de la madrugada; de los findes se ocupaban los vociferantes trasnochadores; y las animadas discusiones de los del bar de la esquina ponían la guinda por las tardes. Todo en la misma calle.

Mi apartamento era de esos en los que cabe uno de sobra y dos no entran ni con calzador. Sabía que existían casas en las que no te tropiezas con las esquinas porque había visto las películas antiguas de blanco y negro, en las que la protagonista bajaba a la fiesta por unas escaleras… ¡dentro de la misma vivienda! Uno de mis sueños “domésticos” siempre fue tener toda la pared decorada con un hermoso paisaje evocador de dulces sonidos de pájaros y riachuelos.

Y mira por dónde, esto ya estaba inventado desde hace mucho. Lo recordé al leer un interesante artículo sobre los trampantojos, esos engaños ópticos que hacen que una pared se convierta en una ventana abierta o en una selva tropical: https://biblioteca.acropolis.org/cuando-las-paredes-dejan-de-serlo/

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Las aladas palabras

LAS ALADAS PALABRAS“Así dijo rogando. Acercósele Atenea, que había tomado el aspecto y la voz de Mentor, y dijo estas aladas palabras(La Odisea, Canto II).

Como en la frase transcrita, “aladas palabras” aparece sesenta y dos veces en el poema épico griego conocido como La Odisea, escrito por Homero, un aedo (poeta cantor) griego de la Antigüedad, del que se desconoce con exactitud su origen y fecha de nacimiento.

La Odisea y la Ilíada, en un principio eran cantadas y su tradición se mantuvo de manera oral, para lo cual los cantores debían hacer un extraordinario uso de la memoria. Luego, las obras fueron transcritas en fechas para nosotros lejanas (s. VIII a.C.).

En La Odisea se narra la vuelta a casa de Odiseo (Ulises para los romanos) tras la guerra de Troya. Este libro era y es en la actualidad un marco de referencia para la educación de los jóvenes de la antigua Grecia, luego en Roma y hasta hace unos años en el mundo occidental. Encierra enseñanzas de profundo contenido moral, pero no es el tema del que quiero escribir en este artículo.

En el caso de La Odisea y en La Ilíada, las “aladas palabras” son pronunciadas por los dioses, los héroes, los sabios y aun por los hombres y mujeres prudentes. Estas tienen el poder de volar y aun de transportar al que las dice y al que las escucha al elevado mundo de los grandes ideales.

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