En julio de este verano de 2009, tuve la siguiente conversación con mi buen amigo J. Carlos, en la que me contaba:
–Estoy asustado por la velocidad con la que se me pasa el tiempo, paso de lunes a viernes y de verano a invierno casi sin darme cuenta. En cambio, recuerdo que cuando yo era pequeño el tiempo pasaba más despacio. Las semanas me parecían como meses y los meses, especialmente los de verano en vacaciones, me parecían como años. Tengo la extraña sensación de que el tiempo pasa más rápido a medida que envejezco.
–Sí, es cierto, a mí me ocurre lo mismo. Yo, a veces, también tengo esa extraña sensación de que, cuanto menos tiempo me queda, más rápido se va. Tan extrañado estoy que empiezo a sospechar que los relojes y calendarios que nos venden están todos trucados.
Pero ¿quién no ha tenido alguna vez la “extraña sensación” de que el tiempo a veces se alarga y otras se acorta? ¿Qué pasa con el tiempo? ¿Es que el tiempo es como una especie de goma de mascar cósmica que se puede estirar y acortar?














