Tiempo de elecciones

Estamos en tiempo de votaciones y me viene a la memoria algo que me llamó la atención al ver el documental “Fábrica de famosos”, de Chris Atkins. Está relacionado con nuestro sistema político y, visto con los ojos de un antiguo griego –ya que a Grecia se le considera la cuna de la democracia–, resultaría peculiar; y es que, en nuestra concepción moderna, cualquiera puede regir los destinos económicos, sociales y culturales de un país. Literalmente.

No hace tanto, vimos en las pantallas de televisión cómo se proponía la posibilidad de que una “princesa del pueblo” se presentara a las elecciones, y fuimos testigos de un espectáculo-sondeo para ver qué respaldo popular tendría. La protagonista en concreto no era economista, socióloga o ingeniera, sino que, más bien, tenía la formación mínima que se exige obligatoriamente a cualquier ciudadano.

Lo que me resulta curioso es que, efectivamente, en muchos sistemas democráticos occidentales se puede dar el caso de que cualquiera conduzca y represente los destinos de millones de personas, independientemente de que sepa o no conducir el suyo propio.

Esto ya ocurrió en Lituania en 2008. Aparte de la valoración moral o personal que se haga de los personajes en cuestión, es de general aceptación que se trata de productos mediáticos, que es la forma de catalogar a aquellos personajes prefabricados que se meten en el salón de estar de nuestras casas a todas horas insistentemente (salvo que apaguemos el televisor, que es una medida muy saludable, aunque difícil para los teleadictos), sin otro mérito que contar sus “cosas” sin ninguna vergüenza, ni recato, ni pudor, ni medida, ni elegancia, ni…

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En el momento preciso

El tiempo no siempre es un recuento de acontecimientos más o menos previsibles, en progresión lineal, sino que a veces acelera su ritmo y se deja interrumpir por lo inesperado, lo que se encontraba fuera de los pronósticos más certeros. La consecuencia es siempre el cambio y sus protagonistas suelen ser aquellos que estaban en el lugar y en el momento oportuno, como fruto de una actitud, abierta a las posibilidades, más ligera y libre que la de los que se aferran a la tarea de tenerlo todo controlado.

Tal es la lección de la historia, que deberíamos leer más a menudo. Quizá la mayor de las singularidades que marcan a los personajes que salen a la escena del mundo, para escribir páginas en esa historia, es que supieron estar ahí cuando era el momento y se abrieron paso en medio de los sucesos, guiados por ese particular olfato para percibirlo.

Ya sé que todo esto desafía las leyes de la racionalidad, pero es que en la vida de los seres humanos no todo puede ser filtrado y enfriado por los razonamientos, porque también existen las emociones y las intuiciones, por no hablar de ese extenso territorio interior donde manejamos los símbolos y nos preguntamos por el sentido que tienen las cosas. Ahora es el momento de soltar el lastre que se nos había pegado, oscureciendo nuestra capacidad para los compromisos en el refugio de la desilusión y el escepticismo.

Si nos desentendemos de lo que ocurra en la vida social, con el pretexto de sentirnos defraudados, otros tomarán las decisiones por nosotros, y lo que es peor, pretenderán interpretar el mundo sólo a su manera, dictada por sus intereses.

Entre los matices de lo que hemos vivido estas últimas semanas sobresale una nueva capacidad para salir de la indiferencia y volver a comprometerse con las ideas y las personas. Ha sido una buena lección de vitalidad, que va a servir probablemente para renovar muchas cosas, en armonía con los mensajes de esta primavera.

Carta al gobernador de Libia

Aunque en ocasiones he publicado letras de canciones con contenido filosófico, permitidme hoy esta “boutade” y que lo publique “contracorriente”.

Se trata de una canción con un título tan actual que espero que perdonéis la intromisión filosófica, pero si este blog trata acerca de las reflexiones cotidianas de un filósofo, entenderéis que la actualidad es lo que prima. El título es “Carta al gobernador de Libia” y fue escrita por Giuni Russo y Franco Battiato en 1981. En 1989 la volvió a grabar Battiato añadiendo una cita relativa a Rodolfo Graziani, famoso general italiano que, entre otras acciones, se distinguió por la conquista de Libia entre 1921 y 1931. La letra, como muchas de las escritas por Battiato es algo rebuscada y quizás estrambótica. Creo entender que es una canción contraria a la guerra de Libia, la que en su momento emprendió Italia contra la revuelta de Omar Al Mukhtar. Entiendo que también lo es contra la guerra del actual “gobernador” de Libia que es capaz de bombardear a su propio pueblo que nunca lo eligió. De hecho, parece tan actual, la venta de armas por parte de gobiernos occidentales, las reinas, la lujuria, el ejército de Amazonas que acompañan al dictador, el desplazamiento de la guerra de Bengasi a Trípoli, etc.

Presso una casa antica e bella
Piena di foto di regine e di bandiere
Aspettavamo il console italiano
La fine dell’estate fu veloce
Nuvole nere in cielo e qualche foglia in terra
Carico di lussuria si presentò l’autunno di Bengasi.
Lo sai che è desiderio della mano l’impulso di toccarla
Ho scritto già una lettera al governatore della Libia
I trafficanti d’armi occidentali
Passano coi ministri a fianco alle frontiere
Andate a far la guerra a Tripoli
Nel cielo vanno i cori dei soldati
Contro Al Mukhtar e Lawrence d’Arabia
Con canti popolari da osteria
Lo sai che quell’idiota di Graziani farà una brutta fine.
Ho scritto già una lettera al governatore della Libia
En una casa antigua y bella
llena de fotos de reinas y banderas
esperábamos al cónsul italiano.
El final del verano fue rápido.
Nubes negras en el cielo y algunas hojas en la tierra.
Cargado de lujuria se presentó el otoño en Bengasi.
Sabes que es deseo de la mano el impulso de tocarla.
Ya le he escrito una carta al Gobernador de Libia.
Los traficantes de armas occidentales
con los ministros pasan las fronteras.
Id a hacer la guerra en Trípoli.
Por el cielo van los coros de soldados
contra Al Mukhtar y Lawrence de Arabia
con canciones populares de las tabernas.
Sabes que el idiota de Graziani seguro que acabará mal.
Ya le he escrito una carta al Gobernador de Libia.

En Internet no he encontrado ningún vídeo de una grabación en directo. Es una pena. Pero espero que disfrutéis de esta bella canción que tengo como sintonía de mi móvil desde el año pasado.

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Hoy es el primer día del resto de nuestra vida

Como si de un ritual establecido desde antiguo se tratase, cada comienzo de año solemos desearnos que ese nuevo ciclo del tiempo que se inicia nos traiga toda clase de bienes. Desde nuestro blog nos sumamos a esa tarea de difundir buenos deseos a todos nuestros pacientes lectores, pero también, como aprendices de filósofos, proponemos una breve reflexión sobre el tiempo y los intentos humanos por contenerlo, por dominarlo o incluso por descubrir sus secretos.

El tiempo es una línea continua que sostiene nuestras acciones, que desgasta las cosas y la materia de nuestro cuerpo, una línea constituida por los instantes en los que se resuelve nuestro presente, para convertirse en pasado. Ese tiempo lineal de instantes acumulados nos produce un vértigo que solo puede calmar el otro ritmo del tiempo, el simbólico, el cíclico, el que nos lleva año tras año a vivir el misterio de los orígenes, como si fuese posible empezar de nuevo y conseguir lo que hasta ahora se nos escapaba.

Si somos capaces de concebir estos dos regímenes temporales, es que disponemos de las facultades para hacerlo: la de construir paso a paso el trayecto de los esfuerzos y los trabajos, uno tras otro, y la que nos permite volar en cierta manera por encima de lo cotidiano para elevarnos hacia las realidades atemporales, las que no se encuentran sujetas al desgaste del tiempo, y que se nos manifiestan en forma de ciclos, a través de los cuales descubrimos la Naturaleza y el mundo.

Tras nuestros deseos de que este nuevo año que ahora empieza sea mejor, está el anhelo insoslayable de intuir que es posible liberarse de lo que nos ata y nos impide el vuelo. Para ello, el tiempo tiene que ser nuestro aliado. Como decía el viejo proverbio: «hoy es el primer día del resto de nuestra vida».

Las semillas y la buena tierra

Mateo 13, 1-23; Lucas 8, 4-14

Aquel día salió Jesús y se sentó junto al lago. Se reunió en torno a él mucha gente, tanta que se subió a una barca y se sentó, mientras la gente estaba de pie en la orilla. Les contó muchas cosas por medio de parábolas:

Salió un sembrador a sembrar. Al hacerlo, parte de la semilla cayó al borde del camino, pero vinieron las aves y se la comieron. Parte cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra; brotó en seguida porque la tierra era poco profunda, pero cuando salió el sol se agostó y se secó porque no tenía raíz ni humedad. Parte cayó entre zarzas, pero estas crecieron y la ahogaron. Finalmente, otra parte cayó en tierra buena y dio mucho fruto.

Los siguientes versículos de estos textos hablan de la explicación sobre cada semilla. En realidad, cada uno podrá darle un significado propio a estas palabras que, por muy marcadas de Iglesia que a algunos les suenen, no son más, ni menos, que enseñanzas atemporales. Si nos sirve Buda o los textos hindúes, los aprendizajes egipcios o los nuevos pensadores, por qué no rescatar un texto de unos 2000 años.

Si queremos ser prácticos, este texto puede estar hablando de clientes, de marketing; si queremos ser místicos, este texto puede estar hablando de aquellos que comprenden el mundo y aquellos que no. Si queremos pensar en personas, puede hablar de amigos; para algunos hablará de mujeres; para otros, de intentos y frutos.

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El arte de hacer el bien

En nuestro esfuerzo por reivindicar la filosofía como una actividad encaminada a liberar el espíritu humano de las servidumbres y los engaños, encontramos definiciones de esa afortunada palabra que los griegos -se dice que fue Pitágoras su inventor- significaron como «amor a la sabiduría», que intentan descubrir matices que su uso y su práctica han ido añadiendo para desvelar una búsqueda del sentido de las cosas.

A pesar de que para la mayoría la filosofía es mera especulación teórica, desconectada de la vida, y perfectamente prescindible en un mundo de acción, no es así como la concibieron los más señalados sabios que se entregaron a ella, sobre todo los que construyeron los cimientos del gran edificio del pensamiento.

En sus referencias vemos siempre esa intención práctica, esa aplicación de lo filosófico a la experiencia cotidiana, y en las biografías de los que la cultivaron, comprobamos que no se encerraron en sus estudios a elucubrar, sino que salieron a la escena del mundo y participaron en ella activamente.

La explicación es que el amor a la sabiduría nos ayuda a vivir realmente, a ser protagonistas de nuestra existencia, sin miedo, asumiendo las propias convicciones, a construirse la propia identidad.

Y sobre todo, la filosofía nos enseña el arte de hacer el bien, es decir, la posibilidad de mejorar el mundo que nos rodea, sin esquivar la responsabilidad moral de conciliar el interés individual y el colectivo, partiendo de un compromiso que surge de nuestra propia autonomía y no depende de lo que hagan o digan los otros.

El rollo de la filosofía

Cada día me sorprendo más de lo rollo que es la filosofía. Rollo por larga, rollo porque afecta a todo, rollo porque existe desde siempre. Y es que te la encuentras en cualquier cosa, oye, sin poder evitarlo. ¿Que te pasa algo bueno?, lo vives con filosofía y aprecias la belleza de la vida; ¿que te pasa algo malo?, lo tomas con filosofía y aprendes los tropiezos y curvas del camino.

¿Que hace un día soleado?, miras al horizonte, con ojos de filósofo, que para eso lo podemos ser todos, y descubres que la Naturaleza no depende de nadie, que sigue su curso, en el que en realidad estamos inmersos. Y entonces notas la grandeza de todo lo que existe y no te sientes pequeño, sino afortunado de haberte dado cuenta, porque a partir de hoy andarás con más filosofía aún, con más sabiduría aún, con más perplejidad aún.

¿Que hace un día nublado?, comprendes por qué existen las corrientes negativas teóricas en el tema, pero no comprendes por qué no superaron esa primera tendencia a creer que lo gris es solo gris. Por qué no vieron que la lluvia es necesaria para que salgan flores, para que mejore el ambiente, para que todos nos cobijemos y en ello tendamos al interiorismo, tan real y necesario como la comida misma.

Quizás la diferencia, como decía Abraxas en sus «colores», sea el modo de mirar. Ya que un poco más atrás de la primera capa de cada persona, de cada acontecimiento, de cada tormenta, siempre hay un corazón que late.

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Sinceridad y sincericidio

Leía una estupenda revista de psicología editada por Jorge Bucay, cuando, aparte de un montón de acertadas palabras, me encontré un artículo que hablaba de hasta dónde debemos ser sinceros.

Uno, en ocasiones, se congratula de ser altamente sincero, de decir siempre lo que piensa y lo que siente. Sin embargo, no hay que olvidar a los demás. Nosotros nos sentimos muy bien cuando decimos lo que pensamos, pero ¿cómo afecta eso a quien lo escucha, sobre todo si estamos hablando de él, o de personas cercanas a él?

De ahí el término sincericidio, o verdades que matan, o aún más correcto, sinceros que matan. ¿Dónde está el límite de la verdad dicha? Desde mi punto de vista, donde vaya a hacer más daño que favor al ajeno. Donde nuestro ego no sea el que está dirigiendo por delante de nuestra consideración. ¿Es realmente necesario decir todo lo que nos parece mal? ¿Significa que nos parezca mal que realmente está mal?
Es posible que una mente más tolerante vea menos errores a su alrededor. Debate abierto…

En cualquier caso, hay algo muy claro: a quien uno no debería nunca mentir es a sí mismo. Este es un campo muy peligroso, muy escurridizo. En ocasiones nos engañamos a nosotros mismos con tremendas excusas que ya creemos ciertas.

Como dice una vieja frase:

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Sociedad esquizofrénica

El título de este blog no corresponde a ningún grupo de música actual, por más que sus nombres sean sumamente originales. Me estoy refiriendo a que en nuestra sociedad, en los momentos más dramáticos, se propugnan unos valores, pero se admite sin ningún problema que en los medios de comunicación de masas se denigren o rechacen.

La reflexión viene a raíz de la reciente trágica muerte de una menor en Sevilla. Una muerte sin sentido, una muerte absurda, fruto de una mente enferma, dentro de una sociedad enferma. Valentí Puig lo llama, en un excelente artículo, “la extraña sociedad”.

Para este articulista, la razón se encuentra en la pérdida de valores: “Figuras como el padre o el profesor pierden su condición de modelos a imitar. El antiautoritarismo alcanza a impugnar la autoridad legítima del padre o del profesor”.

Los padres de la menor coinciden: «La sociedad cada día tiene menos moral. Quizás seamos demasiado flexibles, empezando por los profesores en los colegios».

Pero por otra parte, vemos que en la sociedad se difunden sin ningún reparo mensajes violentos, racistas, denigratorios, que no se condenan por miedo a no parecer tolerantes. Es curioso que la noche que anunciaron la detención del confeso asesino de esta joven, en la televisión se proyectaba la primera parte de la película “Kill Bill”. Aunque hace casi seis años que se estrenó, nunca la había visto…, y aún puedo decirlo, porque sólo aguanté veinte minutos de secuencias llenas de violencia absurda. Y, sin embargo, es lo que llaman una “película de culto”, un icono de la sociedad actual. Al día siguiente, al comentarlo con algunos amigos, varios me confesaron que la película les gustó. Dios mío, o no entiendo nada, o estamos todos locos: ¿cómo podemos estar tan esquizofrénicos y por una parte “disfrutar” con Kill Bill y por otra condenar el crimen de Marta?

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Estudiante finlandés

No hay más remedio que escribir sobre los acontecimientos ocurridos esta semana en los que un estudiante finlandés mató a tiros a varios compañeros de instituto, a su profesor y luego se suicidó (tengo un amigo que dice que todos estos chalados deberían empezar al revés, por uno mismo, y si después les quedan ganas, continuar con los demás).

En fin, bromas aparte, ¿en cuántos tópicos pensáis que voy a caer para escribir este blog? Pongo unos cuantos y luego sigo: “sociedad enferma”, “permisividad de tenencia de armas”, “países escandinavos ricos pero profundamente infelices”, “endémica admiración por el nazismo y la violencia en general”, “incapacidad policial de intervención ante estas muertes anunciadas”, “uso de Internet para apoyar a estos violentos solitarios”, etc.

Tópicos aparte, me ha llamado la atención que al buscar en Google los términos “estudiante finlandés” las treinta primeras páginas recomendadas por el buscador están relacionadas con este reciente crimen u otro similar ocurrido en noviembre de 2007. ¡Qué triste! No me gustaría ser estudiante finlandés y que en el mundo nos conocieran por estas dos personas enfermas. Pero ¿es más triste ser estudiante español? Si leemos la página 31 en el buscador de Google, nos sorprenderá el título «Fracaso escolar en España: Finlandia, el modelo a imitar», y dentro de la página un párrafo como este: “Una ampliación de ese estudio nos muestra algunas de las características del modelo educativo finlandés, el mejor ejemplo a imitar por España si quiere salir de la crisis educativa por la que atraviesa y que se refleja en el fracaso escolar de los últimos años”.

Al final entendemos el porqué de este artículo: es del año 2004 y posiblemente en ese año al buscar en Google “estudiante finlandés” solo aparecerían menciones a Linus Torvalds, el estudiante que con 18 años creó el sistema operativo informático Linux y nombrado por la revista Time como uno de los héroes de nuestro tiempo.

¿Con qué nos quedamos? Personalmente con una educación en valores, una educación que más allá de tratar de crear genios o personas con inteligencia destacada, esté interesada en crear hombres y mujeres buenos. ¿Os parece suficiente?