Bías de Priene, un hombre bueno

Si bien en esta minisección de historias de filósofos, hasta ahora siempre he hablado de personajes controvertidos, en esta ocasión me toca hablar de, como diría el poeta, un hombre “en el buen sentido de la palabra, bueno”.

Reconozco que no puedo ser neutral pues, para empezar, su lugar de nacimiento es un sitio que me fascina. Priene, Mileto, Pérgamo, Éfeso, Afrodisias, son para mí unos lugares maravillosos de la costa jonia, de los que guardo tan buen recuerdo, y que recomiendo visitar a todos los enamorados de la historia de la Antigua Grecia.

Bías fue considerado uno de los siete sabios de Grecia, que vivió a mediados del siglo VI a. de C. Se puede decir que fue muy bien considerado en su época, y de él hay recopilados muchos apotegmas, o breves y agraciadas sentencias morales. El ejemplo que más se cita corresponde al momento en el que los habitantes de Priene se vieron obligados a evacuar la ciudad, que había caído en poder de los persas. Entonces, al preguntar a Bías por qué no llevaba consigo sus bienes, él pronunció estas palabras: “Todo lo que me pertenece lo llevo conmigo”, dando a entender con ello que los bienes más preciados para él eran su sabiduría y el tesoro de sus pensamientos.

Sus conciudadanos le consultaban con frecuencia acerca de asuntos litigiosos y siempre se negó a emplear su talento en provecho de la injusticia. Decía preferir juzgar entre enemigos que entre amigos, porque en el primer caso estaba seguro de ganar a uno de aquellos, mientras que en el segundo perdía a uno de estos.

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Sólo quería…

Sólo quería recordar cosas que he ido aprendiendo con el tiempo.

Quería recordar que la vida es cíclica. La Vida Una y la vida cotidiana, lo que aprendemos no suele ser de una sola vez, sino a pequeñas gotas, en graduales golpes de luz.

Por eso, cuando un día consigas algo que nunca habías logrado, algún modo de ver la vida, algún paso en el libro de la sabiduría, no te apenes porque fue solo ese día, y a los siguientes pareces de nuevo embarrado en lo mundano. Mejor, recuerda que lo que ha ocurrido es que has conocido un nuevo camino por el que acabas de dar tan solo el primer paso. Pero los siguientes vendrán detrás, uno tras otro.

A vivir no se aprende de un golpe, ni a conducir, ni a hablar francés, todo requiere una lección tras otra hasta alcanzar cierto nivel de comodidad en la materia.

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Elixir de eterna juventud

«El hombre no envejece cuando se le arrugan las células epiteliales, sino cuando se le arrugan los sueños y las esperanzas», decía el profesor Livraga.

Los viejos Maestros siempre nos enseñaron que la vida se modifica y transforma desde la actitud de nuestra mente, y que desde el estado de conciencia adecuado podemos obrar verdaderos prodigios en nosotros mismos.

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El baúl de Newton

El baúl de Newton

El baúl de NewtonEn 1684 tres miembros de la Royal Society, el astrónomo Edmund Halley, Christopher Wren, arquitecto de la catedral de de Londres, y el físico Robert Hooke, mantenían en Londres una animada discusión que acabó en una apuesta: ¿qué tipo de trayectoria describen los planetas alrededor del Sol? Wren ofreció 40 chelines a quien aportara la solución.

De los tres, Halley fue el que más se empeñó en encontrar una solución, hasta el punto de viajar a Cambridge para trasladar la pregunta a Newton, el excéntrico profesor de matemáticas. Allí pudo preguntarle directamente: ¿qué tipo de trayectoria describen los planetas alrededor del Sol? Sobre esta entrevista no sabríamos nada si no llega a ser por Abraham de Moivre, gran matemático y amigo de Newton, que dejó escrito lo siguiente sobre este encuentro:

Newton contestó inmediatamente que era una elipse. El doctor, lleno de alegría y asombro, preguntó cómo lo sabia. “Porque lo he calculado”, contestó. Entonces el doctor le pidió que le mostrase los cálculos. Newton buceó en su baúl, entre sus papeles, pero no lo encontró.

Ese baúl lo heredó su encantadora sobrina Catherine Conduitt y a través de la descendencia, el baúl terminó en manos del vizconde de Lymington. Casi nadie había visto nunca los documentos que contenía el baúl, y una leyenda cuenta que una vez un obispo, picado por la curiosidad, examinó el contenido del baúl y lo cerró inmediatamente horrorizado. Durante mucho tiempo el contenido del baúl siguió siendo un misterio y su contenido calificado como no apto para la difusión.

El vizconde de Lymington, acuciado por algunos problemas financieros, un divorcio y algunos problemas de impuestos, decide poner a la venta el conjunto de documentos de Newton que su familia poseía desde hacía más de doscientos años.

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Quién soy…

Hace unos días me escribió un chico algo perdido, en relación con un artículo que publiqué hace unos años. El tema era la sobredotación intelectual, pero eso no es lo importante.

Se trataba de una persona joven, veintitantos, de otro país de habla hispana, ingeniero, con algún blog abierto… y que no sabía quién era. Se buscaba a sí mismo entre las páginas de internet, intentando encontrar información que le diese una respuesta sobre sí mismo.

Sus síntomas, para buscar nombre a su problema y así poder solucionarlo, eran los siguientes:

– Siento que el mundo es cuadrado y yo soy redondo.

– Me intereso por temas de índole trascendental.

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La cigarra y la hormiga

Esta fábula de Samaniego ha sido reinterpretada de otra manera. Se considera a la hormiga como una criatura gregaria, aburrida y desindividualizada. Un ser demasiado previsible y que sólo vive para trabajar. Sin embargo, nada mejor que la alegre y dionisíaca cigarra, que disfruta el momento y vive al día. Es vividora, holgazana y ociosa.

Actualmente nada se planea a largo plazo. Solo se buscan soluciones en el aquí y ahora, sin importar las consecuencias futuras. Solo algunos idealistas piensan en el futuro, y sueñan dejar la Tierra a las generaciones futuras mejor que como se la encontraron.

En el aspecto económico, se han juntado los peores aspectos de la cigarra y de la hormiga. Por una parte, la falta de previsión de la cigarra, de conciencia del impacto de nuestras acciones en los demás y a lo largo del tiempo. Por otra parte, el exceso de ambición y el acaparamiento desmesurado de la hormiga. No es que la hormiga sea por naturaleza ambiciosa y acaparadora, pero su traducción a términos humanos nos da esa sensación.

En los últimos años hemos vivido una época de expansión y crecimiento en España, en donde mucha gente se ha enriquecido y ha acaparado riqueza de forma desmedida. La ambición ha provocado un interés desorbitado por obtener más y más dinero. Inmobiliarias, constructoras o bancos son un ejemplo de ese enriquecimiento rápido, y de querer vender todo por más de lo que vale y por mucho más de lo que se compró (y aún no se llegó siquiera a pagar). En esta sociedad del “pelotazo” (como se llama en España al enriquecimiento rápido) los ídolos son los promotores inmobiliarios, los que venden su vida privada en la televisión o los deportistas que en una cortísima carrera profesional ganan lo que cien de nosotros durante toda nuestra vida.

Ahora, cuando hemos descubierto la locura de todos estos excesos, cuando hemos visto que las cosas valen mucho menos de lo que nos cuestan, es cuando el problema ya nos afecta a todos y los Gobiernos tienen que poner remedio y el dinero de todos para intentar evitar una situación peor.

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El sentido de la vida

Nos desayunamos frecuentemente con una matanza realizada por un menor de edad. Es algo ya casi habitual. Lo que aún resulta más incomprensible es que suele producirse en países del primer mundo, países considerados como cultos, felices y “de progreso».

Me resultó muy clarificadora la explicación ¿? que dio el autor de una matanza reciente en Alemania, anunciada en internet previamente. Dijo lo siguiente, entre otras cosas:

“Odio la vida”.

Me hizo pensar qué clase de mundo hemos construido en el que un joven puede llegar a albergar dicho sentimiento. Odiar la vida… Odiar la vida…

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