Aprovecha tu tiempo

Martes, 16 de abril de 2013 por Otros

APROVECHA TU TIEMPO

Publicado el 19 de octubre de 2011 en

 http://www.filosofiaparalavida.org/2011_10_aprovecha-tu-tiempo.html

 por Enrique Fernández

 “Time is money” (Benjamin Franklin)

 El correcto manejo del tiempo está íntimamente relacionado con nuestra salud financiera. A primera vista podría parecer que el tiempo y el dinero no guardan relación. Pero si profundizas un poco, su relación se hace evidente.

 Piénsalo un poco.

 Cada persona es bendecida con la misma cantidad de tiempo –168 horas por semana–. Bill Gates tiene 168 horas por semana. Yo tengo 168 horas por semana. Tú tienes 168 horas por semana. Cada uno de nosotros duerme durante algunas de esas horas, dejándonos quizás con 120 horas despiertos durante cualquier semana.

 De esas 120 horas en que estamos despiertos, muchos de nosotros vendemos la mayoría de esas horas a alguien más a cambio de dinero. Vamos al trabajo, trabajamos un rato, vamos a casa, y, a menudo, algo del trabajo viene a casa con nosotros. Agrega a esto las horas que quemamos pensando acerca del trabajo y el tiempo de que disponemos para nosotros mismos disminuye aún más.

 (…)

 Otra táctica importante es encontrar formas de gastar tu tiempo libre que te ayuden de forma simultánea a crecer como ser humano y a proporcionarte alegrías. Leer literatura que expanda tu mente es un buen ejemplo. Ir a trotar es otro ejemplo. Casi cualquier actividad social cae en este grupo; también aprender cómo interactuar con más gente es invaluable. Este tipo de actividades repercuten positivamente en el resto de tu día, ellas aumentan tu energía en el trabajo, mejoran tu agudeza mental y elevan el nivel de tu habilidad para interactuar con otras personas y relacionarte. Colocar un poco de esfuerzo para encontrar formas agradables de gastar tu tiempo libre de modo que también te ayuden a crecer como ser humano te recompensa una y otra vez.

 Artículo original: “Stop waisting time”, por Trent Hamm. Traducción: Enrique Fernández

 

Lo esencial es invisible a los ojos

Lunes, 1 de abril de 2013 por Melinda

LO ESENCIAL ES INVISIBLE

 

Qué razón tenía el principito de Saint-Exupery, aquel principito que nunca olvidaba una pregunta hasta haber obtenido una respuesta. Verdaderamente, era un filósofo.

Su sencillez le permitía observar el mundo con una mirada limpia y humana en el más alto sentido de la palabra. Hacía preguntas al aviador que lo encontró con la desenvoltura con que solo un niño puede plantear las cosas: “¿esto qué es?”, “¿por qué haces esto?”, “¿para qué?”.

Fue así como llegó a la conclusión de que los adultos eran un poco raros: encontró a uno que le explicó que se dedicaba a contar estrellas del firmamento para tomar posesión de ellas y que no fueran de ningún otro. Era un hombre de negocios y no estaba para perder tiempo (vamos, lo mismo que hacen algunos jugando con los números de las cuentas bancarias: un botón aquí, el minuto exacto para invertir allá, lo vendo multiplicado por dos siete segundos después y ya tengo más que tú).

También se topó en su viaje interplanetario con un borracho, que explicó al principito que bebía para mantener su estado de embriaguez, aunque confesaba no recordar para que quería estar borracho (síntoma de que el despiste vital no es exclusivo de nuestro tiempo, ni de nuestro planeta al parecer).

Del rey aprendió el principito que si quieres que te obedezcan de buen grado, debes ordenar lo que corresponde en el momento justo. Era mucho más práctico ordenar al Sol que saliera a la hora del amanecer que desesperarse o enfadarse si no aparecía a cualquier otra hora (podríamos preguntarnos por comparación cuántas veces nos desesperamos por cosas que no dependen de nosotros. O peor, cuántas veces preferimos no tomar decisiones en lo que sí nos incumbe).

Pero de quien más aprendió el principito fue del zorro, que le enseñó que crear lazos con otro ser (de amor, de amistad, de veneración) era lo que le convertía en único entre todos los demás. Le pidió que le domesticara, para ser un zorro especial a los ojos del pequeño príncipe y que el principito fuera único a sus ojos. Y en su amistad, le reveló su secreto: lo esencial es invisible a los ojos.

De este modo, el principito, que procedía de un pequeño asteroide perdido en la inmensidad del espacio, se dio cuenta de que él también estaba domesticado por su pequeña rosa, a la que había tenido que abandonar cuando partió. Supo en su añoranza que hubiera sido mejor juzgarla por sus actos y no por sus palabras porque ahora echaba en falta el color y el perfume que la rosa le ofrecía generosamente aunque a veces pareciera un poco vanidosa.

Y así, el principito, en un mundo donde algunos enumeraban sus posesiones para sentirse poderosos y otros intentaban ahogar en alcohol sus incertidumbres, él había comprendido uno de los misterios más profundos de la vida: lo esencial es invisible a los ojos. Y lo esencial es observar la vida con los ojos descontaminados de un niño y buscar respuestas a las preguntas simples y profundas, creando lazos de amor con los demás seres, sean aviadores, rosas o zorros.

Transmitir el conocimiento

Domingo, 17 de marzo de 2013 por M.Dolores

TRANSMISION DEL CONOCIMIENTO

Se suele recurrir a la imagen de la Sociedad del Conocimiento para definir la tendencia de los países desarrollados. Más allá de las escenas que nos ofrecen diariamente los medios de comunicación y de la posible distorsión de la realidad que puedan proporcionarnos, es cierto que la sofisticada especialización que han alcanzado las diferentes ramas del saber produce una ingente cantidad de hallazgos.

Hallazgos que, si fuesen convenientemente divulgados, mejorarían sin duda las condiciones de vida de millones de personas y en algunos casos ayudarían a explicar fenómenos que parecerían sujetos al ámbito de lo enigmático. Sin embargo, tales resultados apenas si rebasan los límites de las publicaciones especializadas y solo alcanzan a las comunidades de intereses de los científicos y en el mejor de los casos, de quienes financian las investigaciones. Y frente a ese aislamiento, aumentan cada vez más las supersticiones y prosperan adivinos, echadores de cartas y mancias de pacotilla, que tanto desprestigian la búsqueda del conocimiento tras las apariencias y las preguntas audaces.

Se hace necesario cubrir ese abismo que parece infranqueable entre el saber y sus destinatarios, que son los seres humanos, mediante una labor paciente y meticulosa de divulgación y de transmisión. Es indispensable ese esfuerzo, si no queremos que la ignorancia acabe por embrutecernos, si queremos que la edad media que tanto se detecta en síntomas sociales, no vuelva a sumirnos en la oscuridad de los miedos y el analfabetismo.

No cabe duda de que Internet está cumpliendo ese deber divulgador, dando facilidades a los investigadores y nuestro boletín pretende aportar su granito de arena difundiendo las noticias que nos resultan interesantes para mejor interpretar el mundo y la vida. Nuestra asociación viene trabajando en ese sentido en todo el mundo desde hace casi medio siglo: que la filosofía como amor al conocimiento llegue a todos, que todos podamos llegar a ser filósofos.

Qué hace felices a los humanos

Viernes, 22 de febrero de 2013 por Rafa

QUE HACE FELICES A LOS HUMANOS

 

El proyecto, ahora conocido como The Grant Study, nació con la ayuda financiera de William T. Grant, dueño de los almacenes de todo a 25 centavos. El proyecto tenía por objetivo responder a la pregunta ¿qué hace felices a los humanos? Las investigaciones comenzaron a finales de la década de 1930, en la Universidad de Harvard. De entre los candidatos, dos fueron rechazados por problemas de salud, según dijeron: Norman Mailer, que llegó a ser un escritor de novelas de éxito, y Leonard Bernstein, que se convirtió en uno de los mejores directores de orquesta del mundo. El resto, un grupo de 268 jóvenes, entre los que se encontraban John F. Kennedy, Norman Mailer y Ben Bradlee.

Todos eran jóvenes, inteligentes, guapos, de familia con dinero y una buena educación; lo tenían todo para ser felices…pero ¿lo fueron? Y si de verdad consiguieron la felicidad, ¿qué contribuyó a su felicidad? Responder a estas preguntas fue el objetivo de The Grant Study.

Para conocer los resultados, tuvimos que esperar 72 años, el estudio más largo en ciencia social. Durante los primeros 20 años, la fundación de William T. Grant continuó con su contribución financiera. No sabemos el motivo de tan larga contribución; quizás la respuesta que esperaba encontrar Mr. Grant era que lo que hace felices a los humanos es comprar en almacenes de todo a 25 centavos.

De entre los 268 jóvenes, ahora conocidos como “Los Chicos Grant”, hubo muchas historias de éxitos. Cuatro de ellos llegaron al Senado de los Estados Unidos, uno a gobernador, Ben Bradlee a editor de The Washington Post, y uno, John F. Kennedy, a presidente. Aunque el estudio sobre Kennedy estará clasificado como secreto hasta el año 2040.

También hubo algunos fracasos: el número 47 murió completamente borracho. Sin embargo, el trabajo no consistía en averiguar las claves del éxito, sino las claves de la felicidad. El método de trabajo empleado fue hacer preguntas clave a través de cuestionarios y de entrevistas. “Los entrevistaba –según cuenta Vaillant en su libro Triumphs of Experience–; algunos venían a verme, pero a la mayoría los visitaba yo. Fui a Hawai, Canadá, Londres, Nueva Zelanda… Las preguntas incluían casi todos los aspectos de la vida: matrimonios, divorcios, salud, alcohol, deportes, negocios, religión, hijos… y se descubrieron cosas muy interesantes. La conclusión final del trabajo se publicó en la revista The Atlantic en junio de 2009.

Uno esperaría que después de tan largo y profundo estudio la respuesta fuera también larga; pero no fue así. Porque el resultado final mostraba que para ser feliz hacen falta 7 ingredientes:

1. Capacidad de adaptación a las circunstancias de la vida.

2. Un buen nivel educativo.

3. Una buena relación de pareja.

4. No fumar.

5. No abusar del alcohol.

6. Hacer algo de ejercicio.

7. No tener sobrepeso.

El filosofo Séneca, que no estudió en Harvard ni pudo contar con la ayuda financiera de William T. Grant (en esa época no había almacenes de todo a 25 centavos), ni tampoco estudió a los demás sino a sí mismo, escribió: “La felicidad de la vida consiste en un alma libre, elevada, intrépida, constante e inaccesible al miedo y a la codicia, para quien el único bien es la virtud, el único mal la vileza y lo demás un montón de cosas sin valor, que no quitan ni añaden nada a la felicidad de la vida…”

Y mientras la felicidad llega, me conformaré, como decía Marilyn Monroe, con ser muy alegre.

Platón todavía funciona…

Viernes, 15 de febrero de 2013 por Melinda

PLATON FUNCIONA–Sí, se están muriendo de hambre pero no lo saben y tampoco quieren oírlo.

–No lo entiendo. ¿Por qué siguen aguantándolo?

–Echa un vistazo aquí debajo –le dijo Willie levantando una de las puntas del mantel para mostrarle todos los tobillos atados con cadenas a lo largo de la mesa.

Parecía algo increíble. –¿Están encadenados a la mesa? Entonces, ¿por qué parecen tan felices?

–No ven ni las cadenas ni las llaves que pueden liberarlos. Además, están convencidos de que les están sirviendo unas comidas muy sabrosas como recompensa por los magníficos servicios prestados a la comunidad de duendes (Marcia Grad, La princesa que creía en los cuentos de hadas, Ed. Obelisco, 1998).

He aquí una versión moderna del mito de la caverna de Platón, aquel en el que unos hombres encadenados de nacimiento frente a una pared contemplan el desfile de sombras proyectadas, que toman por realidad al no conocer otra cosa.

La vida pasa por delante de nosotros y nos entretiene con sus constantes juegos de luces y sombras, que se proyectan frente a nosotros. A veces, la acción es tan trepidante que parece que no nos queda tiempo para otra cosa que atender a los continuos ires y venires de las formas cambiantes siempre en movimiento (novedades en el trabajo, el último escándalo político, la reciente cuestión familiar). Se nos olvida que podríamos intervenir más en el guión en lugar de quedarnos mirando solamente.

Hay momentos en los que una engorrosa pregunta sobre el argumento de la proyección nos aguijonea: ¿por qué?, ¿para qué? Rápidamente, una nueva forma en las sombras de la pared capta nuestro interés hasta el próximo momento de inquietud, en que retumba la incontestada pregunta: ¿qué es la vida?, ¿qué vine a hacer yo aquí?

Los encadenados de nuestro cuento, al igual que los de Platón, no ven las cadenas que los atan, y también en ambos casos están ciegos a las llaves que tienen a su alcance para deshacerse de sus ataduras. Y aquí lo que importa son las llaves.

Platón sabía muy bien dónde buscar las respuestas. Tanto lo sabía que nos legó un sistema para preguntarnos por cuestiones fundamentales y poder encontrar la tranquilidad de ánimo que da el descubrir las propias respuestas. Si sería sabio Platón, que todavía hoy, cerca de 2500 años después, podemos utilizar su método, tan extensa y continuamente practicado en sus diálogos, y descubrir su utilidad.

La llave está en la filosofía. No solo libera de cadenas, sino que abre puertas a mundos de luces insospechadas que pueden teñir de un color diferente nuestras vidas. Un color más limpio, más noble, más sano, más profundo. El color que da el saber qué sentido tiene nuestra vida.

Se necesitan héroes

Viernes, 8 de febrero de 2013 por Otros

HEROE

Publicado el 1 de marzo de 2012 en

http://www.filosofiaparalavida.org/2012_03_se-necesitan-heroes.html

por Iván Eskildsen

“No existe hombre tan cobarde como para que el amor no pueda hacerlo valiente y transformarlo en héroe” (Platón).

Nos hacemos eco de esta frase de Platón para exhortar a cultivar al héroe dentro de todos nosotros.

La palabra “héroe” viene del griego “Eros” o amor, y aquellas personas que recibían el título de héroes (entre los más conocidos, Hércules, Aquiles y Odiseo) eran los que lograban desarrollar amor en su corazón.

En las historias de héroes se les ve enfrentar terribles dificultades y, gracias a su grandeza de corazón, cómo lograron dedicar el esfuerzo necesario para vencer sus pruebas.

Es cierto que hoy no nos tocará luchar en Troya o luchar contra monstruos mitológicos, pero nuestro mundo sí está infestado de otro tipo de monstruos: materialismo, corrupción, egoísmo, indiferencia y muchos más.

¿Qué significa ser un héroe en nuestros días?

Héroe es aquel que cuando observa que el mundo está cada vez más difícil y cada vez más sucio, decide trabajar en él y ayudarlo: hace el trabajo sucio que nadie quiere hacer.

Héroe es el valiente que nunca huye de una situación difícil, ni espera que otro la resuelva, sino que la enfrenta y dice: “Esta es una prueba que puedo superar”.

El héroe no se queja cuando observa que cuenta con poca o ninguna ayuda; él sabe que su mejor arma es el coraje, el tener un gran corazón para enfrentar todas las dificultades.

Seguro que un héroe tendrá algunas derrotas; lo más probable es que caiga muchas veces, pero cada vez que se levanta se torna más fuerte.

Aunque tenga que sacrificarse, un héroe no sufre por su sacrificio… en su mente no cabría otra forma de ser.

Un verdadero héroe se esfuerza a diario por ponerse al servicio de la humanidad.

Quien reúne esa grandeza de corazón y además la pone al servicio de un ideal, de un bien mayor, descubre que puede lograr actos extraordinarios.

El mundo necesita héroes.

¡Tú puedes ser uno de ellos!

Pasado y presente

Viernes, 1 de febrero de 2013 por M.Dolores

PASADO Y PRESENTE

Ahora que comienza el año, volvemos a recordar al Jano, el antiguo dios romano, que preside el inicio de un nuevo ciclo. Se le representaba con dos rostros: uno miraba hacia atrás, el pasado, y el otro hacia delante, al futuro. Era el dios de las puertas, pues cuidaba el tránsito a través de los umbrales, lo cual nos recuerda esa puerta del nuevo tiempo que se abre ante nosotros

En este gozne, es de rigor hacer balance de las experiencias que hemos dejado atrás en el año que acaba de terminar, valorar nuestro aprendizaje, lo que nos hizo sufrir, lo que motivó nuestros mayores esfuerzos, las pequeñas victorias logradas sobre nosotros mismos, los proyectos que se culminaron, los que quedaron por hacer, sin olvidar los fracasos que en tantas ocasiones nos abatieron. Y a la vez, es el momento de mirar hacia el futuro que se abre ante nosotros, con todas sus páginas en blanco, esperando nuestras acciones, de hacer acopio de energías renovadas para plasmar los sueños que tantas veces dejamos volar en el territorio de la fantasía sin dirección.

Jano expresa esa dualidad que vive en nosotros, que no siempre enfocamos con la suficiente dosis de armonía, pues a menudo nos vemos ante nuevas etapas de nuestra vida con la melancolía que nos produce tener que dejar atrás lo vivido y el temor de tener que enfrentarnos a lo desconocido y temido a la vez.

Como intuyendo esa dualidad, los medios de comunicación nos ofrecen resúmenes anuales, que activan la memoria colectiva, tan atrapada en el presente y también los deseos y los proyectos que esperan a que la voluntad se exprese y deje sus huellas.

Hay mucho trabajo por hacer, es una de las conclusiones que se desprenden de estas reflexiones, inspiradas por Jano. No hay tiempo que perder, si es que queremos cerrar el año que ahora se inicia con la tranquilizadora sensación de haber cumplido con el deber, que es una de las más gratificantes y recomendables que un filósofo puede experimentar.

La vida también palpita en la sombra

Viernes, 11 de enero de 2013 por Melinda

higuera

¿Qué tienen en común el estrangulador de Boston y la higuera estranguladora? El apellido, evidentemente, pero también su forma de actuar. Por supuesto, la higuera con más estilo, ya que actúa delante de nuestros ojos y no nos damos cuenta. Y, además, no deja huellas. Hay plantas que tienen costumbres tan poco recomendables como las de los humanos.

En los bosques tropicales, los árboles tienen hojas todo el año y la competencia por la luz hace que se forme un tupido techo vegetal en la cima, que apenas deja pasar la claridad hasta el suelo. Quien quiera luz ha de ir a buscarla. Aunque las posibilidades de una higuera parezcan escasas, la muy cuca puede llegar arriba como semilla a través de un ave que la haya ingerido y la deposite en un punto favorable de un tronco en el que se haya acumulado suficiente materia orgánica.

En ese caso, puede germinar y comenzar a crecer muy lentamente. Poco a poco, desarrolla un grupo de raíces que van abrazando a su anfitrión, y otro grupo de raíces, aparentemente inofensivas, que van descolgándose sigilosamente y sin prisa en el aire hasta que, con el tiempo, llegan al suelo. Entonces la planta, ya bien alimentada, acelera su desarrollo, y las raíces que envuelven el tronco principal engordan y forman un enrejado. La suerte de su casero está echada.

Pasan los años y las raíces que abrazan todo el tronco engordan más y más, asfixiando a su víctima y robándole todo el alimento. Finalmente, el árbol anfitrión muere y su tronco se pudre y desaparece, pero la higuera no se cae. Sus raíces ya han formado un cilindro hueco donde antes hubo un tronco vivo, capaz de mantenerse en pie por sí mismo. Como en las buenas historias de crímenes, el asesino se ha deshecho de su víctima sin dejar rastro.

¿No ha sucedido porque no lo hemos visto? ¿Es que no es verdad simplemente porque no nos hemos dado cuenta de la situación? El hecho es que la vida sigue desarrollándose como tiene por costumbre aunque no estemos atendiendo. Como dijo Galileo para contentar a sus acusadores: “Vale, de acuerdo, la Tierra no se mueve”. Y la Tierra siguió moviéndose.

Moraleja: mejor prestar atención y ver qué sucede, que cerrar los ojos y no entender cómo y por qué sucede. Tan natural como la vida misma.

Divide y vencerás tus problemas

Viernes, 21 de diciembre de 2012 por Otros

DIVIDE Y VENCERAS

Publicado el 26 de julio de 2012 en

http://www.filosofiaparalavida.org/2012_07_divide-y-venceras-tus-problemas.html

por Carlos Chiari

Un capitán debe, entre todas sus acciones, procurar con todas sus artes dividir las fuerzas del enemigo, ya sea haciéndole sospechar de los hombres en quien él confía o dándole motivos para que separe sus fuerzas, y, debido a esto, se debilite” (El arte de la guerra, N. Maquiavelo).

La vida a todos nos coloca dificultades. Algunas dificultades tienen solución, y entonces se llaman “problemas”. Otras dificultades no tienen solución, y entonces se llaman “dilemas”. Como me dijo un Maestro, los problemas se solucionan; y los dilemas hay que aprender a vivir con ellos.

Si tenemos dificultades, lo primero que debemos discernir es si estamos frente a un dilema –sin solución–, o si estamos frente a un problema –con solución–.

Si después de haberlo reflexionado estamos seguros de que nos enfrentamos a un verdadero problema, con solución, la mitad del camino se ha recorrido. Ahora falta recorrer la otra mitad… la de solucionar el problema.

 “Divide y vencerás”

He visto que cuando tenemos que enfrentar un problema grande a veces la mejor estrategia que podemos usar para resolverlo es la que los historiadores y estrategas han llamado “Divide et Imperas”, “divide y vencerás”.

El concepto es sencillo y lo podemos apreciar con un ejemplo práctico: si tomamos un mazo bien unido de fósforos de madera, o de lápices, y les aplicamos presión por el centro, difícilmente se quebrará. Sin embargo, si los tomamos uno por uno, e intentamos quebrarlos por separado, probablemente lo lograremos.

Del mismo modo los problemas: si son muchos, es mejor resolverlos uno a uno. Y si es uno muy grande, es mejor atacarlo con estrategia.

Pasos para vencer

La clave para aplicar la estrategia de “Divide y vencerás” consiste en saber dividir el problema en pequeños problemas, y vencerlos uno a uno:

1. Identificar las raíces del problema: ¿cuáles son todas las causas del problema que tengo que solucionar? Puede haber causas externas –ejemplo: falta de medios– y causas dentro de uno mismo –ejemplo: falta de confianza en uno mismo o de motivación–. Aquí lo importante es tratar de identificarlas todas.

2. Diseñar un plan “estratégico” con muchas alternativas: una vez hemos identificado las raíces del problema, hay que diseñar un plan para resolver cada una de las causas del mismo. “¿Qué hay que resolver primero? ¿Qué podemos resolver después?”. Aquí ayuda muchísimo tener creatividad y diseñar un “plan A”, “plan B”, etc., y así sucesivamente hasta tener un “plan Z” para solucionar cada una de las causas del problema. Algunos de estos planes serán más fáciles de llevar a la práctica que otros.

3. Lanzarse a la acción: con mucha confianza en sí mismos, inteligencia y fe en los resultados que queremos alcanzar. Durante esta acción debemos estar muy atentos a los indicios de si nos irá bien o mal, para cambiar a tiempo de plan si vemos que hará falta.

Por último, creo que es importante aprender la lección. Como bien señalan los historiadores, un hombre que olvida su historia está condenado a repetirla.

Al superar nuestros problemas es bueno dedicar un tiempo a reflexionar sobre lo aprendido; a tomar conciencia de que si nos lo proponemos somos capaces de superar obstáculos; a extraer una enseñanza, una moraleja, que nos sirva para crecer como seres humanos, para crecer por dentro.

Lo que aporta la filosofía

Miércoles, 12 de diciembre de 2012 por M.Dolores

LO QUE APORTA LA FILOSOFIA

Se está celebrando en todas las sedes de la Asociación Nueva Acrópolis un ciclo de actividades en torno a las aportaciones de la filosofía, con la clara intención de hacernos reflexionar sobre las posibilidades de aplicación práctica que tiene una disciplina a la que hemos cargado de un significado teorético, alejado de la realidad y de los problemas que debemos resolver, empujados por la necesidad.

Lo curioso es que, apenas nos introducimos en el amplio territorio de la tarea filosófica, comprobamos que en realidad prácticamente todos los que cultivaron el arte de pensar lo hicieron impulsados por un serio compromiso de mejorar el mundo y aportar nuevas visiones y perspectivas para su tiempo. También es cierto que la mayoría tuvieron que pagar un alto precio por ello, lo cual hace más grande y admirable su ejemplo y nos invita a la valentía de remontar la corriente que nos arrastra hacia la masificación y la abulia. Amar la sabiduría es una tarea peligrosa, pero bella noble, y nos lleva a la libertad y a la plenitud.

Parece como si un oscuro velo de inutilidad hubiese ido cubriendo la imagen de la filosofía, quizá para hacerla menos atractiva, impidiendo así que los buscadores se hiciesen preguntas inquietantes y descubriesen las manipulaciones y los engaños de quienes se benefician con la ignorancia.

Sí, son muy variadas y ricas las aportaciones que hace la filosofía a la vida de los seres humanos: la hace más completa y más digna, ensancha el horizonte, permite imaginar nuevas salidas para las encrucijadas, nos eleva por encima de la estrechez de los egoísmos y las mezquindades. El mundo sería mucho mejor si fuesen más numerosos los cultivadores de ese arte de pensar que nos lleva al arte de vivir y marca con su sello a quienes llamamos sabios. Lo sugirió Platón en su día: la justicia reinaría en la ciudad si los filósofos gobernasen o si los gobernantes se entregasen a la filosofía.

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