
–¡Oh! Es impresionante.
–Sí, es un paisaje muy bonito.
–No, no me refiero al paisaje. Me refiero a una frase de Albert Einstein que está en una de las páginas de la agenda que me regalaste para este año, 2011. Dice así: “Lo más incomprensible del universo es que sea comprensible.
Ciertamente, el hecho de que seamos capaces, hasta cierto punto, de comprender el universo, de preguntarnos cosas y de buscar respuestas, de la misma manera que un perro busca un hueso en el jardín, es algo incomprensible e impresionante. Pero ¿cómo, cuál es el medio que nos permite comprender, preguntar y buscar?
La respuesta que encontraron un pequeño grupo de filósofos que vivieron en pequeños poblados aislados de todo y sin apenas medios fue que la Naturaleza es inteligible, es comprensible, porque todos tenemos un pequeño pedazo de esa misma naturaleza que llamamos mente.
El historiador británico H.D.F. Kitto describió en su libro Los griegos ese momento histórico, tan parecido al descubrimiento del fuego, de esta forma tan sugestiva: “Pido al lector que, por un momento, acepte la siguiente declaración como una exposición de hechos razonables: en una parte del mundo que durante siglos había alcanzado un altísimo grado de civilización, surgió gradualmente un grupo de personas, no muy numeroso, no muy poderoso, no muy bien organizado, que tenía una concepción absolutamente nueva del sentido de la vida humana y que por primera vez demostró para qué estaba hecha la mente del hombre”.


















